martes, 24 de abril de 2012

VIRUS



Cuerpo y ánimo

Complacencia o ruptura
Año 1980. La dictadura militar estaba en el poder. La cultura (para no hablar de la política) estaba fuertemente reprimida. Charly García aparecía en el inconsciente colectivo de la época como el artista ejemplar de la resistencia, el que buscaba eludir la censura a fuerza de metáforas. Paralelamente, revistas como Expreso Imaginario repudiaban el arte “complaciente”, lanzaban tomates en sus tapas contra películas como Fiebre de sábado por la noche. Veían en ese gesto un rechazo a la construcción del joven “no politizado”, hasta “hueco”, funcional a la dictadura. Si había baile, peor. Para la prensa rockera de ese momento, está claro, mientras más se movía el cuerpo, menos se ejercitaba el cerebro.
En ese contexto aparece Virus, la banda platense liderada por Federico Moura que tenía todos los números comprados para ser atacada. “Wadu Wadu”. ¿Qué era eso? “Este sábado a la noche te paso a buscar/ a bailar el Wadu Wadu que te va a gustar/ te prometo invitarte muchas veces más/ todo el tiempo Wadu Wadu para re-relajar”. Una letra “para la gilada”, creían. Demasiada alegría en tiempos donde cualquier artista prestigioso la pasaba mal. Cayó pésimo, por supuesto. Ningún rockero de pelo largo y barba crecida se puso a escuchar Virus.
Sin embargo, visto desde hoy, Virus es reconocido como algo más complejo. No sólo por mí en este artículo (aquí no voy a decir nada que no se haya dicho), sino también por el periodismo mainstream actual. En el plano musical, la banda introdujo la new wave al rock nacional (luego el synth pop) mientras grababa en las mentes de los jóvenes estribillos muy pegadizos. En el plano de las letras, combinó las tal vez simplistas celebraciones del baile con las audaces letras (sexuales muchas) de Roberto Jacoby, sociólogo y artista del Instituto Di Tella. En resumen, se trató de una banda que fusionó a la perfección pop con vanguardia. Todo eso sin hablar de la insólita personalidad del frontman Federico Moura.

El gran provocador
            Moura sobre el escenario era una especie de David Bowie argentino. Un Bowie versión 80s, el de “Modern Love” y “Let’s Dance”. Podemos sumarlo también a Freddie Mercury, tal vez porque Queen y Virus compartían algo de público. Y además, podríamos agregar al cóctel, a Manuel Puig, el escritor, para meterle una pata argentina al asunto.
            Lo importante es señalar que la homosexualidad en Moura era determinante en su arte. En el sentido más audaz e innovador del término. Su forma de cantar, su manera de moverse en el escenario. El líder de Virus era un gran provocador.
Es interesante ver cómo esa liberación del cuerpo, mediante el disfrute de las zonas erógenas prohibidas culturalmente al hombre (allí está la tapa de Superficies de placer para dejarlo en claro) y mediante la reivindicación del movimiento desinhibido (el baile), era rechazada tanto por la Dictadura como por los rockeros de la época.
            Moura fue así el intérprete inmejorable (tal vez al revés) de las letras eróticas de Roberto Jacoby. Es claro que la combinación imagen+voz+literatura dotó a la banda de un poder innovador fundamental. Mientras las letras posicionaban muchas veces al protagonista de los relatos como objeto de deseo, Moura seducía desde el micrófono, con los susurros característicos de su forma de cantar. Sacudir, aunque sea por una milésima de segundo, la sexualidad de sus oyentes es un mérito rupturista en cualquier artista que se precie como tal.

Los 80 en tu cabeza
            Virus comienza su carrera a finales de los años 70. La música con prestigio en la época era el jazz-rock. Aquí Spinetta con Alma de diamante y Charly con el bajo a la Jaco Pastorius de Serú Girán eran la forma de bajar a la Argentina las influencias de Mahavishnu Orchestra y Weather Report. Pero también existían numerosas personas que extrañaban a los grupos con la guitarrita folk (Sui Generis, Vivencia).
            El new wave, muy exitoso en el primer mundo con bandas como Blondie o Talking Heads, todavía no había llegado al país. Ni GIT, ni Los Abuelos de la Nada existían. Ni siquiera Gustavo Santaolalla había editado su disco de 1982.
Virus practicó el género en soledad y luego influyó sobre Soda Stereo (Moura fue productor del primer LP de la banda de Cerati). Para no exagerar, hay que enumerar dos bemoles: 1) Miguel Cantilo al volver de Europa en 1980 también transitó el género con su banda Punch. 2) Virus combinó el new wave con el rock bailable de los 50, algo que las bandas europeas y norteamericanas no hicieron. De cualquier manera, en resumen, con la introducción de la new wave en el país la banda de los Moura hizo algo extraño para un rock atrasado. Algo innovador.
            Mejor todavía fue que no se dejó estar. A partir de 1984, el grupo abandona ese estilo y se dedica al synth-pop, o mejor dicho al pop con uso de sintetizadores. De nuevo, el tipo de música era visto como algo complaciente por mucho público rock (los éxitos del momento utilizaban el mismo estilo, ver Tears for Tears o A-Ha). A esa interpretación ayudan los hits “El probador” o “Amor descartable”.
Sin embargo, con ese cambio hacia la electrónica Virus logra una nueva forma. En tándem con la voz desgarrada de Federico Moura, la música synth lenta transmite una tristeza sexual inédita en el mundo de la música. Oír la canción “Tomo lo que encuentro” y no dejarse atrapar por la desolación del combo resultante es no tener sensibilidad. En sus mejores momentos de los años 80, Virus utilizó las armas del pop para transmitirnos la música más triste jamás hecha.

Rock de letra y música
            Si ya dijimos que había vanguardia en la performance vocal y corporal de Federico Moura y si ya dijimos también que la había en los estilos que tocaban los instrumentistas, falta consignar la potencia de las letras, la potencia  del contenido literario del grupo.
            Para esta asignatura Virus utilizó a Roberto Jacoby, un artista del Instituto Di Tella que había estudiado Sociología. La acción de delegar la escritura de las letras fue (y es) algo insólito en el rock argentino y demuestra una cosa que es obvia: un tipo que dedica tardes y tardes a sacar acordes en guitarra y se hace músico no tiene por qué tener inquietudes literarias y talento para escribir poesía. De hecho, aporto mi caso personal: la mayor parte de los buenos guitarristas que conozco no podrían escribir una página coherente. Es obvio que hay excepciones (Charly, Spinetta, Solari), pero la norma es que quien se destaca en música no tiene por qué destacarse en letras.
            Los Moura lo advirtieron y recurrieron a Jacoby. Les funcionó muy bien porque el artista plástico pudo ver al rock nacional desde afuera como ningún fan de los recitales de la época podría haberlo hecho. Ver en Disco X Disco el comentario del LP Recrudece. Además, se puede decir que la búsqueda de la vanguardia siempre es más explícita en el terreno de las artes visuales, terreno en donde (casi) no existe la industria cultural. Nuevamente decimos, del choque entre la vanguardia y los estribillos pop, surge la riqueza de la banda.
            Vamos a enumerar algunos méritos de las letras de Jacoby (y de Virus en general): 1) el erotismo explícito, saca al grupo de lo romántico para meterlo en el terreno de lo prohibido. 2) algo que podemos llamar aclaración omnisciente: en la canción “Desesperado Secuencia Uno”, el cantante dice “estoy que no doy más” y un coro nos cuenta “no va más”. Se repite en algún otro tema. 3) las entrevistas parodiadas con actuación. Por ejemplo, en “Reportaje sincero y anticonvencional”, donde hay una transposición de un género periodístico a la musica burlona. Este recurso también se repite en otras canciones.

