viernes, 10 de octubre de 2008

DISCO X DISCO CATUPECU

Dale (1997) - **1/2
Primer disco de la banda. Año 1997. Definido por ellos mismos como hardcore (he visto que en muchos lugares lo califican como un disco ecléctico, con varios estilos musicales pero a mí, exceptuando “La polca” y “Ritual”, me parece bastante homogéneo). A eso se le suman letras de autoayuda como la de “El sueño” (“Puedes vivir para ver/ el amanecer”).
A mí me molesta un poco que el bajo esté tan alto: en “Calavera deforme”, por ejemplo, es omnipresente ese sonido (aunque me gusta la voz secundaria que hace de corito cuando se canta el nombre del tema). También me molesta lo que hace con la voz Fernando Ruiz Díaz en “Los tres deseos” (exactamente cuando canta “Lo pasado, pesado”). Cae, con esa forma de cantar, en el lugar común del género. Aclaro, que, a pesar de eso, “Los tres deseos” es una de las mejores canciones del disco.
En resumen: un LP que le debe gustar mucho a quienes escuchan a Fun People, Bad Religion, NoFX. Yo paso. Ni el estilo preponderante en la interpretación ni la calidad melódica mayoritaria me llaman la atención. Pero no es un disco malo para quien sigue este género.

Cuentos decapitados (2000) - ****
Un gran progreso para la banda. Sobre todo por la inclusión de dos canciones excelentes: “Y lo que quiero es que pises sin el suelo” y “Entero o a pedazos”. En esta última lo que se destaca es la parte en que Fer Ruiz Díaz canta: “ví ayer, oh, tan lejos oh”. El cambio musical entre lo que viene sonando y esa parte es muy bueno.
Al estilo sonoro del disco lo veo mucho más llevadero que en Dale. Menos pendiente de la fuerza de los instrumentos y más de lo bello de las construcciones melódicas. Las dos canciones anteriormente nombradas y el tema que da título al álbum son prueba de ello.
De cualquier manera, tampoco vamos a exagerar: “Perfectos cromosomas” y “Eso espero” son buenas, por la polenta, al mejor estilo del disco anterior. Y “Eso vive” no es ni siquiera buena (siempre la odié y nunca entendí la locura que desata en los boliches).
Como dije en el artículo principal de este especial, es sorpresivo el cambio de estética del grupo (pelo engominado en los videos, línea de texto que dice “DJ de turno/ no pongas fin”). Bienvenido el cambio entonces. Siempre hay que festejar cuando se elude lo previsible.
Nota: me encanta el experimento “Mamá me dijo que no viniera” (“¿¿¿y qué dijo mamá???/ que no vinieraaaa”). Tal vez la hicieron en cinco minutos, pero es muy efectiva, sobre todo por la muy graciosa voz de Fernando Ruiz Díaz.

Cuadros dentro de cuadros (2002) - ***1/2
El recurso a las maquinitas es un clásico de los últimos tiempos (nótese la contradicción): cuando una banda quiere aparecer como innovadora, en lugar de hacer construcciones musicales diversas o intentar crear ritmos nuevos, se recurre al instrumento tecnológico “futurista”. Y el resutado casi siempre es negativo, porque, obviamente, con nueva tecnología no siempre se construye futuro.
Catupecu es la excepción. Porque es el ejemplo de un gran uso de la electrónica. Como dije antes, hay que ir hasta Nine Inch Nails (para ser más precisos: los discos The Downward Spiral y The Fragile) para ver un uso tan efectivo de las máquinas. Quiero decir con esto: lo electrónico hace verdaderamente a los temas.
Veamos “Origen extremo”: ¿se puede hacer el track de otra manera, diferente a la que fue grabado? ¿se puede hacer con otros instrumentos? No, la tecnología es escencial para la canción y no algo accesorio.
Hay cuatro temas excelentes: el anteriomente nombrado, “Cuadros dentro de cuadros”, “Grandes esperanzas” y la versión de “Hechizo” de Héroes del Silencio.
Lamentablemente a veces caen en la (involuntaria) autoparodia: me acuerdo de una tapa de Rolling Stone con todos conectados a cables o el “resetear/ resetear” de “Batalla”. Pero eso no opaca este muy buen LP.

