martes, 25 de noviembre de 2008

CELESTE CARBALLO


PERFIL DE CELESTE
Rock de la mujer perdida

Si exceptuamos algunos escasísimos casos, el rock argentino es un terreno de hombres. Esto es fácilmente comprobable si uno recorre sitios enciclopédicos como Rock.com.ar. Allí queda claro: poquísimas mujeres por letra. No me maté contando, pero si alguien lo hace seguramente va a comprobar que la proporción debe andar en un 90 a 10. De hecho, me acuerdo cuando la revista Rolling Stone, en una de sus encuestas anuales entre críticos, declaró “Rubro desierto” al de Mejor Artista Femenina.
Esto último nos puede llevar a sacar la drástica conclusión de que la mujer fue intrascendente a lo largo de la historia del rock nacional. Pero no nos engañemos por las apariencias. En el pasado sí existió una cantante que llegó a disputar la hegemonía masculina.
Estoy hablando de Celeste Carballo, la más talentosa de las rockeras argentinas. Lamentablemente ha quedado en el olvido de las nuevas generaciones pero su obra sobrevive y merece una reivindicación. Incursiones por el blues ortodoxo y por el tango la alejaron del alto perfil que había tenido en sus muy buenos discos de los años 80. Sólo el penoso rescate emotivo y nostálgico que se dio en los últimos años logró, más o menos, ponerla algunas horas en la radio Mega.
El primero de los atributos que definen su obra es su voz, que casi siempre es maravillosa. El uso del agudo no tiene comparación en la Argentina (tal vez la Fabiana Cantilo de Los Twist se le acerque, pero no la alcanza). Sin embargo, hay que decirlo, a veces, esa misma voz tan potente sobreactúa los blues (“Desconfío de la vida” por ejemplo) o grita en exceso (como muestra: “Corazón de neón”).
Otra de sus marcas personales tiene que ver con la variedad de estilos de música que ha recorrido: fueron varios (folk, blues, punk, tango). No voy a calificarla de “mutante” como lo hizo el diario Clarín en un perfil publicado este mismo año. No creo que esa sea su particularidad más trascendente. Pero sí admitiré que nunca se ha quedado cómoda con un género, y que eso está muy bien.
Una última característica destacable refiere a su talento para la composición: son varios los buenos temas. Destierran completamente la posibilidad de que se trate de casualidades. Celeste no fue simplemente una vocalista segundona que acompaña a líderes del rock (aunque lo hizo alguna vez para Peter Gabriel, Charly García y Los Twist, para estos últimos en la excelente “Ulises y las sirenas”), ni tampoco una intérprete de temas ajenos (como Cantilo). Fue una cantante-compositora de las buenas, llegando a tener real importancia dentro del panorama nacional.
Bueno: comencemos con su trayectoria. Su primer LP apareció en 1982. Se tituló Me vuelvo cada día más loca y su tema más famoso fue “Es la vida que me alcanza”. También pegaron “Querido Coronel Pringles” y “Una canción diferente”. Esto hizo que el disco fuera un suceso comercial. El estilo es pop con importantes fragmentos de blues.
Para Mi voz renacerá, segundo disco, primarán los estilos folk (el tema del título, con armónicas, remite directamente a su admirada Janis Joplin) y las baladas soft tipo “barcito tranquilo y perdido a las 3 de la mañana”. Este LP tendrá mucha menos repercusión que el anterior, ya que es un poco más débil artísticamente (o al menos, tiene un perfil más bajo).
En 1986 se produce el primer giro en la carrera de Celeste: Arma una banda llamada La Generación y se pone a cantar temas punks. La imagen de inocente cantante muñida de guitarra acústica queda a un lado, dejando lugar a una artista contestataria que no duda en meterse en un género rudo. Charly García produce el LP y el resultado es más que atendible.
Pero esa imagen de rocker (para muchos una pose, no para mí) se evapora en 1988. Carballo forma un dúo pop con Sandra Mihanovich y sacan dos LPs con importante éxito de ventas. Sandra y Celeste (así se llamó el conjunto) eran pareja en la vida real y admitieron su homosexualidad en esa época. De hecho Mujer contra mujer, el segundo disco de la banda, tiene un cover del grupo español Mecano que trata sobre la discriminación que sufre el lesbianismo por parte de la sociedad.
En 1993 Celeste se aleja de Sandra y lanza Chocolate inglés, un LP completamente redondo (su mejor trabajo hasta la fecha). El éxito comercial vuelve a ser importante pero esta vez el reconocimiento crítico no se queda atrás. La artista gana varios premios ACE (los Gardel de la época) y se consolida como LA rockera femenina de la Argentina.
Sin embargo, allí se inicia el declive. Nunca se recuperaría de él. El público comienza a ignorarla, las discográficas no ayudan y los impopulares estilos musicales que aborda, mucho menos. Las nuevas generaciones comienzan a desconocerla y el resultado es que una gran artista se ha perdido. Para mejor: nadie reclama su vuelta a las grandes ligas. El periodismo parece ignorar sus épocas doradas.
Live at the Roxy (aparecido en 1995) es un disco blusero repleto de covers. Tercer infinito (de 1998) es un álbum con composiciones propias pero tan cuadrado como el anterior. En fin: barranca abajo los dos.
Para peor: a comienzos de esta década realiza un manotazo de ahogada, patético por donde se lo mire. Embalada por la reposición de sus viejos hits en la radio Mega, lanza en CD dos recitales acústicos de valor nulo. En el primero (de 2001) interpreta sus grandes éxitos en versiones unplugged. En el segundo (de 2004) hace versiones de canciones famosas del rock nacional (cualquier similitud con el marketinero Inconsciente colectivo de Fabiana Cantilo no es pura coincidencia).
Para 2008 realiza Celos, un disco que condensa las interpretaciones de tangos que venía haciendo en los últimos años. El resultado no es malo, pero termina por coronar la desconexión entre el público rock y la artista. Una lástima: Celeste supo reivindicar a la mujer en un género que siempre la niega. Hoy nadie se acuerda de ella. Sin embargo, quedan sus mejores discos. Allí van mis comentarios y un consejo: ¡escúchenlos!