Cuerpo y ánimo
            Antes de preparar este artículo, más del 80% de los hits de Virus no me gustaban y quizás hoy sigan sin gustarme. Pero en estos días descubrí que debajo de la superficie, en el interior profundo de sus mejores LPs, hay (entre muchas otras cosas que ya fueron descriptas) algo único en el rock nacional y pocas veces visto en la escena extranjera: la comunicación lírico-musical de la extraña relación que todo el tiempo tiene el ser humano entre placer/displacer corporal y estado anímico.
            Dejo a los lectores con esa conclusión y les presento el Disco X Disco donde también incluí los dos álbumes posteriores a la muerte de Federico Moura. ¡Hasta la próxima!

DISCO X DISCO VIRUS


Wadu Wadu (1981) – ***
            Quince canciones en cuarenta minutos hay en este LP (en promedio cada tema dura 2:66). Sólo algunos años antes el rock nacional te hacía tracks de hasta un cuarto de hora. Wadu Wadu toma la temporalidad del punk, aunque más bien transita un estilo new wave divertido que a veces incurre en el rock bailable. Pecado total para una época en la que se hacían discos para escuchar en habitaciones solitarias (¡acá en Argentina el rock estaba como loco con Weather Report!).
Además, como si fuera poco, Wadu Wadu le agrega a la escena nacional una voz completamente fuera de lo común, la de Federico Moura, provocadora y desafiante. Cuestionadora de la masculinidad imperante en el rock argentino. Esa voz es uno de los secretos de este disco. A veces es agradablemente exagerada. Escuchar el tema  “Sorprendente”, que inaugura el género de las entrevistas parodiadas con actuación (en el próximo LP habrá otra). Prestar atención al minuto 2:34, como pronuncia Moura “emocionanteeees”. Oír  también la canción “Todo este tiempo perdido”, en el minuto 1:17, en donde dice “incapacidad a ad a ad”. Otra para sorprenderse: “Tontos de lenta evolución”, la parte que dice “ay Nestitorrrrrr”, con la erre bien marcada. De cualquier manera, hay que aclarar, la voz de Moura no sólo sobresalta, sino que también aporta tranquilidad en canciones lentas. Tres de los mejores temas del disco se ven beneficiados claramente por ello: “Caliente café”, “Super color” y en especial “Amor o acuerdo”.
No creo que todo el disco sea bueno. “Hombre plástico” es floja, me parece que no tiene grandes variaciones a lo largo de su metraje (no hay estribillo). “Loco, coco” me abruma con la manía de (casi) todo llevarlo a la “cl”, a la manera de la futura “Bandas chantas arañan la nada” con la “a” o de “Ojo con los Orozco” de León Gieco con la “o”. “A mil”, “Cantante farsante” y “Desconecta” no me terminan de cerrar e impiden que el disco tenga redondez. Pero bueno, son 15 canciones, quizás es mucho pedir que sean todas buenas.
De las diez que quedan (las que están OK) los mejores momentos son los siguientes. Lo que hace la guitarra en el momento que precede al estribillo de “Wadu Wadu”, el tema que da título al disco. La melodía de voz de las estrofas de “El rock es mi forma de ser” (cuando dice “sólo quiero sacudirte/ para que veas las cosas como son”). La tematización del psicoanálisis en “Tontos de lenta evolución”. La referencia a la sociedad de consumo de “Super color” (al estilo del primer LP de Soda Stereo, no casualmente producido por Federico Moura). Son momentos excelentes, metidos en buenas canciones.

Recrudece (1982) – ***1/2
            Este segundo LP de Virus es el menos exitoso de toda la historia de la banda. No tiene hits. En realidad se trata de un disco de canciones que, en su mayoría, tratan un mismo tema: el rock nacional. El grupo comandado por Federico Moura, en Recrudece, realiza una feroz crítica al movimiento, cargada de ironía y humor, motorizada por la exquisita pluma del letrista Roberto Jacoby. Vamos a ilustrar con cuatro ejemplos.
En “Ay que mambo” se puede escuchar: “ahora el rock/ vendió el stock/ nuestra canción/ salió al balcón/ hasta cuando/ será este encanto”. Se deben comprender estas líneas al calor de la época, 1982, momento de la Guerra de Malvinas y del “Festival de la Solidaridad Latinoamericana”. La correspondencia entre letra y música la encontramos en el paralelismo que aporta la voz de Moura al decir “disco music” y “rock nacional” con el mismo tono pop. Algo que en ese momento debe haber irritado a los rockers, siempre convencidos de que su música no era para nada “complaciente” como la otra.
Otra referencia al rock argentino la encontramos en “Reportaje sincero y anticonvencional”, una canción excelente, en donde se parodia una entrevista típica de un rockero. El tema presenta un personaje que afirma: “yo soy un ídolo/ con fama de frívolo/ y un tanto díscolo/ mas no es así, diganlo/ por favor, porque en el fondo/ sólo soy un muchacho sencillo”. Jaja, la típica de Clarín domingos al tipo que se ganó un Grammy. El costado musical lo aporta la voz cada vez más cansada del personaje, que repite de memoria (de “casete” se diría hoy) frases como “me atrapa y no me deja ser feliz/ en mi vida privada”. El tono es parecido a cuando uno estudia para una lección y repasa oraciones enteras. Ya después de decirlas ocho veces pierde la conciencia del significado. En este track, lo mejor es que después de dicha la frase viene un ruido brusco de guitarra y batería que ridiculiza y se despega de lo escuchado. Tiene la misma función que el “chan” del programa Duro de domar que hoy vemos.
El tercer tema al que vamos a referirnos es “Entra en movimiento”. Acá la banda se defiende de las acusaciones que pulularon en el ambiente rock después del primer disco (Wadu Wadu de 1981). Dice un personaje con voz autoritaria: “no te muevas/ no te rías/ la música es cosa seria”. Es interesante ver como, por no tratar temas sociopolíticos y hacer rock “divertido”, el rock argentino los atacó en forma masiva en 1981. Se los acusó de hacerle el juego a la dictadura. Lo interesante de este tema es que Virus y Jacoby dan vuelta la perilla completamente porque logran identificar el espíritu represor con la prohibición de bailar, de mostrar el movimiento del cuerpo. Y ahí se ponen enfrente tanto de los militares como de los rockeros. Parecen decir: lo reprimido no sólo es la paz, la justicia sino también la alegría, la sexualidad. Haber puesto luz sobre la práctica del baile en el rock fue una de las revoluciones más grandes que hizo Virus en el rock nacional. Un verdadero cambio de paradigma.
Por último, haré referencia a “Caricia azul o sino soledad carmesí”. Se escucha en el tema: “había luna en tus ojos… sí sí/ será por los anteojos, ha ha”. Otra frase es: “mi pájaro estaba herido/ no quería volar/ yo creo que era por el frío/ había un viento polar”. La canción se burla fuertemente del uso de metáfora facilista, típico en el rock de los 70, que identificaba, por ejemplo, “libertad” con cualquier animal volador o que utilizaba frases como “el alba es de mermelada”. Con esto Virus la remata, porque desactiva los recursos poéticos previos a su aparición. Hace algo propio de cualquier grupo con pretensiones vanguardistas. Y Virus, aunque el sonido pop con ambiciones masivas parezca desmentirlo, lo era.