El número imperfecto (2004) - **1/2
Mucho más conservador que los dos discos anteriores. Contiene el excelente cover de “Plan B: Anhelo de satisfacción” de Massacre (todo el tema es disfrutable pero ¡qué buena es la parte melódica que aparece cuando Fernando canta “mi alma, mi alma, mi alma” y luego “no hables, no hables, no hables”, fíjense que el contraste entre lo que viene y esas notas es bellísimo). El número imperfecto también incluye el buen track “Magia veneno” (agradable aunque no óptimo).
Los temas aprovechables son mucho menos que en los LPs anteriores (podríamos sumar a los nombrados: “En los sueños” y “A veces vuelvo”, pero son buenos hasta ahí).Y hay varios pasos en falso: prácticamente todo el resto del disco (¿giros musicales de Cuentos decapitados? ¿Dónde quedaron?).
Las letras muestran cierta negrura, oscuridad. Esto contrasta indudablemente con los textos de los primeros álbumes, mucho más optimistas. Hay que decir que estas nuevas líneas no son mucho mejores. “Algún refugio habrá/ para ocultarme de esta feroz tormenta”, ya se ha escrito. En general, no creo que los Catupecu hagan letras interesantes. Su virtud pasa por otro lado: combinar fuerza con destreza melódica. Eso, excepto por un cover (que es creación de otra banda) y algún tema aprobable, está ausente en este disco.
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AGREGADO EL 12 DE ENERO DE 2010
Simetría de moebius (2009) - ***
Este oscuro disco es, durante la mayor parte de su extensión, mucho más difícil de asimilar que los anteriores LP de la banda. Voy a dividir los temas en tres grupos para analizarlos mejor.
En el primer conjunto están las canciones más pop del CD. Son claramente minoría y fueron las que, por supuesto, me gustaron después de la primera escucha. Se llaman “Nuevo libro” y “Cosas de goces”. Son lo bueno previsible, agradan sin sorprender. A medida que uno vuelve a escuchar el disco gustan cada vez menos y ahí uno empieza a percibir que Simetría de moebius tiene cosas mejores.
Esas cosas mejores forman el segundo grupo. Son buenos tracks (tres como mínimo) que tienen formas alternativas a las que la banda transitó en el pasado. Hay que escucharlos tres o cuatro veces para encontrarles la vuelta. Para ejemplificar con un sólo recurso innovador, aunque hay más, diremos que muchas veces los temas comienzan con breves melodías (tocadas con piano, sintetizador o guitarra criolla, según la ocasión). Esas melodías están en un comienzo casi despojadas de apoyo instrumental pero luego, con el correr de la canción, terminan haciendo éllas mismas de base. Esto ocurre en tres de las mejores canciones del CD: “Piano y RD”, “Alter ego… grito alud” y “Simetría de moebius Barolo y Salvo”. Es un recurso agradable y está lejos de ser azaroso: es una de las constantes estéticas del álbum.
El tercer grupo está compuesto por canciones tan complejas y oscuras como las anteriores, pero que resultan malas, solemnes y aburridas. Son “Juego sagrado” y “Víbora vientre”. Ahí uno duda. ¿Es este un LP visionario como en su momento fue Dynamo de Soda Stéreo (la comparación la hizo un forista en el sitio de Rolling Stone) o es más bien un tropezón con la oscuridad que se da aires de complejidad como fue el fallido Adore en la carrera de los Smashing Pumpkins? Calculo que es un poco las dos cosas.
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CUENTOS BORGEANOS
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Fantasmas de lo nuevo (2002) - **1/2
En este primer disco de la banda, la conexión con la obra de Jorge Luis Borges es bastante importante. En todos los temas aparecen referencias al tiempo y a realidades (o mejor dicho: ficciones) paralelas.
Es más: hasta hay citas casi textuales que se utilizan para despejar dudas. La canción “Fantasmas de lo nuevo” dice: “Volver al principio y al final/ ruinas que circulan/ volverán con aire soñador/ volverán fantasmas de lo nuevo”. En tanto, el tema “Irrisorias formas” dice: “Donde se confunde el modo y la razón/ sobre los jardines de senderos duros”.
Al estilo musical lo veo algo similar al de Foo Fighters (de hecho: se podría hacer una analogía entre el ex baterista y actual líder Dave Grohl y el ídem Abril Sosa). Podríamos llamarlo tal vez punk-pop.
Se destacan las canciones “Gritar dolor” (con el efecto de voz “telefónica”, pero con un buen entre), “Pabellón cero” (una especie ska que pone mucha luz al disco y lo saca de la oscuridad) y la lenta “Tras los sueños” (que tiene un buen corte entre estrofa y estribillo).
Una curiosidad: en la tapa, debajo del nombre “culturoso” de la banda, aparecen todos los integrantes de Cuentos Borgeanos haciendo una producción de fotos. De ese cruce entre lo fashion y la “importancia literaria” surgiría la historia de la banda.

