domingo, 27 de abril de 2008

DISCO X DISCO REDONDOS

Gulp (1985) - ****1/2
El disco debut de la banda es excelente. No le veo tanta coherencia temática como sí tienen los álbumes posteriores. Pero es entendible en un primer LP (los grupos suelen incluír en sus primeros discos todas las canciones que hicieron durante los años previos al acceso a la edición, en el caso de los Redondos casi 10 años). Además, tiene siete temas de un nivel muy alto.
El grito de “fuego, fuego” en “Roto y mal parado” es indestructible. El estribillo de “Te voy a atornillar” (mi canción preferida de toda la historia de la banda) es perfecto: ese cambio de registro en la voz del Indio es lo melódicamente más interesante que hizo el artista en su historia. “Superlógico” es excelente, en especial los últimos segundos (cuando el “sí” después de haberlo hecho una señorita durante todo el tema, es hecho por el Indio). “Pierre, el vitricida”, en su brevedad, es hecho 100% por el magnífico saxo de Willy Crook (totalmente esencial en todo Gulp). Lo mismo puede decirse de “El infierno está encantador esta noche” (me gusta mucho la intro instrumental). “Unos pocos peligros sensatos” y “Yo no me caí del cielo” son para cantar en un auto con amigos, a todo lo que dá el volumen.
Hay dos temas que odio. Son “La bestia pop” y “Ñam fi fruli fali fru” (aunque me gusta la imagen de “voy a cuidar de mi amorcito/ que mordió el vidrio por demás otra vez”). De cualquier manera, este disco me encanta.

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Oktubre (1986) - ****1/2
El segundo disco de los Redondos es también su segunda obra maestra. Aquí sí aparece una unidad bien nítida en música y letras. La voz de Solari está más aguda que nunca y el sonido es inconfundible (muy oscuro, opresivo). Ninguna de las canciones de Oktubre podría estar en otro disco que no fuera éste.
Los 2 mejores temas son “Preso en mi ciudad” y “Ya nadie va a escuchar tu remera”. Pero me resulta muy interesante hacer una apología de “Música para pastillas”, en especial de la parte de guitarra (Skay, impecable) que se desata luego de que el Indio canta “pará mi amor, esto está muy Shangai”. Muy pero muy buen momento. “Motor psico” también me gusta mucho. La voz acá está hiper finita. Y las partes instrumentales son buenísimas, con el saxo a la cabeza.
La canción más prestigiosa de toda la historia del grupo es “Ji, ji, ji” y está incluída aquí. En mi opinión es la canción más floja de Oktubre. Sin ser mala, es la que menos me convence de este álbum magistral. Será porque nunca me convenció la línea de bajo o el famoso estribillo que dice “no lo soñé, ieeeé”. No sé. Pero bueno, el resto del disco me gusta mucho.

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Un baión para el ojo idiota (1987) - ***
Este disco es notablemente inferior a los anteriores. La voz del Indio se pone un poco más grave (la prefiero aguda). El único tema que salvo 100% es “Vencedores vencidos”, que por muchos años fue mi canción favorita de la banda, pero que hoy me parece una buena del montón (sé que un crítico no debería decir esto, pero admitámoslo: todos cambiamos un poco nuestros gustos con el tiempo, aún los críticos).
Otras buenas, que están lejos de parecerme obras maestras, son “Ella debe estar tan linda”, “Todo preso es político” y “Todo un palo” (agradable, pero muy larga). Pero el disco es mucho peor que los dos anteriores. De hecho: incluye la horrible “Vamos las bandas” y las flojísimas “Masacre en el puticlub” y “Aquella solitaria vaca cubana”.