Agujero interior (1983) – ***
            Nunca me gustó demasiado este LP. Me parece que lo que aparecía tematizado de manera mucho más rica en los discos anteriores, aquí es simplificado hasta el nivel mínimo para que sea fácilmente comprendido. Casi como en una publicidad. Así es como entiendo al tema “Hay que salir del agujero interior”. Me parece que no es más que una consigna. En Wadu Wadu y Recrudece estaba dicho lo mismo, de manera mucho más elaborada.   
            Opinión similar tengo sobre “El probador”. Me interesaba más “El 146”, incluída en el LP anterior. Aquella gema inauguraba la cosa lenta-triste-sexual que tiene el grupo de los Moura y que los hace únicos. “El probador” es un tema hot,  fashion, pero no erótico ni provocador. Los protagonistas (a los que se hace referencia en tercera persona) son una mujer y un hombre convencionales, y la anécdota es muy mínima. Nada hay de la ambigüedad del personaje de Federico Moura (el que está sentado en el colectivo y sólo ve sexualidad a su alrededor o el que luego viajaría al hotel Savoy en busca de una piel “morena y sensual”). “El probador”, en conclusión, podría ser, hoy, la cortina de un programa de TV de la tarde.
            De cualquier manera, Agujero interior, el LP, no es reprobable. El rockito “Carolina” está bueno. Hay que aclarar que es un cover del artista español Moncho Alpuente. Es muy agradable la parte  musical en que dice “la corte monegasca”. Otro para elogiar es “Buenos Aires smog”, que demuestra que Moura podria haber cantado muy bien en Los Violadores. “¿Qué hago en Manila?”, en tanto, es un buen lento. Tiene un cierto aire musical a vals que le sienta óptimo. En “Autocontrol”, por su parte,  me gusta la voz finita trucada. Por último, “Mundo enano” inaugura los ruiditos tecnológicos, que luego se harán protagonistas de los discos de la banda.

Relax (1984) – ***
            En este trabajo Virus incorpora el sintetizador. Queda un sonido bastante diferente al de los LPs previos de la banda, más enrolados en el new wave y el rock bailable. Puede comprobarse esto simplemente escuchando los primeros segundos del hit “Amor descartable”. También el synth aparece en “Desesperado secuencia uno”, “Juegos incompletos”, “Sentirse bien” y “Completo el stock”. Es una especie de rock electrónico, pariente (hijo o nieto) en algún sentido de Kraftwerk. En este blog,  anteriormente, elogiamos el disco Orquesta(1985) de Carlos Cutaia, así que también alabaremos éste. Innovadores ambos.
            Ahora bien, el costado malo de Relax son las letras. Este es el único disco de Virus en donde no está Roberto Jacoby y su ausencia se nota. Las frases de los temas son muy convencionales y el plus que tenía Virus como grupo pop + concepto aquí desaparece. “Dame una ayuda/ para poder continuar” lo escribe cualquiera. Lo mismo con “no puedo resistir esta realidad/ dame pronto una señal”. Son letras muy transitadas, que acercan más a Virus a lo complaciente y lo alejan de la posición desafiante que siempre tuvo.
            En resumen, Relax marca un paso adelante en la propuesta musical del grupo. Consigue cambiarle la cara a Virus sin perder de vista la musicalidad (hay al menos cuatro hits de buen nivel). Lamentablemente ese equilibrio entre lo masivo y lo novedoso no se consigue en las letras, mucho más friendly que las de Agujero interior (y eso ya es decir bastante). Pero bueno, lo mejor vendría en los próximos dos discos.

Locura (1985) – ***1/2
            Este LP se vendió muy bien. Incluso superó a Relax, el disco anterior, que ya había tenido elogiables resultados. La explicación está en dos canciones que sonaron tremendamente en las radios (y que hoy son clásicos): “Pronta entrega” y “Una luna de miel en la mano”. En mi opinión, si hablamos de lo estrictamente musical, estos dos temas aprueban, pero no son lo mejor de Locura. Lo más interesante de ellos está en las letras (asignatura del disco en la que participa nuevamente Roberto Jacoby). Las frases “busco un cuerpo para amar” y “me excito más cuando es con vos” trascienden lo romántico, para conventirse en eróticas. Una constante del LP es esa, lo sexual como tema preponderante. En “Una luna de miel…” inclusive el personaje de Moura se posiciona como objeto de deseo del oyente (“TU imaginación me programa en vivo” le dice a otro personaje, pero también a quien escucha el tema). Algo por demás desafiante no ya para el panorama del rock nacional, sino para la cultura argentina toda, acostumbrada a ver a los homosexuales en otros roles mucho más pasivos e intrascendentes.
            Decía que lo mejor de la música de Locurano estaba en los dos hits. Decía bien porque hay tres canciones que tienen un nivel insuperable: Son “Pecados para dos”, “Tomo lo que encuentro” y “Sin disfraz”. Me voy a tomar un párrafo para cada elogiar cada una porque lo merecen.
Quien escuche hoy “Pecados…” se verá sorprendido por las líneas que dicen “fuego, fuego” o “estamos enfermos”. Sí, así es, el Pity de Intoxicados tomó como influencia algunos pasajes de esta excelente canción. Otra cosa importante para aclarar: “Pecados…” hace un maravilloso uso de los sintetizadores y de las baterías electrónicas. Con esos dos elementos se logra un ritmo impecable en el track que es imposible dejar de seguir. Sólo los 80 lo podrían haber logrado.
“Tomo lo que encuentro”, la segunda canción que voy a destacar, lleva al límite el estilo lento y triste para hablar de sexualidad. En Locura(1985), lo que había inaugurado “El 146” allí por Recrudece (1982) toma forma electrónica y sedante. Canta Moura, sobre esa base musical lánguida: “no me importa nada, en cuestión de amor/ tomo lo que encuentro, me siento algo mejor” y uno percibe una especie de angustia fulminante mano a mano con la promiscuidad.
Por último haré referencia a “Sin disfraz”. La canción habla en primera persona sobre el encuentro sexual con un “taxi voy”. En ningún momento se deja de ver eso como algo prohibido o transgresor (“a veces voy donde reina el mal”, “por un minuto abandono el frac”). Nuevamente aparece la angustia (“me desnudo en lo espiritual/ para amar/ como si fuera/ mentiroso y nudista”). Otra vez incluye al público (“en taxi voy, hotel Savoy y bailaMOS”, nosotros inclusivo). Me gusta el juego con la temporalidad y la referencia al olfato como instantánea de una situación. Canta Moura: “Fue ayer, persiste el olor/ de esa piel morena y sensual”. Musicalmente la canción es lenta, pero remata cada estrofa con un “Uo Uo Uo, oo0, ooó”, que finalmente se extiende en el estribillo que cierra el track. Algo que queda realmente OK.

Superficies de placer (1987) – ****1/2
            En este LP nada queda ya del rock “divertido”/ bailable de principios de década. Superficies de placer, por la música pero en especial por la forma en que canta Federico Moura, tiene un clima muy triste, que es parejo a lo largo de los 45 minutos de duración total. Imposible es no relacionar eso con la difícil situación que estaban pasando los integrantes del grupo al momento de la grabación del álbum. Moura había sido diagnosticado como portador de VIH en Río de Janeiro, en medio de las sesiones de producción del LP. OK, no debería incidir esto que es extramusical en la valoración del álbum y además las canciones estaban compuestas de antemano. Pero es esa forma de cantar desgarradora y melancólica la huella de un estado de ánimo muy particular. Pocas veces la tecnología de grabación de la música captó tan bien la situación angustiante de un ejecutor.  
            De cualquier manera, Superficies de placerno sólo es eso. Es también, por lejos, el mejor conjunto de canciones en toda la historia de Virus. Al menos siete de los once temas son, de manera muy cómoda, obras maestras totales. Esto es bueno aclararlo de entrada para no espantar a nadie: aquí estamos ante un disco para los libros de historia (climas, enfermedad, “canto del cisne”, tapa), pero también ante un LP para escuchar y escuchar. La ausencia de hits puede confundir. Nunca olvidemos que el mejor enciclopedismo jamás le llegará a los talones al placer de recordar un tema y tararearlo días después de la escucha de un álbum.   
Pero bueno, ya metiéndonos en el análisis musical del disco es bueno señalar un par de características algo visibles. Hay algunos aires latinos en “Superficies de placer”, el tema que da título al álbum. Son hechos principalmente con percusión. Sirven para separar estrofas. Quedan OK. Otra característica saliente sería el uso del punteo de guitarra eléctrica después de la batería ochentosa. Ese contraste es muy original. Ocurre en “Epocalipsis” (a propósito, ¿de dónde sacan la melodía del estribillo? Im-pe-ca-ble) y también en “Polvos de una relación”.
Con perdón de lector, ahora gastaré un párrafo largo en el que para mí es el mejor tema de toda la historia de Virus, “Danza narcótica”, un lento hipnótico inmejorable. El secreto del track (además del clima y la voz) es la estructura. En cada estrofa tiene dos partes musicales bien diferentes. La inicial (en el comienzo es “danza de efectos narcóticos/ tenue contacto de espíritu”) y el remate (“atraviesan el umbral/ brumas manchadas de luz”). El gancho del tema, decía, es que en las siguientes estrofas el remate se va haciendo más complejo. En la segunda, por ejemplo, se le agrega una tercera línea (“encrucijada/ hay amenazas de un final/ frases para pensar”). Es como que el remate inicial, que recordamos del comienzo, se va haciendo desear. En la cuarta estrofa, ya son cuatro las líneas (“encrucijada/ hay amenazas de un final/ atraviesan el umbral/ brumas manchadas de luz”). Es como si hubiera dos falsos finales. Soy conciente de que esto que puse es inentendible para cualquier desconocedor del tema, pero bueno, después de escuchado el track, la reflexión tiene su utilidad. O al menos me parece.
Dije siete obras maestras. Sería bueno nombrar las tres que me quedan. Comienzo por “Ausencia”, que tiene un estribillo algo convencional en los papeles pero que gracias a Moura y a la grabación es muy atrayente. Sigo por “Mirada Speed”, de letra erótica al estilo Locura. Termino con “Impulsos aleatorios”, el genial tema movido en los instrumentos (y triste en la voz) que cierra el disco.
No nombré a “Encuentro en el Río musical”, track algo famoso que nunca me gustó demasiado. Tampoco a “Rumbos secretos”, lenta buena pero hasta ahí. Y menos a “Amores perpetuos” y “Transeúntes sin identidad”, que no me llamaron jamás. Esos cuatro pasajes más la tapa (un nada sutil dibujo de un culo en primer plano, tan simplificador como el concepto de Agujero interior) impiden a este LP ser EL MEJOR disco de la historia argentina. Pero, bueno, estuvo muy cerca.

