martes, 25 de noviembre de 2008

DISCO X DISCO CELESTE

Me vuelvo cada día más loca (1982) - ***1/2
Un álbum que incluye “Una canción diferente” no puede pasar desapercibido. Esta balada, una de las mejores del rock argentino, no sólo es hermosa, sino que está fuertemente realzada por los magníficos agudos que Carballo realiza con su voz. Hasta el mismo David Lebón, que también canta en la canción, queda eclipsado.
Pero éste no es el único buen momento del LP. “Querido Coronel Pringles” y “El último blues” también son agradables. En menor medida gustan “Que suerte que viniste” y “Ahora estoy en libertad”. Son temas folk y blues, estilos que preponderan en este primer disco.
El lado malo aquí está en el hit “Es la vida que me alcanza” (que terminó por cansarme) y en la insoportable sobreactuación que hace Celeste con la voz en “Desconfío de la vida” de Pappo.

Mi voz renacerá (1983) - ***

Comparado al disco anterior, este segundo LP tiene un perfil mucho más bajo (no hay ningún hit nato). El estilo musical es algo ecléctico: hay folk con armónica estilo Janis Joplin (el tema del título), balada soft (“Maya”, “El dueño del cielo azul”), rockito-pop (“Ahora me quedo más tranquilo”, “Con la misma sangre”). En fin: todo el abanico de estilos que la cantante hacía en esa época.
Mi voz renacerá incluye dos canciones marcadamente molestas: el blues “Adonde van” y el jazz vocal “La piara (los cerditos)”. Ambas están muy perjudicadas por exageraciones en la forma de cantar. Celeste intenta incorporar acting, pero termina haciendo papelones y tirando a la basura su incomparable fuerza interpretativa.
Hay que decir también que hay espacio para buenos momentos: “Mi voz renacerá”, el tema, es de esos que el León Gieco de los 70 admiraría. “Con la misma sangre” es un rock irresistible (la mitad del mérito la tienen los coritos masculinos). En tanto la balada “El dueño del cielo azul” lo pone a uno en la atmósfera de un bar desierto, melancólico, a las cinco mañana.

Celeste y la Generación (1986) - **** 

El disco punk de Carballo. Sorpresa completa producida por Charly García. Hay que tener en cuenta que la artista venía del folk con guitarrita. No queda nada mal esta transformación. Seguramente, por la voz femenina, algunos machistas dirán que sólo se trata de una pose pop. Mentira: la fuerza punk es indudable. Nombro dos momentos que no dejan dudas: “Seré judía” y “Los poetas de Latinoamérica” (el grito de “hey”, hey” que se escucha por el final de la canción es excelente, y completamente acorde con el género). La mina está completamente a la altura de la cosa.
Las letras están impregnadas de una violencia contestataria que toma partido por América Latina en contra de las potencias (“Me están persiguiendo los Nazis, ¿Qué pasa? ¿Seré judía? / Me están persiguiendo los yankis ¿qué pasa? ¿Seré latina? / Inglaterra me mira de lado, socorro ¿seré argentina?”) y que nunca deja de ser optimista (“el invierno fue de los necios/ y la primavera será nuestra”). Casi revolucionaria diría.
Una curiosidad para cerrar: A pesar de tener uno de los mejores despliegues punk de la historia del rock argentino (sino el mejor), Celeste y la Generación es sobresaliente por dos canciones pop maravillosas: “Sabemos que vuelvo pronto” y “Buscábamos vida”. Las recomiendo fuertemente, en estas versiones originales y no en las pasteurizaciones del fallido disco unplugged de 2004.

Somos muchos más que dos (1988) - **1/2
Después del arriesgado disco punk, en un movimiento más que conservador, Celeste se une a Sandra Mihanovich y forma un conjunto melódico (cero rock). En este primer LP del dúo (existe otro más) hay mucha balada, mucho tema romántico: de hecho, es de no creer todas las veces que se menciona “amando”, “te amo”, “te quiero”, “mi amor”, etc. Empalogosísima la cosa.
Cualquiera que venga leyendo este blog sabrá que me gustan las buenas melodías independientemente de la actitud rockera de sus intérpretes. Pero acá la cosa rebalsa: todo suena tan acaramelado… hasta destruyen “No Woman, No Cry” (cover con sobreactuación insoportable de la voz de Carballo).
Obvio que hay algunos momentos (cuatro) que, al menos desde lo musical, se salvan del bochorno: “Cual ilusión”, “Sabemos que no es fácil”, “Las luces de la noche”, “No importa la razón”. Son baladas que, lejos de ser festejables, no son completamente malas. Pero cuando uno se pone a escuchar las letras… (“Amor mío/ ya no estás en casa”, “sentirnos bien/ con más ternura para dar”, jaa).