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¡Bang, bang!… estás liquidado (1989) -
***1/2
Mucha gente me dice que este LP es su preferido. No comparto. Me parece que tiene buenas canciones, pero esas canciones no son para nada comparables a las mejores de los primeros dos discos. Aún así, ¡Bang Bang! es un muy buen trabajo, muy superior a Un baión para el ojo idiota.
Muchas referencias a la droga tienen este conjunto de temas. Obviamente siempre bajo el disfraz del lenguaje de la calle. En “Héroe del whisky” (muy buena canción) el Indio dice “tiene metido hasta las cejas/ un triste papel” o en “Rock para los dientes”, que dice “este mundo, esta empresa, este mundo de hoy/ que te snifa la cabeza una y otra vez/ en una línea y otra línea/ y otra línea más”.
Los buenos estribillos vienen de la mano de “Nadie es perfecto”. Otros temas recordables por su música son “Esa estrella era mi lujo” y “Nuestro amo juega al esclavo”. Ninguno de los dos me parece excelente pero están muy bien. Infladísimas por los fans (injustamente, ya que no son buenas) están “La parabellum del buen psicópata”, “Ropa sucia”, “Un pacman en el savoy” y “Maldición va a ser un día hermoso” (esta última, en su título practica el mismo juego de opuestos que el Indio había usado en “El infierno está encantador esta noche”).
 
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La mosca y la sopa (1991) - ****
Muchos dejan de lado este disco, ya que, en su momento, se convirtió en un éxito sin precedentes en la historia de la banda. “Un poco de amor francés” y, en especial, “Mi perro dinamita” sonaron en todas las radios pop y catapultaron a Los Redondos a la masividad (lugar que, obvio, rechazaron no apareciendo en televisión).
Para mí es uno de sus mejores discos. Si bien “Mi perro dinamita” es un rock cuadrado sin inventiva (la odiaba en el 91 y la sigo odiando ahora, a pesar de su letra simpática) “Un poco de amor francés” es una hermosa canción con una de las letras más directas y agradables del Indio. En mi opinión trata sobre la satisfacción de ir a un boliche y dar un beso francés a alguien de quien uno no está enamorado. No creo que sea más complicada que eso, pero eso ya está bastante bien. En especial las frases: “Esa tipa vino a consolarte” y “Es una copa de lo mejor cuando se ríe”.
También es bueno el nivel de “Toxi Taxi”, “El pibe de los astilleros”, “Tarea fina” y “Queso ruso”. Muy buena potencia, muy buenas melodías. Alcanzan para hacer muy atendible este disco. Los demás temas pasan desapercibidos, son aburridos o algo molestos.
 

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Lobo suelto, cordero atado (1993) - ***
Este álbum está compuesto por dos CDs que se venden por separado. Salieron al mismo tiempo y tienen cierta unidad conceptual. Creo que es el comienzo del fin del gran momento compositivo de la banda ya que está lleno de canciones intrascendentes (sin grandes partes recordables, muy aburridas). Pero bueno, es entendible que haya relleno en un conjunto de 25 temas. Lo que es feo es pensar que la mayoría es relleno.
Lobo suelto, cordero atado aprueba porque tiene ocho buenos pasajes. “Rock para el negro atila”, “Sorpresa de Shangai”, “Un ángel para tu soledad”, “La hija del fletero”, “Yo caníbal”, “Es hora de levantarse querido”, “Lobo estás” y “Etiqueta negra”. No todas son grandes canciones, pero al menos son dinámicas.
Igual, la mayoría es imposible de escuchar. Muy molesto en el caso de las bastante conocidas “Susanita” y “Caña seca y un membrillo”.
 