Tierra del fuego (1989) – **1/2
            Primer LP de Virus en el que no participa Federico Moura. El grupo pierde practicamente el 100% de su identidad. Nada queda aquí de la ambigüedad, provocación, angustia de la etapa liderada por Federico. Ni en las letras ni en la voz. Se había terminado una banda legendaria y este disco confirma eso, por eso tal vez es tan duro el resultado.
En Tierra del fuego canta Marcelo, el hermano, y no lo hace bien (su timbre inexpresivo es hasta molesto). Se trata de 10 canciones pop que podría haber escrito cualquier grupo. Pero bueno, no sé si esto está tan mal. Tal vez si Virus post-Federico hubiera imitado al Virus anterior estaríamos hablando de algo patético. Intentaron hacer algo distinto. Les salió mal, intrascendente y falto de identidad. Pero por ahí evitaron el papelón. Tal vez la solución hubiera sido cambiar el nombre de la banda. Aunque seguramente la convocatoria habría bajado demasiado. En fin.
            Ahora vamos a los temas. Hay algunas cositas atendibles. Las estrofas apuntaladas por el teclado de “Muy natural” son agradables, los coritos femeninos de “Es al revés” están OK, el estribillo de “Volátil” puede funcionar, el lento final “Despedida nocturna” es lindo. A esto podríamos sumar (con mucha onda) dos temas que andan entre el “mediocre” y el “apenas aprueba”: son “El de moño negro” y “Lanzo y escucho”, dos gemas pop directas que quedan en la memoria al toque.
            Pero bueno, aunque se llame Virus esto no es Virus. Tierra del fuego es un disco para escuchar una o dos veces y no más. Casi como curiosidad de coleccionista.

Nueve (1998) – **
            Durante la década de los 90, Marcelo Moura y compañía hicieron más o menos lo que yo ponía en el comentario de Tierra del fuego: dejaron de utilizar el nombre “Virus”. No es que yo sea un genio de la anticipación (de hecho, esto lo escribo en 2012, jeje). Se caía de maduro que estaban en un callejón sin salida. O imitaban el “amaneramiento” de Federico, con riesgo de caer en lo lastimoso, o hacían cualquier cosa con el nombre, con riesgo de manchar la historia de la banda y no estar a la altura. Optaron por abandonar la insignia “Virus”, pero claro (y esto también lo ponía) la convocatoria de sus proyectos personales llamados de otra forma no tuvo la misma masividad.
            Es así como hay que entender Nueve, el disco de Virus lanzado en 1998. Se trata de un regreso desesperado (después de casi una década) a la redituable franquicia “Virus”, para recrear los clásicos en vivo y para vender algunos discos más con material original. Sigue sin haber una conexión evidente en lo musical con la época de Federico Moura, exceptuando una horrible versión lenta de “Mirada Speed”. Como en 1989, Nueve está firmado por “Virus” pero yo diría que esto, nuevamente, no es Virus.
            La voz de Marcelo Moura es francamente horrible. Canta medio lerdo, con un registro algo similar al de Germán Daffunchio (aunque más optimista). Y a la vez tiene algún pequeño dejo de “uso de la nuez” a la manera de un Morrisey. Uno de los ejemplos más desafortunados del disco es el tema “Hielo en el alcohol”, muy perjudicado por la performance vocal.
            La música del LP está más en la onda 90s. Hay alguna guitarra distorsionada. Ya casi nada queda de las baterías electrónicas que caracterizaron al trabajo de los 80 de Virus (con esto también incluyo al disco Tierra del fuego). De cualquier manera, queda algo de teclado que da una vaga onda synth-pop en varias canciones.
            ¿Todo es descartable en Nueve? No, más allá de sus limitaciones tiene algunos ganchitos. “Aitxeitxe” tiene un muy buen fragmento melódico en la segunda parte del estribillo, cuando dice “revelación pintada con un color”. Sorprende ese cambio. “América fatal” no está mal (cumplió bien como corte, me agradó relativamente en 1998). “Lucy” puede atraer en el remate (parte que dice “de noche, subimos sobre mi casa”). El resto, para mí, es casi descartable en un 100%. De nuevo, un disco para no escuchar más que como curiosidad una o dos veces.      

jueves, 8 de septiembre de 2011

SUPER RATONES


Remisiones

Primera época (1990-1997)

Año 1991. Yo tenía exactamente nueve años. Como todos los chicos, por esa época escuchaba la música que ponían mis viejos en la casa (en especial, Eric Clapton). La televisión, sin embargo, me mostraba otra cosa: el costado más pop del rock nacional. Allí me sumergía, un poco de manera subversiva, cuando nadie me veía. Me acuerdo de Rata Blanca, Fito Páez y en especial de los Super Ratones (faltaría poco para la llegada de Tango Feroz).  
            En el caso de los Super Ratones,  se trataba de un grupo de pibes que llegaban de Mar del Plata, todos siempre con prolijas remeras a rayas. Los ví en Ritmo de la noche, uno de los programas de Marcelo Tinelli. ¡Qué buen tema me parecía ese que decía “pa-pa-pa/pa-pa-puré”! Pedí el casette, aunque no llegó. Sí llegó el de Rata Blanca, Magos, espadas y rosas. Me lo deben haber comprado porque al menos tenía algo (bastante) de guitarra, pero bueno, esa sería otra historia.
            Lo concreto es que yo desconocía que aquel hit, llamado “Barbara Anne”, no era en realidad de los Super Ratones, sino que era de los Beach Boys (en realidad tampoco es de los muchachos de California, pero bueno, en USA la popularizaron ellos). Lo desconocía principalmente porque la banda de Brian Wilson nunca había sonado en mi casa. Mi papá ponía en el equipo musical sólo las bandas de rock que siempre se escucharon en Argentina (Genesis, Dire Straits, Queen, Beatles, Pink Floyd, el mismo Clapton). Y los Beach Boys nunca estuvieron entre esas bandas. El público rock argento siempre los consideró menores, algo así como una banda nostálgica, de una época sólo vista en películas yanquis que Telefé pasaba los domingos a la tarde, una banda que representaba al típico norteamericano rubio que andaba con la tabla de surf en California. Sólo la FM Hit podía dar espacio a ese tipo de cosas.  
            Los Super Ratones aprovecharon eso y vendieron su música a los chicos. El casette que incluía el tema se llamaba Rock de la playa  y contenía otras dos canciones del repertorio de los Beach Boys.

