miércoles, 3 de junio de 2009

EL MATÓ A UN POLICÍA MOTORIZADO




Atrapante narración escuchada en un garage


¿Quiénes son los cuatro pibes de la foto de arriba? ¿este blog empezó a promocionar bandas de amigos del barrio? No. El redactor de No Seas Fanática Rock vive en Villa Urquiza, ciudad de Buenos Aires, mientras que este grupo tiene sede en La Plata. ¿Y entonces?

El nombre de la banda es conocido en el under (y en las encuestas de fin de año de las revistas de rock más vendidas del país): “El mató a un policía motorizado”, bizarra denominación si las hay. Que además juega con la ruptura de géneros: introduce lo narrativo. Llama la atención.

Sin embargo, ese nombre vistoso quizás no sea el distintivo más potente de la banda. Existe otro, un ícono que es hasta más llamativo que la imagen de los artistas: la tapa de sus tres EPs. El diseño gráfico utilizado, con dos colores (dibujos y tipografía en blanco, fondo en rojo, verde o azul, según la ocasión), de excelente belleza visual. Confieso que me vi tentado de poner esas tapas como fotografía, allí arriba, más que la no-imagen (por ahora) de sus creadores.

Pero hablemos de música, ¿Cómo uno podría describir el estilo de la banda? Yo dirían que suenan parecido a los años 90. Combinan las guitarras distorsionadas de Sonic Youth, Pavement o Lou Reed con la voz de Mosca de Dos Minutos. Eso da una sensación lo-fi digna de banda garage que queda realmente bien. Noise rock más punk rock podríamos decir. Ellos mismos dicen admirar a Jesus & Mary Chain, My Bloody Valentine y a los Ramones.

En la mezcla de estos dos estilos está el secreto. Porque, a la vez y en un mismo gesto, eluden ser cuadrados punk y a la vez eluden tener poses vanguardistas como la de las voces desafinadas a propósito de Francisco Bochatón y El Otro Yo.

Lo que hace la banda es rock de garage, no como el de los White Stripes que está anclado en los setenta, sino un garage noventoso. Además tienen hits. “Amigo piedra”, “Sábado”, “Diamante”, “Tormenta roja”. Podrían sonar en las radios. Si no lo hicieron hasta ahora es porque el grupo no ha tenido la suerte necesaria. Con esto quiero decir que, más allá del ruido de guitarras que puede llegar a asustar en una primera escucha, no se trata de una banda difícil.

Hablemos un poco de la historia de la agrupación: El Mató a un Policía Motorizado sacó su primer disco en 2004. Su único LP hasta la fecha (estoy escribiendo esto en mayo de 2009, sé que se viene otro en breve). Son 10 canciones potentes, pegadizas. Su edición en La Plata tuvo buena repercusión: el circuito universitario (liderado por una radio de muy buena calidad) le prestó la atención necesaria. Sin embargo, en Buenos Aires todavía eran ignotos.

Recién con el segundo EP, Un millón de euros, editado en 2006, el grupo alcanzará cierta difusión en el área metropolitana más poblada del país. Aparecerá en las revistas de rock como el gran descubrimiento de algún redactor melómano y liderará varias encuestas sobre lo mejor del año. Un poco como síntoma de snobismo (“no compres la gilada masiva, la posta está en la bandita que se está haciendo en un barrio”) y otro poco como recomendación predictiva (“yo lo dije, este grupo iba a ser groso”), El Mató a un Policía fue ganando espacio en la prensa porteña como algo innovador.

En 2008, a la fecha de estreno del tercer EP, se le hicieron numerosas entrevistas y para el 2009 pudieron tocar en el club Ciudad como teloneros de Babasónicos, dicho sea de paso aquí, una banda de calidad muy inferior, pero con mayor poder de convocatoria.

Hay algo que aclarar. Es sobre los conceptos de los discos. Cada uno de los EP tiene alguna temática que lo gobierna. En el primero es el nacimiento, en el segundo la vida y en el tercero la muerte. Podríamos afirmar que cada obra se ocupa del tema asignado de la misma manera que lo hace el director polaco Kieslowski con la libertad, igualdad y fraternidad en las películas Bleu, Blanc y Rouge, es decir, de forma lateral y como disparador de creación de historias originales. Así es como la navidad aparece en el primer EP, la imaginería de los euros y la amistad en el segundo y el cine gore en el tercero. En este último se nota la relación que tiene la banda con el séptimo arte más narrativo y genérico (que también origina el nombre de la banda, basado en una película reconocida por los miembros de la banda como “trucha”, onda Duro de Matar o serie policial de los 80) que la aleja de la previsibilidad de los temas solemnes.

No hay mucho más que escribir sobre una agrupación que tiene tan poca historia. El objetivo es señalar algunos puntos de interés, algunos lugares en donde se innova. Es cierto que la estructura de este blog favorece la cobertura de obras más extensas, pero también es cierto que debemos transgredir esa regla de vez en cuando porque sino ignoraríamos a las nuevas generaciones. El Mató a un Policía Motorizado es por ahora uno de esos actos de arte que se deben seguir. Como una película que uno enganchó a la tarde de sábado por TV y que atrapa. Tenemos la expectativa del final. Y llamamos a los que están cerca para decirles “vení a verla que está buena”. Vamos a ver como termina.