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Luzbelito (1996) - **
Si uno escuchaba el álbum anterior había un temor: que los Redondos se vuelvan solemnes, dramáticos, intrascendentes. Lo que antes ocupaba algo más de la mitad del disco, ahora se adueñó de la totalidad de lo grabado. Que pierdan la fuerza pop (porque aunque hagan marketing de la independencia, siempre utilizaron muchas de las mejores estructuras del género para sus temas) o las melodías gancheras es imperdonable.
La voz del Indio es más grave, la música más chata y previsible. Creo que casi no hay picos de emoción en este LP. Prácticamente ni un solo estribillo aprovechable, casi ni una sola estrofa para tararear. Parece insólito que los autores de Luzbelito sean los mismos que los de una canción como “Unos pocos peligros sensatos”.
Sólo un tema puede parecer simpático. Yo apenas lo apruebo, pero gusta mucho entre la gente y es el único (junto al horrible rock cuadrado “Mariposa Pontiac”) que tiene un prestigio similar al trabajo previo de la banda. Se trata de “Juguetes perdidos”, el tema que cierra el disco, el único melódicamente interesante (prestar atención a los cambios que el Indio hace con la voz a medida que avanza el tema, alcanzando el mejor momento mientras canta la parte que dice “cuando la noche/ es más oscura”), con una letra que hace referencia a los fanáticos de la banda (“banderas de tu corazón”).

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Ultimo bondi a Finisterre (1998) - ** 
No es el álbum innovador que algunos medios entusiastas vendieron. Los Redondos le agregaron máquinas a sus temas y eso no quiere decir que hayan hecho una revolución estética. Es más: ya muchos artistas habían intentado tomar el mismo atajo. Pero tampoco es el papelón que podría haber sido (“Las increíbles andanzas del capitán Buscapina en Ciber Siberia” queda bastante bien con los ruiditos).
El problema es que la mayoría de las temas (salvo también a “Gualicho” y tal vez “Alien Duce”) están enfermos de la misma gravedad que aquejaba a Luzbelito. La actualización rítmica es intrascendente cuando no hay imaginación para la creación de melodías. ¿Dónde quedaron los estribillos de Gulp? O el Indio se creyó que la música buena es la menos accesible (inaccesible para todos sería esto) o cayó en la misma depresión creativa que sufrieron colegas como Charly García durante la misma época.
Los bodrios “Scaramancia”, “El árbol del gran bonete” y “Drogo Cop” no hubieran siquiera llegado a ser demos durante los 80. Es insólito que el Indio se permita grabar eso teniendo en cuenta su pasado. Estaba para mucho más.

