jueves, 12 de marzo de 2009

Perfil de Litto Nebbia

PERFIL DE LITTO NEBBIA
Eso quiere decir que hay otra historia

UNO:

Año 2007. No me acuerdo el día exacto. Llego a mi casa ansioso. Pongo el CD recién comprado de Andrés Calamaro, El palacio de las flores. Comienzo a escuchar las canciones. Muy lindas todas: “Corazón en venta”, “Mi bandera”, etc. Buen nivel. Y de repente, en la sexta canción aparece… esa voz, ese piano, ese tarareo único. ¡Hace tanto que no escuchaba a Litto Nebbia!!! Ahí fue cuando aparecieron en mi cabeza varios recuerdos.
Entonces, busqué rápidamente en los cajones viejos y lo encontré. El casete de Grandes Exitos del artista que compraron mis padres en los 80 (cuando yo era chiquito) y que estuvo siempre en mi casa. Y lo puse en el equipo. “Sólo se trata de vivir”, una de las canciones más famosas de Litto, empezó a sonar. No sólo las estrofas me conmovieron ahora que ya estaba más grande (“Dicen que viajando se fortalece el corazón/ pues andar nuevos caminos te hace olvidar el anterior”), sino también la voz musical, peculiar, que siempre termina haciendo un agudo (“creo que nadie puede dar una respuesta/ ni DECIIIR que puerta hay que tocar”) y que culmina la canción con el clásico tararero (“di di ra ri ru, di di ra ra, di di ra ra, ra ra ra…”). Muchos recuerdos.
A “Sólo se trata de vivir” ya la conocía, pero a la gran mayoría del resto de las canciones no. El tema tres, “Nueva zamba para mi tierra” (que descubrí en ese momento) me cautivó fuertemente. Trata sobre el exilio y es una de las gemas más bellas que me tocó escuchar a lo largo de mi vida. Hoy opino que es la mejor canción de Litto. No sólo era la letra lo que me gustaba, sino también todo lo musical: el bajo sonando a nivel muy alto que acompaña las variaciones musicales, la voz conmovedora que está a tono con lo que dice la letra, los cambios melódicos formidables (cuando dice “amaneciendo en Montevideo/ ya todos sienten que te extrañan” o cuando dice “me interesa hasta tu des-encuentro”). En fin: una obra maestra.
Ahora bien. En ese momento me pregunté cómo es posible que yo, un pibe del noventa, un tipo que siempre compró todas las revistas de rock, que siempre miró el canal MTV, que escuchaba la Rock & Pop. Cómo es posible que yo conozca sólo dos o tres canciones de Litto Nebbia, y desconozca varias piezas maravillosas como la que acababa de escuchar. OK, aquí comienza el perfil y termina la autobiografía. Intentaremos responder a eso.

DOS:
Litto Nebbia suele aparecer muy poco en los medios de comunicación. Sólo es requerido para comentar y rememorar su importancia en el momento de la creación del rock nacional. Se le suene reconocer como el iniciador de todo lo que vino después, gracias a las 250.000 copias que vendió el simple “La balsa” en 1967. Y cada vez que se lo llama para una nota, se le hacen las mismas preguntas.
En general, tanto diarios como revistas insisten fuertemente con lo anecdótico y poco relevante (las historias y mitos que se tejieron alrededor de la noche en que fue compuesta “La balsa”, en el baño de la pizzería La Perla del Once). Y se refieren a la música del período como si fuera algo ingenua y primitiva (una especie de edad de piedra del rock, no comparable artísticamente a la posterior).
Lo concreto es que muy poco del resto de su obra aparece en los medios. Recién algo se está diciendo gracias a la participación del artista en el disco de Calamaro y a la inclusión del joven Ariel Minimal en su banda acompañante. Pero ningún tema es rotado por las cadenas de música que hay en el cable. En realidad, Litto es uno de los próceres del rock nacional que ha llegado con menos fuerza a los últimos años. Y no precisamente por adicciones o bajones en su estado de ánimo.
A Litto le faltó un gran hit en las dos décadas pasadas. No tuvo lo que sí tuvieron Charly García (“Chipi Chipi”, “Asesíname”), Spinetta (“Seguir viviendo sin tu amor”) o León Gieco (“Los salieris de Charly”, “Ojo con los orozco”). Le faltó porque es posible que no le interese componerlo, o le faltó tal vez porque que no haya tenido la capacidad para hacerlo, pero también le faltó porque no tiene una gran compañía discográfica que lo apoye.
Los discos de Nebbia salen por Melopea, su propia PYME, que además, entre muchos otros artistas de música ciudadana, ha editado a Goyeneche cuando nadie lo editaba. Y salen con una mínima cantidad de copias, sin promoción. Como no existe una cuantiosa inversión, se le permite a Nebbia una libertad insólita en el panorama musical argentino, que hace que él pueda alejarse de los géneros más vendibles. En realidad, en los últimos 20 años se dedicó a la bossa nova, al tango, a la canción melódica. Poco rock hubo desde 1990.
Ese control completo de su discografía le permitió a Nebbia acentuar una de sus características más salientes: la de ser prolífico. Sacar discos todos los años, a veces más de uno por año. El otro día vi en una entrevista hecha para otro blog como explicaba el reciente LP instrumental Bella Madrid. Había hecho un disco de canciones (Soñando barcos, de inminente aparición) y le quedaban un par de días de alquiler en el estudio de grabación. Entonces, se puso a improvisar al piano, grabó todo y lo terminó editando. Bella Madrid hoy por hoy se consigue en Musimundo. Así es como Nebbia en total tiene más de cien discos. Indudablemente algo rarísimo para los estándares actuales en los que se suele editar un CD cada dos años.