            Es para reflexionar esa relación que tuvo la banda marplatense con el grupo comandado por Brian Wilson. No era algo tan distinto a lo que hoy conocemos como banda tributo aunque, claro, se mantenía la ambigüedad. No todo el público sabía que los Super sacaban las canciones de los Beach Boys. Varios pensaban (pensábamos) que las componían.
            De cualquier manera, esa acusación que acabo de hacer (acusación de deshonestidad) se sostiene parcialmente. Si bien había ciertos elementos que remitían a los Beach (tres canciones, el estilo musical, la ropa, las apelaciones a la playa), también había creaciones propias de los Super Ratones. Sin ir más lejos, el segundo corte del disco se llamó “¿Puede tu mono bailar a gogó?” y era un tema compuesto por ellos mismos.

            Los Super Ratones, como dijimos, remitían a los Beach Boys. No cualquiera podía hacer eso. Al menos tres integrantes de la banda tenían cualidades suficientes como para reproducir las impecables armonías vocales que había patentado el grupo de Brian Wilson.
            Esa particularidad comenzó en los dos primeros discos, LPs en los que se emulaba a los Beach Boys, pero después siguió. Aún hoy, la banda hace buenos coros. Es más: han participado en discos de otros artistas como Antonio Birabent, Los Pericos, Kapanga, La Mosca. Se han convertido en sinónimo de buenas armonías vocales. Cada vez que el rock argentino precisa un buen coro, levanta el teléfono y llama a los Super Ratones. Es un rasgo no menor.

            Vamos a contar un poco la historia del grupo. Esos cuatro jóvenes que venían de Mar del Plata eran liderados por José Luis Properzi, más conocido como Person y por Fernando Blanco. Ellos dos componían la mayoría de las canciones del grupo, como si fueran el tándem Lennon-McCartney. Había un tercer integrante que aportaba temas: Mario Barassi. Este último haría de una especie de George Harrison, y con el tiempo, se convertiría en uno de los miembros más importantes de los Super. En mi opinión, se trata del más talentoso de todos.
            Rock de la playa (1990) fue el primer LP, como dijimos. Pegaron el mencionado “Barbara Ann” y “¿Puede tu mono bailar a gogó?”. La banda tenía éxito masivo, pero no era considerada un grupo de rock en la Argentina. Hubo una continuación en 1991 llamada Segundo tiempo, en donde seguían emulando el sonido de los Beach Boys. Ese disco ya tuvo un poco de menos éxito que el anterior.
            Para 1992, los 15 minutos de fama de la banda habían pasado y a partir de ese momento uno podía encontrar Rock de la playa, en CD o en casette, en las bateas de Todo X $1 que tenía Musimundo, unas bateas redondas donde estaban todos los discos que la gente ya no quería comprar.
            En 1993 llega el tercer LP de la banda, Aire para respirar, que esta vez no remite a los Beach Boys sino al rockabilly de los años 50. En la tapa del disco todos los integrantes tienen jopo. Adentro, se pueden escuchar temas cuadradísimos, propios y ajenos.  El disco es un completo fracaso.
            1995 es el año de Reciclable. La banda estaba completamente perdida. Sin rumbo. Ya no eran un grupo cuasi de tributo. Pero tenían algo de los Hollies. Incluían una versión de “My Back Pages” de Bob Dylan. Cerraban con un tema estilo Little Richard. En el sitio de Internet, hoy, afirman acerca de ese momento: “Fue un disco en el que las canciones tienen muy poco que ver unas con otras”. En fin, otro fracaso.
            Hay un quinto LP, Zapping club (1996). Para mí aquí la banda sigue en crisis. No termina de encontrarse. Hay alguna remisión a Revolver y Rubber Soul, pero las ventas siguen sin regresar.  El público (y la crítica) ignoró nuevamente el trabajo y los Super Ratones se convertirían definitivamente en una banda dada por muerta. Hasta que llegó…


Segunda época (1998-2011)

            Hasta que llegó el contrato con EMI y la producción de Juanchi Baleirón. Pero abandonemos por un ratito la biografía y volvamos a ver los archivos de la cámara de Gran Hermano que siempre me siguió. Ya estábamos en el año 1998 y yo miraba todo el tiempo MTV. De repente suena un bandoneón, un tema impresionante y cuando llega el final se lee: “Super Ratones, Aguafuertes, Autopistas y túneles”. ¿Quéeeee? ¿Serán los mismos que sonaban en 1990? (cuando uno es chico, 8 años es una eternidad). Esta era una cosa seria que remitía al brit pop que también mostraba MTV.
            Pasaron un par de días y me encontré con un amigo. Nos juntábamos siempre a la salida del colegio. Estábamos en tercer año del secundario (lo hice en el Roca de Belgrano, para más datos). Siempre hablábamos de chicas, nos reíamos de las profesoras. En fin, lo típico. El pibe, siempre enfundado en pañuelos rollinga, con la lengua stone dibujada en la carpeta, me dice: “Che, Andrés, nunca te pregunté, ¿qué música estás escuchando?”. Me nublé completamente. Contesté: “un poco de todo”, la clásica. Pero pidió más precisiones. “Rock nacional”, dije. “Ok, pero ¿qué banda?”, refutó. “La última que estoy escuchando…”, me salió del alma, “es los SUPER RATONES”. “¿Los de la playa??????”, me contestó y se cagó de risa. “Sí, ahora volvieron y tienen buenos temas”, quise salvar.
            Autopistas y túneles verdaderamente presentaba una renovación en la banda.  Ya no estaban errantes, queriendo revivir glorias pasadas. Bandoneón + Rubber Soul + Brit Pop 90. No era una mezcla muy vista en el rock nacional y era para tomar en serio. La Rolling Stone lo advirtió y colocó a Autopistas… entre los mejores discos del año. Todo eso fue gracias a los Super, que se atrevieron a sacar un disco innovador y a EMI, que tomó en serio al grupo y evitó caer en prejuicios como los de… mi amigo el rollinga.

            Pero más allá de algunas  revistas, de MTV, y de unos pocos más, nadie se había enterado de la vuelta de los Super Ratones. Todos seguían teniendo la imagen de los Super con la remerita rayada y la tabla de surf.
            Eso cambió con “Cómo estamos hoy”, el hit de 2000. La gente (el gran público) los separó de los Beach Boys, es cierto, pero siguió sin tomarlos en serio: “Como estamos hoy” era más fashion que virtuoso, más pegadizo que atractivo, era falsamente político (es decir, a lo CQC) y horrorosamente repetitivo.     
            Pero estaba en otro disco digno, Mancha registrada. El que se tomó el trabajo de escucharlo, de nuevo, se llevó una sorpresa. Sino basta escuchar el corito psicodélico que abre “Otro día en la vida”. “Como estamos…” no representaba en lo absoluto ese buen momento musical de la banda.

            El 2003 encontró a los Super metiendo mano en un género de moda, el garage rock. Recuerdo una muy buena foto trucada en el sitio Chilarock en donde estaban los Hives (banda sueca, éxito de aquel momento) con las cabezas cambiadas de Blanco, Person y compañía. Y el tipo les decía algo así como “Ahora con Urgente le roban a Hives y antes le robaron a Elvis, Beach Boys, Beatles”.
            Algo de razón tenía. La banda siempre remite a algo (cuenten las veces que mencioné algo relacionado a “remisión” en este artículo). Junto a los coritos esa es su principal característica. Pero no se puede negar que han dejado buenas canciones (bien detalladas en el artículo Disco X Disco).
            De cualquier manera, y más allá del choriceo a The Hives (que tampoco es tan grande), Urgente es el disco que pone a los Super, por primera vez, en el ambiente del rock de la Argentina. Antes, como habíamos dicho, el lugar en donde sonaba la banda era más bien la FM Hit y demás radios pop. Urgente los coloca en las radios rock y en los festivales. Una pavada si uno lo piensa bien. Es una pavada que en Argentina se crea que los Beach Boys no son rock, pero bueno, parece que para salir en la Rock & Pop hay que sobreactuar guitarra distorsionada.