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Momo Sampler (2000) - **
 

Peor que el anterior y al nivel de Luzbelito, es decir, un LP para dormir. Aquí la tecnología convive un poco mejor con el rock clásico de la banda (en Ultimo bondi sonaba, aunque no mal, como “ruidito”). Pero nuevamente se trata de un somnífero.
Indio canta con voz muy grave. La mayoría de las canciones son lentas o si no lo son, se hacen eternas por la voz monocorde (es horrible cuando se hace el árabe). La guitarra está complemente tapada y se vé que Skay no sabe qué hacer entre tanta capa de sonido moderno (dos años después, ya solista, volverá a los grandes riffs con “Oda a la sin nombre”).
En Momo Sampler hay un solo tema que zafa: “Murga de la virgencita”. El resto es densísimo. ¿Y las letras? Qué importan las letras cuando no hay música. Esto es rock, no literatura. Que la crítica de rock haya comprado esto es una de las vergüenzas nacionales recientes.
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SKAY BEILINSON:
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AGREGADO EL 21 DE AGOSTO DE 2008
A través del mar de los sargazos (2002) - ***1/2
No lo esperaba. Skay en los Redondos mantenía un discreto segundo plano y ya me lo imaginaba en silencio como Zeta Bosio (Soda) o lanzando discos con poco impacto como Flavio Cianciarulo (Cadillacs). Pero no: el señor Beilinson se despachó con un álbum realmente bueno, que más allá de la inclusión de alguna maquinita, es una vuelta a los orígenes de su ex banda.
De este LP me gusta mucho como se integra la guitarra eléctrica en la estructura melódica de las canciones. Acá hay cero exhibicionismo gratuito y, por eso, sobresale Skay como un instrumentista ampliamente disfrutable. Doy dos ejemplos: “Oda a la sin hombre” (que tiene el mejor riff en mucho tiempo) y “Astrolabio” (que empieza lenta y termina con toda la polenta, aunque choreandole un poco a “Angel” de Aerosmith).
Otro aspecto a destacar es que en A través del mar de los sargazos, Skay se anima por primera vez a cantar. Muchas veces lo hace con la ayuda de efectos que esconden su voz, pero otras veces se muestra natural (escuchar el muy buen reggae lento “Entre el cielo y la tierra”). Hay que decir aquí que el resultado es positivo.
A las canciones anteriormente nombradas, sumo en el medallero a “Kermesse” (que empieza con sonidos tipo ¡Michael Jackson! y termina típicamente Redonda), “Alcolito” (de estilo yugoslavo) y “Síndome del trapecista” (con un estribillo impecable).
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AGREGADO EL 21 DE AGOSTO DE 2008 
Talismán (2004) - **1/2
Pasado el impacto sorpresivo del primer disco, aquí Skay se jugaba la consagración. Yo creo que no estuvo a la altura del desafío, debido principalmente a que las canciones son más de lo mismo (una especie de actualización del álbum previo).
Pero no sólo es eso. En Talismán hay tres patinadas groseras: “El golem de la Paternal” es una de ellas. No se entiende como esta canción rutinaria, de estrofa previsible y estribillo horroroso (“ahu ia ia”) fue uno de los cortes de éste disco. Un problema parecido tiene “El gourmet del infierno” en el que Skay canta con una voz sobreactuada (y horrible) “muy buenas noches, bienvenidos al show/ hoy les prometo un poco de felicidad/ ia ia ia ia ia ia iaaa”. En el tema “Presagio” el inconveniente es otro: es muy molesta la inclusión de una voz femenina aguda que canta en registro lírico (hace al track inescuchable).
No obstante, hay que reconocer que algunos momentos atendibles hay. No salvan al disco, pero al menos evitan el descarte indiscriminado.
Nombro tres buenas letras: “Flores secas” (una especie de contraposición entre los detalles barriales y los centros metropolitanos que me hizo acordar al primer Borges), “Lluvia sobre Bagdad” (sobre la invasión yanki a Irak, vista desde el punto de vista de la persona que recibe una bomba) y “Boggart Blues” (escrita por el periodista Claudio Kleiman, que hace una comparación entre los desatinos amorosos de la vida diaria y los finales de las películas de Hollywood).
Además de esto hay tres temas que por la música zafan: la mencionada “Flores secas”, “Paria”, “Abalorios” y “La ley del embudo” (aunque… ¿no se parece un poco al clásico redondo “Blues de la artillería”?).
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AGREGADO EL 21 DE AGOSTO DE 2008
La marca de Caín (2007) - **
Este disco abre con una canción excelente: “Ángeles caídos” (con una letra abierta a múltiples interpretaciones, me encantan las líneas de texto que dicen: “Entrás en barrios custodiados/ llevabas como escudo la remera del Che/ apretado, en el pecho/ el rosarito blanco que la Chiqui te dio”). El problema es que es el único tema destacable y deja al álbum completamente expuesto a la demolición. La marca de Caín es bastante peor que los dos LPs anteriores.
Casi no hay temas molestos (“Soldaditos de plomo” sería el único, con un estribillo horrible en el que Skay se hace el Elvis), aquí el inconveniente es otro. La mayoría de las canciones son francamente intrascendentes. No tienen giros melódicos que llamen la atención y eso, la verdad, hace al disco prescindible. Personalmente no lo voy a escuchar completo nunca más.
Sí, obvio, pondré la mencionada “Ángeles caídos” y los últimos 2 minutos de “El fantasma del quinto piso”. Ambos fragmentos condensan toda la potencia que al resto de los temas les falta.