Misantropía (2004) - **
No me gustó para nada. Un disco pálido, casi sin atractivos. Puedo llegar a salvar a “Marzo”, a “Mírame” y a “Tu voz”. Pero cuando digo “salvar”, quiero decir: “no las entierro, pero tampoco me las llevo a casa”.
Hay diez temas decididamente prescindibles donde no hay ningún atractivo melódico. Analicemos “Te desconocí”: ¿es útil después de toda la historia del rock? ¿y, además, es disfrutable teniendo en cuenta que no tiene ningún gancho que cambie el hilo musical para algún lado? Puse este tema como ejemplo, pero podría haber puesto cualquier otro, la mayoría cae en los mismos problemas.
Cualquiera que venga leyendo este blog se dará cuenta de que cada tanto nos topamos con este tipo de discos: no tienen algo repudiable, no ofenden. Pero tampoco valen la pena. Yo personalmente creo que para que un disco nos parezca bueno, nos debe incitar al retorno. A que lo volvamos a escuchar. De acuerdo con esa forma de mirar las cosas, Misantropía es un completo fracaso.

Felicidades (2007) - **1/2
Disco directamente pop. Tiene una base rock, pero tanto las letras, como los giros melódicos son más conservadores que en los discos anteriores (de Borges, de más está decir, ya casi ni noticias). La cosa rindió sus frutos: el éxito les llegó de la mano de esta simplificación y de una hábil campaña de diseño orquestada por su compañía discográfica multinacional (tapa del disco, página web, 70.000 “portfolios” de fotos en revistas). Esto de por sí no tiene nada de malo y el LP debe analizarse estrictamente por el resultado musical. Lo pongo, sí, para contextualizar.
Empecemos por los halagos: de Felicidades me gustaron bastante dos temas. Son el corte “Eternidad” y el track “Si despertás”, este último irresistible por su parte instrumental compuesta por batería-guitarra (también hay bajo, pero lo considero secundario). Son dos buenas canciones. Eso, y la frescura que puebla el disco, le alcanza para superar ampliamente al LP anterior.
Ahora los problemas: Las canciones son bastante similares entre sí. La voz de Abril contribuye mucho a eso: siempre empieza contenida y luego explota en agudito. No sale de eso. Pero la cosa es mucha más seria aún: el gancho es…¡¡¡el-mismo-en-tres-temas-diferentes!!!! (detallo: minuto 0:36 de “Eternidad”, 1:00 de “Felicidades”, 0:26 de “Mis palabras”). Fíjense que el recurso es exactamente el mismo. Queda un olorsito a truchada que sólo termina de hundir a un disco débil.
Sintetizando: no se me entienda mal. El problema no es que sea pop. No le reprochamos a la banda “que se haya vendido”. Muchos de los mejores discos de la historia se hicieron con fuerte apoyo publicitario y pensando en públicos masivos. El problema es que Felicidades está falto de un número aceptable de picos de interés (pocas melodías buenas) y es repetitivo (hasta la burla).
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AGREGADO EL 17 DE OCTUBRE DE 2009
Psicomágico (2009) - **1/2
Lo mataron en la Rolling Stone. Si bien le ponen tres estrellas, lo demuelen en el comentario. Acusan a Abril de darse aires de importancia literaria (referencias a Borges, Sábato y demás) y de no tener como apoyarlos. De caer en los lugares comunes de la autoayuda. En fin: el tipo lee todo eso y se pone a llorar.
Para mí este LP está un poco mejor que los anteriores, pero no me parece aprobable. Las mejores son las últimas dos canciones: “Hablé con él” y “1999”. Esta última no tiene relación con el clásico de Prince. Se trata de un tecno marchoso. El resto de los temas acompañan algunas veces bien (“Estás vivo”, “La pregunta”) y otras mal (“La dulce espera”, “Pequeña luz”).
Pero en general, como dice la Rolling, lo que resalta es cierto facilismo en las letras. La frase “pueden venir con sus bombas/ pueden seguir con sus normas” del corte “Resistir” me hace acordar a esas veces que uno, de chico, se ponía a componer canciones y le salían así de simples. Me parece muy básico. Son contrucciones elementales que puede hacer un niño. Imperdonable para un artista profesional.
Otra cosa que molesta es la voz de Abril. No podría describirla de manera aceptable pero escuchen, como ejemplo, el minuto 1:13 de “La pregunta”. Es como prefabricada. Exagera las “eee” (aunque de manera diferente a Ciro de Los Piojos). En fin: no lo banco cuando canta así. Imposta la voz. Suena tan artificial como Shakira y Patricia Sosa.