            A partir de 2003 ocurre algo digno de mención. La banda acompaña al proceso político iniciado por Néstor Kirchner. Tanto es así que tocan en numerosos festivales organizados por los K. Otros abonados: Coco Silly, Daniel Aráoz, Víctor Heredia. Esto se debe principalmente a una amistad que los Super tenían con el ex jefe de gabinete Alberto Fernández pero también, obvio, a las convicciones personales de la banda.
            El disco Super Ratones (2008) sale con la participación de Fernández en las guitarras de “El último verano” (cholulismo total) y con la ausencia de Fernando Blanco, uno de los ex líderes, que para el momento ya había emprendido una carrera solista.
            Hoy en día, los Super Ratones aparecen en programas de televisión como RSM, Duro de Domar o el noticiero de las madrugadas de Telefé. Se definen como una banda de rock/pop y siguen intentando congeniar éxito con calidad.
            A propósito de esto, es conveniente citar un pasaje de 1998. Lo dice Blanco a Rolling Stone: “Me siento mejor ahora. Disfruto mucho más hoy, cuando viene un pibe y me habla de las letras, que cuando nos pedían autógrafos porque nos habían visto en la tele. Igual, lo mejor sería lograr cierto balance (…) nuestros amados Beatles lo habían conseguido”.

DISCO X DISCO SUPER RATONES

Rock de la playa (1990) – **1/2
En la tapa de este primer LP de los Super Ratones hay una foto en la que están, sonriendo, los cuatro integrantes del grupo. Todos ellos están vestidos con remeras rayadas (son las cuatro iguales). Al lado de la imagen hay una especie de sello que afirma “Made in Mar del Plata”. En la portada también se puede leer el nombre del grupo y el del álbum, ambos escritos en una tipografía color amarillo-arena y celeste-mar. Cerca de eso hay un signito de “correcto” o “bien”, de esos que abundan en los exámenes corregidos cuando la pregunta es contestada de manera acertada. Esa tapa es un buen resumen del contenido del álbum. Playa y optimismo (también amor y baile) es lo que se oye a lo largo de las catorce canciones.
Sobresale el número de covers: hay ¡3! tres temas del repertorio de los Beach Boys. A la famosísima versión de “Barbara Ann” (hit total de los Super en 1990), se le suman “Papa Om-Mow Mow” y “Come Go With Me”. Se trata de temas bastante cuadrados, que pertenecen a la faceta más pasatista de la banda liderada por Brian Wilson.
Tanto las canciones propias como las ajenas están superpobladas por trabajados coros, hechos por los Super Ratones mismos. Influencia clara (¿copia?) de los Beach. Es más: varios tracks comienzan con coritos a capella. Algo que a mí mucho no me gusta, pero que revela un talento en las voces digno de señalar.
Entre los temas propios destacables está “Comenzá a correr”, el track que abre.  La letra habla, con humor y en primera persona, de la desesperación que sufre la víctima de una infidelidad. Dice “Mis amigos me aconsejaron algo pero lo pensé bien/ no me gusta salir en los diarios/ lo mejor civilizadamente es hablar junto al mar / y ahogarte de repente”. Gracioso y bien escrito.
Otras de las canciones trascendentes compuestas por la banda son “Aprender a amar” y “¿Puede tu mono bailar a gogó?” (otro hit). En el primer caso es linda la melodía de voz que se escucha cuando dice “vas a tener que inventar algo/ para que me fije en vos”. En el segundo la letra y la música son tan huecas y adictivas como las canciones yanquis de los 60 admiradas por los Super. “Ya me cansé”, en tanto, es la primera pieza valiosa de Mario Barassi (el George Harrison de la banda).

Segundo tiempo (1991) – **1/2
            Sólo un año después del exitoso primer álbum, los Super Ratones sacan esta especie de upgrade de lo hecho anteriormente (actualización, versión 2.0 o como se quiera llamar). Ahora hay hasta una tabla de surf en la tapa (Mar del Plata, ¿capital de California?) y un saqueo más explícito que nunca a los Beach Boys: el disco cierra con un “meddley” de 7 minutos con versiones en inglés (es decir, no traducidas) de los hits más grandes de la banda estadounidense. “California Girls”, “Surfin’ USA”, “I Get Around”, “Fun, Fun, Fun” y “Good Vibrations” se dan cita una trás otra. Por supuesto, nada de Pet Sounds o Sunflower suena. Acá hay hits para el gran público. Casi como una banda tributo.
A ese bochorno podemos sumarle una pésima versión del horroroso tema “Ain’t Go No Home” de Buddy Holly. Son lamentables las voces actuadas. Primero cantan normal, después en agudito, y por último exageradamente serios. Todo mientras se escucha detrás un insoportable “uh uh”. También es mala “Sos un disfraz” que en la estrofa afana descaradamente a “I Can’t Explain” de los Who. Otra para descartar sería “Qué sé yo”, que tiene un estribillo horrible que repite el nombre del tema sin interés melódico.
Todo esto que nombré es la parte mala de Segundo tiempo. Afortunadamente hay una parte buena. Es la parte en la que los Super Ratones logran captar, sin copiar, esa atmósfera propia de los bailes de graduación yanquis de los años 50 que vimos en las películas.
“Marilí” tiene el nivel de las mejores canciones norteamericanas de los primeros 60, ¡pero es de ellos!, “Dormir tranquilo” y “Algo mejor” tienen unas estrofas hermosas (conmovedoras en el segundo caso), “Dejame hablar” tiene un dúo de voces entre Person y Blanco muy agradable. “Alguna vez” tiene una línea melódica que cambia todo el trayecto de la canción (cuando dice “vas a sentirte tan bien”).
En fin, si alguien alguna vez se conmovió con los lentos de los 50 y con todo eso, no puede ser indiferente a este álbum.

Aire para respirar (1993) – *1/2
            Aquí los Super Ratones se alejan completamente de la influencia de los Beach Boys y se meten de lleno en el más unidireccional rockabilly. Si antes el concepto de banda-retro pasaba por el surf, la playa y las armonías vocales trabajadas, ahora la cosa pasa por el jopo en el pelo y el facilista corito “pa-pa” que está en el fondo de “Don’t Be Cruel” (tema incluído aquí).
            Lo que más molesta de Aire para respirar es esa imitación que se hace de la forma de cantar de Elvis Presley (o simil rocker de los 50). En “Hablando todo se arregla”, “Estoy quebrado” y “Todo tu amor” tanto Blanco como Person roban a mano armada al cantante norteamericano. Es más: para que no queden dudas, la ecualización de la voz está puesta de la misma forma en que estaba en los viejos discos del rey del rock.
            Esos son tres ejemplos de canciones propias en las que se cae en el más imperdonable choreo. En los covers (los cuadradísimos standards “Ooby Dooby” y “Hippy Hippy Shake”), en cambio, la cosa es menos original todavía (ni compusieron) pero al menos un poco más digna (serían robos admitidos).
            Sólo salvo un par de temas. Aprueban aunque, claro, están lejísimo de sacar al LP del naufragio. Ambos eluden el trazo grueso rockabilly que tiene el LP. Son “Quiero darte vuelta”, que se destaca por el grito que la hace empezar (y la posterior guitarra que le sigue a ese alarido) y “Noche psicodélica”, en la que el protagonista del relato es sacado a bailar por una “araña de anteojos”.           

