miércoles, 16 de abril de 2008

BREVE BIOGRAFÍA ARTÍSTICA DE CHARLY: Te amo, te odio, dame más

BREVE BIOGRAFÍA ARTÍSTICA DE CHARLY
Te amo, te odio, dame más

La relación de Charly García con los argentinos comienza en 1972. Charly era una de las dos mitades de Sui Generis (la otra era Nito Mestre). El LP Vida mostraba un dúo inocente, que cantaba canciones simples, con instrumentos básicos como la guitarra acústica.
“Canción para mi muerte” fue el primer éxito. No es una gran canción, pero los rasgueos de guitarra y las voces bucólicas hicieron que el tema sea reinterpretado al día de hoy en cada uno de los fogones que hacen varias generaciones de argentinos. Lo mismo ocurre con “Rasguña las piedras” (1973, incluída en el segundo disco). Charly dijo alguna vez que “Rasguña…” era el tema más famoso de toda su carrera.
Pequeñas anécdotas sobre las instituciones de 1974 (último LP de estudio de Sui Generis) es mucho más complejo y oscuro. El público, ¿tal vez por eso?, lo compró menos. El tema más famoso es “El tuerto y los ciegos”, pero la repercusión que tuvo es incomparable con los hits de los dos discos anteriores.
De cualquier manera, el público joven seguía admirando al dúo y colmó las presentaciones del concierto despedida en 1975. Esos recitales fueron inmortalizados en los discos Adiós Sui Generis y en la película documental del mismo nombre.
Durante ese mismo año 1975, Charly inicia su segunda banda: La Máquina de Hacer Pájaros. La idea inicial era hacer un supergrupo en donde todos compusieran y cantaran. Pero al final terminó siendo un proyecto netamente liderado por Charly. El público masivo le dio la espalda a este ensamble eléctrico, pero García consiguió un nuevo segmento: el de los muchachos gustosos del rock progresivo y serio, ausentes en la etapa anterior Sui Generis, donde más que nada había chicas. De La Máquina quizás la canción más famosa (o mejor dicho: más prestigiosa) es “Marilyn, la cenicienta y las mujeres”.
En 1978 llega Serú Girán, la tercera banda de Charly. En un comienzo el grupo es muy repudiado, pero luego fueron llamados, tanto por el público y la crítica, los “Beatles argentinos”. Si Charly era el John Lennon, cerebro de la banda, David Lebón era el Paul McCartney, el muchacho pop que, gracias a su voz finita y a sus estribillos entradores, ampliaba el público del grupo.
Se puede decir que las marcas personales del grupo son las siguientes: a) la voz aguda y el piano de García, 2) la voz ganchera de Lebón, 3) el bajo de Pedro Aznar, digno de Jaco Pastorius en los discos de Joni Mitchell, 4) las letras políticas de García (“Canción de Alicia en el país”, como ejemplo extremo), cosa que le agregaba complejidad al asunto y lo desligaba de ser un “grupo pop más con guitarras eléctricas”.
Estas letras justamente fueron las que, mayoritariamente, dieron a Charly el prestigio que tiene en la sociedad argentina como artista. Fue García quien criticó a la dictadura militar con metáforas complejas y representó así a una generación reprimida y amordazada. Hay que tener en cuenta que ésta era la época en que uno compraba el diario y sólo leía autocelebraciones del régimen.
Tanto en sus trabajos de Serú Girán como en sus primeros discos solistas García introdujo el tema de los crímenes del “Proceso de Reorganización Nacional”. De 1983 (dictadura en el poder, aunque débil) es su clásico “Los dinosaurios” que incluye la memorable línea: “No estoy tranquilo mi amor/ hoy es sábado a la noche/ un amigo está en cana” mientras reza “los amigos del barrio pueden desaparecer”. Es traer a superficie un asunto escondido en la cultura difundida en la época, pero muy popular en los comentarios juveniles.
García se despediría de la denuncia política en 1984, primer año completamente democrático. Justo cuando ese tipo de denuncia se convirtió en norma del movimiento cultural argentino. Ya había dejado de ser transgresor hablar de desapariciones, de censura, de autoritarismo. Surgían ficciones como La historia oficial apadrinadas por el alfonsinismo. García, allí, demostró que es primero un artista que un activista y prefirió eludir el lugar común aún con el riesgo de saltar al vacío.
Eso es justamente lo que le ocurrió después de 1985. Una lenta caída de la que nunca se recuperaría. Sus letras empezaron a ser cada vez más autocelebratorias (en el peor sentido de la palabra, ver “yo soy un vicio más” en “Vicio”), su música más precaria y su voz más indigerible. Nadie puede creer que el Charly de voz finita, creador de canciones como “Viernes 3am” sea el mismo que reivindica el rock cuadrado y pésimamente cantado de “El aguante”.
Sin embargo, las revistas de rock, ansiosas de tenerlo en tapa, lo siguen reivindicando. Siguen festejando cada uno de los nuevos LPs de él, mientras es obvio que la mayoría es indefendible. Charly García optó por molestar, por transgredir y así volver a innovar en el rock: le salió mal, pero al menos eludió el lugar común de convertirse en artista progre, en un León Gieco más. Prefirió intentar nuevos caminos a quedarse dormido en los laureles. La Argentina progresista que tanto le festejó sus letras de los 80 nunca le perdonará su abrazo con Carlos Menem y está bien que así sea. La Argentina receptora de arte rockero, por el contrario, debería felicitarlo: el concepto “say no more” fue una nueva muestra de su afán por romper con lo establecido.