Mujer contra mujer (1990) - ***1/2
Segundo disco del dúo Sandra y Celeste. Notablemente superior al primero. Muy comentado en los medios de la época ya que muestra en la tapa a las dos cantantes besándose en la mejilla con el torso desnudo. Creo que es para analizar esa portada: nótese como las artistas, pareja en ese momento, con esa foto evitan tanto desnudarse para los hombres (quienes suelen excitarse con mujeres lesbianas) como parecer asexuadas (es decir: ser personas, que por sólo vivir la sexualidad de manera diferente, no pueden expresarla en sociedad). Matan dos pájaros de un tiro.
El disco abre con “Corazón de neón”, una canción a dúo muy potente. Después Sandra Mihanovich aporta un tema irresistible sobre un amor casual (“Una sola vez”) en donde demuestra que sabe utilizar a la perfección las técnicas pop: escuchen puntualmente los momentos en que dice “no me digas que no” (minuto 1:08) y “es un amor amigo, pero es enemigo, no me deja dormir” (minuto 1:17). Pero es Celeste Carballo quien vuelve a dar la nota: “Amelia por los caminos” y “Sin Margarita Yourcenar” son rockeras y están a la altura de los mejores momentos de la carrera solista de la artista.
Lamentablemente, se incluye una versión del tema “Mujer contra mujer” (del grupo español Mecano, que trata sobre el lesbianismo). Si bien la letra es acertada (“luego a solas sin nada que perder/ tras las manos va el resto de la piel/ un amor por ocultar/ y aunque en cueros no hay donde esconderlo/ lo disfrazan de amistad/ cuando salen a pasear por la ciudad”), creo que musicalmente es horrible. Esto y otros temas flojos como “Barco quieto” evitan un resultado mejor. Igual, conste que estamos hablando de un muy buen trabajo.

Chocolate inglés (1993) - ****
El mejor disco de Celeste. Muy valorado por la crítica de la época (a diferencia de los vapuleados LPs a dúo con Sandra Mihanovich), pero totalmente olvidado por la prensa actual. Recuerdo el crimen que hizo la Rolling Stone al ignorarlo para los… ¡50 mejores discos del rock nacional de los 90!!! (pusieron a La Renga, bua).
Hay tres covers: “Hablando a tu corazón” de Charly García en versión blues lenta (contra todos los pronósticos: muy superior a la original), el tango “El día que me quieras” (busquen el bizarrísimo video en You Tube en el que participan Julio Bocca, Charly y ella, que, dicho sea de paso, aparece hermosísima) y “Yo no te pido” de Pablo Milanés (este cover pegó mucho en 1991).
Las canciones propias de Celeste son excelentes y sorprenden al estar todas apiladas una detrás de otra: “Todo empieza” (que tiene una melodía de voz maravillosa cuando dice “si no hay apuro, quiero escucharla/ un poco más”), “Marcando el compás”, “Cuatro brazos y cuatro piernas”, “Siempre con vos”, “Están sonando campanas”, “Glosa de navidad”, “El chino” (dúo con Calamaro), “La otra orilla”. En fin: nombrar solo por nombrar no sirve de mucho. Sólo pongo los títulos para orientar al lector. Cuando tenga el disco entre sus manos, busque estos tracks.

Live at the Roxy (1995) - **1/2
Sí. Ya lo sabemos. Celeste Carballo: te dá la voz. No es necesario que todo el tiempo quieras exhibir las pruebas de tu resistencia vocal. Yo te valoro por tus agudos y por varias de tus composiciones. No por los gritos y sobreactuaciones bluseras.
Este disco en vivo está compuesto por dos partes: una primera en donde hay interpretaciones de temas de Janis Joplin y una segunda en donde hay covers de blues argentinos (Pappo, La Mississippi, Ratones Paranoícos).
Obviamente en el caso de los temas de Joplin el disco es disfrutable. Celeste imita a la fallecida cantante norteamericana como si fuera la líder de una banda tributo. El repertorio elegido es excelente: blues que nunca caen en lo cuadrado (marca personal de Janis, que dicho sea de paso, es una de las pocas cantantes del género que admiro). Y realmente hay que decir que la argentina llega a todas las notas perfecto. Claro que, como pasa en todos los pseudo tributos, uno se puede preguntar si, existiendo los originales, vale la pena escuchar este disco. Pero no se puede negar que son versiones agradables.
En la segunda parte la cosa es muy inferior. Los blues vernáculos son mucho más cuadrados. Y ahí es donde el disco termina siendo una exhibición de los peores vicios interpretativos de la cantante. Seguramente, al no contar las versiones originales con cantantes superlativos, Celeste se sintió más libre para mostrar que su voz es fuerte. Sí, es fuerte… pero a veces molesta.
En fin: un disco con pocas aspiraciones. O banda tributo en el caso de Janis Joplin, o exageración sobre temas flojos en el caso de los rockeros argentinos. Yo paso: eso sí, después de escucharlo, fui directo a Pearl, a Cheap Thrills. Por ahí el objetivo era divulgar el buen blues y lo cumplió. No sé.