Reciclable (1994) – **1/2
            En este LP el estilo de la banda no es tan fácil de identificar. Reciclable no es un disco 100% Beach Boys (como los dos primeros), ni tampoco un álbum 100% rockabilly (como el tercero). Algo de esos estilos hay, por supuesto (la transformación de la banda en algo serio llegaría un par de años después), pero también hay cosas raras como un aroma a Serrano de Los Auténticos Decadentes (“Por la cuerda floja”, “La paloma”, “Esta vez voy a quedarme”) o una cierta utilización de ritmos latinoamericanos (“Calypso de amor”). En conclusión: ya no se puede simplificar la descripción de los Super Ratones en “banda que imita a…”, o mejor dicho “banda que recuerda a…”. Las  influencias ahora son varias.
            Reciclable incluye dos covers que llaman la atención. El primero es “Lo siento Susana”, versión de la canción “Sorry Suzanne” de los Hollies (banda inglesa, años 60). Está correcta. La original ya era muy buena. Hacen bien los Super en poner luz sobre un grupo bastante desconocido en estas latitudes.
            El segundo cover para destacar es “Mis páginas del pasado” (“My Back Pages”, Bob Dylan). El artista norteamericano grabó esa canción por primera vez en 1964, acompañado de una guitarra acústica. Pero el tema se volvió famoso gracias a la versión en vivo de 1993 (concierto aniversario de los 30 años de carrera de Dylan). Esa versión es eléctrica y mucho más dinámica que la original. En ella tocan y cantan, además de Bob, Eric Clapton, George Harrison, Tom Petty y Neil Young. Bueno, la versión de los Super es más parecida a esta última. Pero se le agregan unos coros a la Beach Boys que son completamente incompatibles con el espíritu del tema. De cualquier manera, vale aclarar que la traducción de la letra es buena y que es bastante diferente a la que hizo La Mancha de Rolando en estos últimos años. Sir ir más lejos, el título de la versión de La Mancha (“Mis primeras páginas”) es otro.

Zapping club (1996) – **
            Acá los Super Ratones abandonan la onda retro de una vez por todas. El sonido de guitarra eléctrica que hay en este LP es claramente contemporáneo a la fecha de edición del álbum. Si a esto le sumamos que no hay ningún cover en el disco (antes ponían 3 como mínimo en cada placa), es posible decir que Zapping club está firmado  practicamente por una nueva banda.
            Otro de los aspectos que podrían llevarnos a pensar en que hay un cambio de magnitud es que hay cierto pesimismo en las letras. “Me muero por vos”, el tema inicial, empieza como una canción de amor pero después termina hablando de una enfermedad. Otro tema medio bajón es “Quiero una luz” que tiene frases como “Estoy desesperado/ todo el tiempo preocupado” o “Me pregunto por qué llueve/ cada vez que logro algo positivo”. Las dos canciones van de la mano con el tono apagado (azul) de la portada del álbum.
Hasta aquí todo OK. El grupo cambió. Sin embargo, sinceramente, habría que ver qué tan grande es ese cambio. Y cuan auténtico es. Es cierto, se modificaron algunas cosas en la superficie. Pero lo más importante sigue igual. No basta con abrazar un estilo en boga o aflojarle un poco al optimismo pasatista de los primeros discos, lo importante es escribir canciones que sean más o menos innovadoras.
Acá es donde están flojos los Super Ratones. Porque la balada “¿Qué viste en mí?” es bastante simplona. Abusa del recurso de repetir el título en el primer verso de cada estrofa. Algo parecido pasa con la mencionada “Quiero una luz”, de melodía también trillada. De cualquier manera, el peor caso es el de “Algún rincón del mundo”, que tiene un afano evidente a “Nowhere Man” de los Beatles (y tal vez también a “If I Needed Someone”). No es un cover pero más o menos…
Zapping club, además, tiene un segundo conjunto de canciones que no logran aprobar. Los estribillos de “Y se nos va, se nos va” y “Se mueve” repiten todo el tiempo la misma frase de sus títulos y eso cansa mucho. Más en el segundo caso, en el que la melodía es directamente infantil.
El tercer conjunto de canciones fallidas está ocupado por una sola. “C’est la vie”, horrorosa, no es copia, pero es completamente descartable. El uso de la voz agudita en el remate es de lo peor que escuché en el rock argentino. Además, me desagrada esa costumbre de los Super de agarrar las frases “chic” que andan circulando en boca de, ponele, Moria Casán (otros casos serían “Como estamos hoy” y “Chapeau”). Me parece algo muy publicitario.
Después de demoler al disco (la conclusión de la crítica sería: no es un LP retro cuasi tributo, pero tampoco es un disco de rock verdaderamente original), recomiendo dos canciones. La primera es “Karma sin quemar”, que tiene un comienzo acertado gracias al uso de la guitarra eléctrica y un muy lindo cambio de dirección en la melodía cuando dice la frase “mi mente sigue intacta”. La segunda es “Tal vez” (de Mario Barassi) que, musicamente, empieza muy bien con la frase “si estás al borde de caer y no creés”.

Autopistas y túneles (1998) – ***1/2
            Este sí es el disco con el que los Super Ratones se transformaron. Ya la tapa lo dice todo: si antes todo era surf y sonrisas, ahora la cosa remite a Let It Be de los Beatles. Indudablemente se trata de otra clase de pop, mucho más complejo que el que hacían anteriormente. Es como si los Super hubieran trocado la parte 63-65 de Beatles-Beach Boys, por la etapa 65-70 de las mismas bandas. Una verdadera evolución.
            El tema “Aguafuertes” es una extraña (y bienvenida) mezcolanza. Por un lado, tiene modernas guitarras distorsionadas y juegos con la ecualización vocal. Pero por otro, incluye el bandoneón y una letra inspirada en Roberto Arlt. La canción es una especie de fusión entre el brit pop y el tango.
            Otro tema destacable es “Un paseo por el parque”. Está realmente muy bien la estrofa. Verdaderamente la pegaron con el ganchito melódico que aparece cuando canta “si tu sueño no se hace verdad/ la puerta a la irrealidad, empieza aquí”. Ese ganchito luego es realizado por un punteo de guitarra eléctrica magistral (minuto 2:17). Como se ve, además, la letra es psicodélica.
            A esos dos grandes picos se le suman “Mar de las Pampas” (nostálgica, con coritos que sacan algo de Pet Sounds pero sin copiar), “Sólo (el gran derroche)” (con una estrofa delicisiosa), “Paula” (baladita exquisita) y “Pasajeros” (con un muy buen juego entre dos voces, la de atrás agudita).
            Fíjense que no hay muchos discos de rock argentino que hagan foco de manera inteligente en los últimos años 60. Los Super Ratones no sólo logran eso, sino que se actualizan con lo más moderno del brit pop de los años 90 y además lo fusionan con el tango. No es poco.

Mancha registrada (2000) – ***
            Autopistas y túneles había representado la resurrección de una banda dada por muerta. Los críticos aclamaron el trabajo y mucha gente se sorprendió. Sin embargo, el gran público ignoró el disco. A diferencia de la etapa 90-92, ésta vez no hubo hits.
            Todo cambió con Mancha registrada y el tema “Como estamos hoy”. La canción sonó en todas partes y llegó a ser hasta cortina del programa de Jorge Lanata. En mi opinión, es un track publicitario, tonto y repetitivo que puede llegar a interesar (si uno le pone mucha onda) cuando se pone heavy al final, pero que está lejos de destacarse. De cualquier manera, sirvió a la banda para demostrar a las masas que los Super seguían vivos.
            Ya metiéndonos en el análisis del disco debo decir que lo veo algo caótico en cuanto a estilos. La bossa nova “Cosas perdidas” no tiene nada que ver con la banda y corta al LP en dos. Es muy desafortunada su inclusión. Es lo mismo que poner un tema punk en un disco de María Martha Serra Lima.
            Otros pasos en falso son “Como un fantasma”, el tema inicial, en el que Fernando Blanco canta sin onda (diferente a lo que hace en “Otro día en la vida”) o “Bajo el reflector”, también de Blanco, sobre la fama. Un track totalmente previsible y falto de atractivos.
            Dejándonos llevar por estos cuatro casos que nombré éste sería un disco maduro pero fallido. Sin embargo, hay cuatro temas que hacen que el LP valga la pena: el mencionado “Otro día en la vida” (con un comienzo fantástico de coritos medio psicodélicos), “Cornalitos fritos” (muy power) y dos canciones espectaculares de Mario Barassi: “Decime que te hicieron” y “Estuve ahí”. El tipo canta realmente bien y aquí comienza a destacarse como el miembro más talentoso de la banda.