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AGREGADO EL 8 DE SEPTIEMBRE DE 2011
¿Dónde vas? (2010) ***
            No sé muy bien que pensar de este disco de Skay. Gustó mucho entre varios de mis amigos pero a mí tanto no me llegó. Es muy superior a lo que está haciendo el Indio, pero yo no sé si llega a ser aprovechable realmente. Lo apruebo por que tiene tres canciones destacables pero el resto me resulta indeferente y hasta repudiable.
            Voy a comenzar describiendo lo bueno. En la canción “En el camino” es mangífica la parte melódica de voz que aparece cuando dice “extranjero en el redil”. Otro buen fragmento está en “Territorio caníbal”. Si bien la estrofa no es tan mala, lo que demuele es el estribillo: “nuevos envases de competición/ bajó el neón lucen perfectos”. Un muy buen cambio musical logra Skay allí. De cualquier manera, el mejor tema del LP, para mí,  por varios kilómetros de distancia, es “Lejos de casa”. Cuando menciona el nombre tema, la guitarra hace maravillas. La diferencia de calidad en el sonido de la viola entre este disco y el último de Solari es abismal.
            Ahora menciono lo malo. El aire árabe de “La luna en Fez”, la primer canción del disco, ya me bajonea. El estribillo de “Aves migratorias” arruina el tema (“vuelan y se van”). Lo mismo ocurre con “Suelo chamán” (inexplicable el “hipihey-hipihayhou”, ¿qué es eso?). “Tarde de lluvia” tiene efectitos que no sé si van mucho con Skay (descubrí por ahí algún aroma a “Paranoid Android” de Radiohead). En “Aplausos en el cosmos” no me gusta como canta la palabra “humanidadddd”.
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INDIO SOLARI
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AGREGADO EL 21 DE AGOSTO DE 2008
El tesoro de los inocentes (2004) - ***
El estilo de este primer disco solista del Indio es bastante similar al de los últimos LPs de Los Redondos. Es decir: grave, solemne, aburrido. La mayoría de los temas caen en eso. Es difícil escuchar el álbum de principio a fin sin aburrirse.
Sin embargo, hay tres excepciones. Tres buenas canciones (algo que yo casi no encontré en Luzbelito, Ultimo bondi a Finisterre y Momo Sampler). En todas se destacan tanto la letra como la música.
La primera que nombro es “Pabellón séptimo”, sobre un preso que muere (un amigo del Indio, para más datos) que es un retrato crudo de la injusticia en las cárceles argentinas. Es buena la descripción, pero sobre todo es cautivante la manera en que el Indio homenajea a su amigo. El tema culmina con la frase “Y nunca ya/ voy a olvidarte, Pablo nunca”. Ese fragmento puede parecer algo trillado, pero lo que suma es que se logra un contraste entre el ruido de la casi totalidad del tema y la despojada instrumentación que acompaña la frase. Eso es lo que deben hacer los rockeros: escribir buenos textos, pero también vestirlos de una música que los haga más fuertes, que les corresponda y que los acompañe dramáticamente.
La segunda es “El tesoro de los inocentes” (la canción que da título al álbum). Aquí es muy bueno el manejo de la guitarra eléctrica. Hay dos momentos magistrales: el segundo 0:30 y el segundo 2:27. Allí se escucha nítidamente el excelente riff triunfal que caracteriza al tema. Aclaro: en el resto del track, sobre el mismo acorde, el primer plano es ocupado por la voz. Este riff queda realmente muy bien. La letra también es buena y muestra, nuevamente, a un Indio más directo que en los Redondos. Sólo basta con escuchar la frase “Si no hay amor/ que no haya nada entonces”.
El tercer tema bueno es “To Beef For Not To Beef”. Para mí el mejor de todos. Trata sobre un hombre que cuenta como intentó cruzar la frontera de México a Estados Unidos. Más allá de tener una letra excelente (“tonto de mí/ que allí silvé la cucaracha”, “Y por todo el ruido ruido/ ese del futuro allí/ leen el evangelio según Hitler a la hora de almorzar”), tiene una melodía inmejorable, unos gritos mexicanos de fondo y una guitarra acústica que entra en el medio, que está perfectamente incorporada y es muy agadable.
También hay temas malos: verdaderos papelones. Son también tres: “Charro chino” (el Indio subido al house, “marcha ortodoxa” en el idioma que entiende la mayoría), “Tsunami” (en donde el artista hace una especie de rap) y la peor, “La piba del Blockbuster” (cantada en un tono sensual que da vergüenza ajena). 