TRES:
Vamos a hacer un breve repaso de su discografía. Comienza con Los Gatos Salvajes y con Los Gatos a secas. Segunda mitad de los años 60. El rock británico liderado por los Beatles había impactado fuertemente en la juventud argentina. Los Gatos con “La balsa”, como se dijo anteriormente, ponen 250.000 copias del simple. Esta popularidad lleva a Litto en 1969 a actuar en la película El extraño de pelo largo como si fuera un Sandro o un Palito Ortega. El artista era completamente vendedor y las discográficas estaban chochas. Pero a Nebbia eso ya le empezaba a molestar: cobraba poco por las ventas de Los Gatos y también estaba en contra del film pasatista que había protagonizado. Esta sobreexplotación comercial de la que fue víctima en el principio de su carrera (como pocos rockeros argentinos) iba a ser determinante en la creación de su propia compañía discográfica varios años después.
A mí Los Gatos mucho no me gustan. Les reconozco algunas canciones pero me quedo con Almendra si tengo que elegir entre los grupos del primer rock. Me parece que la carrera de Litto se empieza a poner interesante a comienzos de los años 70, ya cuando es un artista solista. El tipo se pone a fusionar. Los CDs Nebbia’s Band, Despertemos en América, Muerte en la catedral y Melopea combinan folklore, bossa nova, jazz y rock. Todo en canciones que respetan (más o menos) la estructura del pop, de lo sonable en la radio.
Pero a partir de 1975 esto cambia. La tercera etapa de Nebbia se embandera más en lo que se puede conocer como “música progresiva”. Las canciones son largas, de 15 minutos a veces, con partes disímiles. De esta etapa son los discos Fuera del cielo, Bazar de los milagros, El vendedor de promesas. Se hace muy difícil seguir cada CD y el viejo público cae desorientado. Nada queda del estilo de “La balsa”, de los flequillos sesentosos, nada. Podemos comparar la cosa con lo que estaba haciendo Spinetta en la misma época. Para mí esta etapa no es mala, pero tampoco es gran cosa. Lo complejo no siempre es sinónimo de bueno y, para mí, eso aquí se nota.
Luego, en lo que llamaremos la cuarta etapa, Litto se exilia en México y se vuelca a lo melódico, a cantar canciones sencillas acompañado por un piano o por una guitarra acústica. Así es como trae en 1982 (año de su regreso a la Argentina) la canción “Sólo se trata de vivir”. Y así es como luego compone “Quien quiera oír que oiga”, para la banda sonora de la película de Eduardo Mignogna sobre Eva Perón. Para mí esta es su mejor etapa, con un inmejorable sentido de la musicalidad, de la melodía. De 1983 es “Nueva zamba para mi tierra” y también temas muy bellos como “Esta canción nunca cambiará el mundo”, “La guerra no sabe”, “No importa la razón”, “Gente que no sabe lo que quiere” y demás.
El viejo casete de Grandes Exitos tenía hasta ahí. Año 1988. Hasta ese momento el gran público, más o menos, seguía la música de Nebbia. A partir de esa fecha se inicia una debacle en su popularidad. En sus discos aborda estilos como el tango y la música brasilera y se separa completamente del rock. Los grandes medios comienzan por ignorar esos nuevos trabajos. Y finalmente terminan ninguneando a la gran mayoría de su obra anterior. Hoy por hoy las nuevas generaciones lo conocen muy poco.

CUATRO:
Para finalizar con esta biografía, una conclusión. Litto, por su trayectoria, para mí, entra comodamente entre los diez artistas más talentosos e importantes de los cuarenta años de rock nacional. Experimentador por momentos, buceador en el mar de las bellas melodías por otros, es menospreciado una y otra vez por la historia oficial del rock, que lo estigmatiza como un pionero pasado de moda que vive de la anécdota simplista de la década del 60. Tal vez su acercamiento a Minimal y su flamante reconversión hacia el rock de guitarras, en un mediano plazo, lo pongan en su debido lugar entre el público actual. El ya hizo un buen primer paso. Pero, claro, falta mucho. Porque, como todos sabemos, desde la disquera independiente Melopea, cualquier reconocimiento acorde a la calidad de su carrera le costará el doble.