Urgente (2003) – ***
            En la superficie se trata de un disco rabioso, influído por el garage rock, la música del momento en 2003 (el tema “Pararme solo” es muy parecido a “Hate To Say I Told You So”, el hit del grupo sueco The Hives). Algunas de las características de este estilo: cantante gritón, muchas veces con efecto de voz telefónica, la batería sonando como en una sala de ensayo, alguna relación con el punk o mejor dicho con el pre-punk de Velvet Underground y The Stooges.
            Hay tres canciones fuertemente enmarcadas en el garage rock: la mencionada “Pararme solo”, “Sube y baja” (que además tiene un ganchito en el estribillo) y “Acción” (muy buena, con Person cantando como desesperado y haciendo “uhh” agudito). Si obviamos que esta última se parece en algo a “Song 2” de Blur, estamos ante una buena tricota de temas garage.
            Es cierto: el LP abraza el estilo de moda en tres canciones y altera la identidad visual del grupo (vean la tapa, ¿no parece como un relanzamiento de marca, como cuando las empresas cambian el logo?). Pero también es cierto que hay diez canciones que difícilmente se puedan rotular en el estilo importado. Más bien pareciera que Urgente continúa un estilo propio de los Super Ratones maduros, iniciado en Autopistas y túneles, que continúa hasta el último disco, aparecido en 2008.
            Y en ese estilo personal hay canciones buenas y malas. Las peores son “Polka miseria” (con un estribillo escrito con rimas que parecen de un niño de seis años) y “Carne picada” (obvia, sobre los realitys). Las mejores son las tres de Barassi (“Sólo por hoy”, “¿A quién?” y “Viajo para olvidar”, todas de buen manual pop) y, por supuesto, “La autopista del sur”, con música a lo The Who y letra inspirada en el cuento de Julio Cortázar, aunque con referencias a la realidad política argentina actual. Un verso maravilloso dice: “De repente se mueve un poco, parece avanzar, pero no hay muchas ilusiones y se empieza a enfriar”.

Super Ratones (2008) – ***1/2
            Pasaron cinco años entre Urgente y este LP. En ese lapso ocurrieron dos hechos muy importantes: 1) abandonó la banda Fernando Blanco.  No es una gran pérdida y lo mejor es que, por eso, el mucho más talentoso Mario Barassi se convirtió en uno de los compositores principales. 2) la banda se hizo kirchnerista. Es así que junto a este CD se incluyó información para posibles hijos de desaparecidos que no conocen su identidad. Algo 100% compatible con el discurso K (completamente elogiable, aclaremos).
            Bueno, vamos a la música. Este LP empieza muy mal. Person se hace el moderno en “Chapeau”, queriendo, tal vez, repetir el éxito de “Como estamos hoy”. Junto a “Tu box” son lo peor del disco. Insólito como dejaron esos dos engendros en el disco.
            Pero afortundamente hay varias perlas que hacen que el LP brille. “Lo demás es lo de menos” (con buena voz de Person) está buena, “Esperando al sol” (que recuerda a los viejos Super) también, “Que hay en tus ojos” (balada ABC salvada por la participación de Roque Narvaja y Miguel Cantilo) aprueba.
            De cualquier manera, hay que aclarar que el posta acá es Mario Barassi. Está afiladísimo el tipo en este LP. Esa voz maravillosa que tiene y el talento para el pop que maneja lo ponen en primer plano y lo confirman como el miembro, por lejos, más dotado para la consagración de la banda. “Voy a inventar recuerdos”, “El último verano” (es de los dos, aunque me gusta la parte que canta Barassi) y “Todo el mundo te hace algo” (con Ken Stringfellow, yanqui, de la banda The Posies, canta con la nuez como Morrisey) están buenísimas.
El cuadro de honor, sin embargo, es para “Ariel saltó”, la mejor del disco y por ahí la mejor de toda la historia de los Super. Se trata de una conmovedora historia sobre un tipo deprimido. Tiene al menos tres atractivos: 1) Cuando dice “Ariel saltó o o o”, está muy bien la voz ahí. 2) El puente en donde afirma “tanto destino/ se le fue como vino/ y no le avisó/ no lo vio”, muy lindo melódicamente. 3) el comienzo de la segunda estrofa, cuando dice “esta vez la altura lo salvó”, re lindo musicalmente.

BLANCO SOLISTA

Blanco móvil (2005) – **1/2
            Estamos ante un álbum con clara influencia Beatle. Blanco se queda con la parte más melancólica de la obra de los fabulosos cuatro de Liverpool. Bah, en realidad, con una de las partes melancólicas, la que utiliza batería (“In My Room”, “I’ll Be Back”). Desecha, acertadamente para mí, la faceta 100% fogón (“Yesterday”, “Michelle”).
            Blanco móvil tiene cinco picos: el primero es “Luz verde”, que impacta en la parte que dice “el tiempo llega y es hoy”. Buen final para un estribillo mediocre. Otro punto alto es “Cuando”, que termina haciendo una mezcla de  “All You Need is Love” y “For No One”. La tercera aprovechable es “Todo para mí”, que tiene una excelente guitarra slide (gracias George Harrison). La cuarta que está OK es “Ojos tristes”, también con slide, que es una linda balada básica con agradable “uh, uh”. El quinto pico es “Los golpes”, un poco más movida que las anteriores, que tiene una maravillosa factura instrumental, admirable en el momento posterior a cuando dice “cuando llegan los golpes”.
            Pero claro, no todo es tan bueno. Blanco la pifia cuando se aparta del esquema Beatle-melanco. “Los lobos”, por ejemplo, se parece a los peores momentos de los Super Ratones (“Camouflagge”, incluída en Urgente).  Es una canción que podría formar parte de una serie de detectives. Tiene algo de “Taxman”, aunque aquel tema que abría Revolver ya tenía algo de las series yanquis de misterio. Otros pasos en falso son “Dado vuelta”, también con melodía infantil y “Al borde de un ataque de nervios”, clásica canción progre sobre un tipo de derecha en el estilo de “El imbécil” de León Gieco.

Mares lejanos (2008) – **1/2
            Este disco es, en apariencia, más parejo que el anterior. De la canción 1 a la 9 se puede escuchar bien. Pero a partir de la 10 bajonea terriblemente. Hay una sucesión de temas impresentables que termina en papelón con “Sexto sentido” (tema 14, el último), un rock de los 50s, digno de Aire para respirar, el peor LP de los Super Ratones.  
            Pero bueno, hablemos mejor de la sucesión 1-9, es decir, de la parte buena. No todos son temas realmente aprovechables, pero hacen que el oyente mantenga el interés. Que no se distraiga. El estilo es beatlesco, pero un poco más abierto que el del disco anterior. Hay ya una onda más personal. Los próximos párrafos serán destinados a analizar las dos mejores canciones del LP. 
            La primera es “Mares lejanos”, la que da título al álbum. Se trata de un pop irresistible, sencillo, con un buen ritmo. No cambiará el mundo, pero quedará por varios días en la mente del oyente.
            La segunda elogiable es “Yo quiero ser Bob Dylan”, de letra muy ingeniosa, que va mechando datos biográficos del artista norteamericano. Dice, por ejemplo, “escribir como Rimbaud” o “romper las reglas del folk”. Una verdadera lección de historia del rock en poco menos de cuatro minutos.