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AGREGADO EL 21 DE AGOSTO DE 2008
Porco Rex (2007) - **1/2
El disco más dinámico de Solari desde Lobo suelto, cordero atado, o sea: desde hace casi quince años. Y no lo digo porque el artista aquí haya dejado (casi) a un costado las maquinitas, lo digo principalmente porque aquí no hay nada aburrido, porque todas las canciones son coreables por quien escucha.
No obstante, debo decir que creo que no hay picos, que no hay composiciones irresistibles. Es un LP más correcto que otra cosa. No tiene esa canción que hace la diferencia (como si la tenía El tesoro de los inocentes).
Comento algunos temas: El primero del disco, que tiene algunas buenas frases de esas que el Indio sabe hacer (“Pedía siempre temas en la radio/ y nunca los quería oír”). Hay cierta fuerza en el track pero dista mucho de ser una obra maestra. Lo mismo ocurre, por dar dos ejemplos, con “Ramas desnudas” (que tiene un buen corito que hace “uh uh”) y con “Te estás quedando sin balas de plata” (que sería una horrible canción sino fuera por el estribillo que dice “hay en tu voz/ un dolor ligero” que cambia totalmente la melodía y es algo innovador).
En conclusión: si bien no me guardo ningún tema, felicito al Indio por salir del estatismo que lo aquejaba. Muy probablemente en el próximo álbum entregue algunas perlas que hagan que nuestros oídos nos vuelvan a exigir su música. Eso, junto al dinamismo que, como caracterizó a este disco esperamos que caracterice a los futuros, lo colocarán de nuevo en un gran nivel.

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AGREGADO EL 8 DE SEPTIEMBRE DE 2011
El perfume de la tempestad (2010) **
Detesto el sonido que le sacan en este LP a la guitarra eléctrica. La viola está más chirriante que nunca y está presente en practicamente todo el disco. A veces está de fondo (la primera parte de “¡Todos a los botes!”), a veces en primer plano (punteos en el final de “Torito es muerto”). No me gusta en ninguna de sus formas. Creo que ese es el principal problema de El perfume de la tempestad. La voz del Indio, tan madura como pesada, tampoco ayuda.
            Podría, por supuesto, nombrar algunos momentos destacables. El ganchito melódico de “No es dios todo lo que reluce” (cuando dice “sonríen todo el tiempo y se hacen ver/ por lo felices que están de sonreír”) está OK. El estribillo de “El tábano en la oreja” tiene onda. El aroma al U2 de los 80 que tiene el comienzo de “Black Russian” me gustó. Los vientos de “Una rata muerta entre los geranios” están bien puestos.
            Pero hay desatinos muy grosos. El grito de “¡aleluya!” de “Submarino soluble” es inentendible. La melodía infantil de “Satelital” no es digna para nadie y menos para alguien que compuso Gulp! y Oktubre. “ZZZZZZZ” provoca en el oyente lo que el título anuncia (chiste fácil pero no falso). El remate de “Chante Noire” es flojísimo (parte que dice “¿Qué pasa en tu nube hoy?/ ¿qué ocurre en tu nube hoy?”). En fin, mucha mediocridad.
De cualquier manera, y para finalizar, creo que es conveniente analizar al LP desde la Gestalt, la legendaria escuela alemana de psicología de la percepción. Aquí el todo es peor que la suma de las partes. Por eso es que la mejor definición que le cabe a este disco es decir que es “denso”.