Tercer infinito (1998) - *1/2
Ahora sí, blues propios. No covers. Pero son ultra cuadrados. Todos. Encima, como en los peores ejemplos históricos del género, todos hablan sobre el mismo blues (“¿Quiero saber qué paso/ con Louis Blues?”, “dicen que tenemos un idioma particular/ porque nosotros entendemos el blues”). Un ombliguismo total.
El artista en estos casos más que componer originales letras y melodías (algo que Celeste supo hacer muy bien), pretende reafirmar orgullosamente su pertenencia a una supuesta tribu musical (los bluseros). Es decir: cien por ciento pose. Lo que siempre repudiamos en este blog.
No vale la pena gastar más líneas en este tipo de discos. Creo que son reaccionarios. Que acusan de venderse a todo el que se aparta de la ortodoxia. Prefiero, por lejos, los momentos más pasteurizados de Sandra y Celeste, con eso digo todo.

Acusticadós (2004) - ** 

Después de un primer acústico que se ajusta al concepto de “grandes éxitos”, Carballo, siguiendo a Fabiana Cantilo, saca un segundo unplugged donde lo que prima son los covers de rock nacional. Incluye tanto clásicos (“Aprendizaje” de Charly García, “Yo vengo a ofrecer mi corazón” de Fito Páez) como temas recientes (“Agua” de Los Piojos, “Veneno” de La Renga).
El resultado de este manotazo a lo previsible es inofensivo en el caso de lo más añejo. Celeste elige buenas canciones aunque no excelentes. Sus interpretaciones no agregan absolutamente nada nuevo. Pero tampoco molestan.
En el caso de los temas nuevos la cosa se complica un poco más. Ya las versiones originales de La Renga y Los Piojos eran impresentables. Claro que los “viejita” van a decir que la cantante arruina todo. Pero a no engañarse: el crimen ya lo habían hecho las bandas compositoras. A Celeste hay que culparla en todo caso por no haber salvado la cosa.
Por último hay que agregar que Carballo incluye una versión de su hit “Es la vida que me alcanza”. Ahora el tema tiene ritmos latinos y se le ha cambiado la melodía del estribillo. Realmente le sacaron todo el atractivo que tenía. Si alguien no conoce la original y escucha esto jamás se va a enterar de quién fue Celeste Carballo.

Celos (2008) - **1/2
Otro disco en vivo con mayoría de composiciones nunca grabadas por Celeste. Esta vez la cosa se circunscribe al género del tango. Hay versiones de canciones de Carlos Gardel, Homero Manzi, Pascual Contursi.
Lo primero a destacar es que es increíble como “Vuelvo al sur” se transformó en un standard. Es de 1989, fue compuesto por Piazzolla y Pino Solanas para la película Sur y a la fecha de hoy suele ser interpretado como un clásico más del género (sin ir más lejos, hasta Caetano Veloso lo elige, por sobre todo los demás tangos, en Fina estampa). Es raro porque, esto hay que decirlo, el tango cantado suele vivir de lo previo a la década del 60.
Pero el objetivo de Celeste es no circunscribirse a lo clásico. De la misma manera que interpreta este tema de 1989, también incorpora canciones de Daniel Melingo y Chico Novarro, y también tangos propios y nuevos, como “Buenos Aires no tiene la culpa”, que sorprende por la presencia de un bajo eléctrico digno de Jaco Pastorius.
Es cierto que hay un poco de amaneramiento tanguero (imitación, en la forma de cantar, de los lugares comunes de otras épocas) pero la verdad es que cada tanto aparece el agudito característico de la cantante. Y eso es lo que da cierta personalidad a este LP, que, por suerte se juega por evitar ser una nueva pieza de museo.


AGREGADO EL 8 DE SEPTIEMBRE DE 2011
Mujer de piedra (2011) – ***1/2
            En los últimos meses tuve que escuchar para este blog los últimos trabajos del Indio Solari y de Celeste Carballo. No hay discos más opuestos en el mercado que estos dos. Mientras en el primer caso, todo es pesado, denso, con letras rebuscadas y guitarras ruidosas, en el segundo todo es liviano, dinámico y refrescante. Claramente, lo sabrán bien los que leen NSF, me inclino por el disco Celeste.
            Mujer de piedra es el primer álbum de canciones pop-rock de Carballo desde Chocolate inglés (1993). En el medio hubo LPs ortodoxos de blues y tango, y compilados de versiones acústicas de hits anteriores de la artista (mechados con algún cover).
            Con el adjetivo dinámico me refiero a que el disco se puede escuchar de principio a fin 100 veces y divierte. Nunca aburre. No decimos que sea un álbum para descerebrados. Hay un tema preponderante: la contaminación, más específicamente la que hay en el Conurbano. Pero ese tema no está  abordado de manera intrincada. Sería pop con contenido. Nunca olvida las melodías. Jamás remplaza eso con la supuesta calidad de un par de textos.  A diferencia de lo que hace el Indio.
            Los mejores momentos de Mujer de piedra nos reenvían a la mejor Celeste pop de la primera mitad de los 90. Tal es el caso del maravilloso tema “Cruz del sur”. Lo mismo ocurre con “Banda del Oeste”, una ingenua y disfrutable apología del hábito de hacer música pese a las adversidades. Otras partes aprovechables son el cambio en la dirección de la melodía de “Este río podrido” (cuando dice “aquí tiene la ciudad”) y el reggae de “Quema tóxica” (aunque es justo decirlo, queda demasiado rápido en la cabeza, como un hit pasatista).