miércoles, 22 de julio de 2009

ESPECIAL SUMO Y DESCENDENCIA




SUMO, DIVIDOS, LAS PELOTAS
Interpelación fallida

Intro NSF:

La crítica es opinión subjetiva. Sin embargo, muchas veces los grandes medios de comunicación parecen ignorarlo. Dejando de lado que todos los comentarios de discos tienen prohibido utilizar la primera persona (jamás un “a mí esto no me gusta”), las revistas apuntan a un consenso inexplicable. No hasta hace mucho la Rolling Stone decía en cada una de sus ediciones “Calificación: supervisada por los editores de RS” como si todo periodista tuviera prohibido irse de la concepción mainstream.
Jamás compartí eso. La crítica debe proponer una visión del mundo. Un tipo de estética. Debe defender con palabras lo que otros artistas hacen con la música. Y es imposible que a uno le guste todo. Es tan importante decir “este artista desconocido es bueno” como “este artista consagrado es malo”. Es por eso que en No Seas Fanática Rock, influidos por algunos críticos de cine que se animaron alguna vez a decir que Kubrick, Altman y Greenaway no hacían buenas películas, rechazamos un estilo de rock.
Así es como me encuentra la cobertura de la obra de Sumo y su descendencia. Tanto el grupo comandado por Luca Prodan como Divididos y Las Pelotas pertenecen al tipo de rock que yo rechazo. Centrado en la potencia del sonido, por encima de las melodías. Centrado en mostrar que “el grupo es una aplanadora”, en lugar de fabricar estribillos tarareables. Centrado en destacarse en los recitales (recuerden el dicho: “lo mejor de Sumo estaba en vivo”) en vez de dejar bellas canciones que puedan disfrutarse también grabadas en álbum.


Banda 1: Sumo

Para los espectadores extranjeros Sumo es una banda desconocida. Intentaré presentarla brevemente en un párrafo. Su líder es Luca Prodan, un italiano que había vivido en el Reino Unido. Vino a la Argentina a comienzos de los años ochenta, escapando de una adicción a la heroína. Llegó influido por el punk, el reggae y la parte más oscura de la new wave, contrastando fuertemente con el rock argentino de la época. Formó un grupo que combinaba canciones cantadas en inglés, con temas interpretados en castellano. En vida tuvo un éxito relativo: convocatoria aceptable pero incomparable al rock de estadios de los 90. Muerto (finales de 1987) tuvo una popularidad sin precedentes: se convirtió en estandarte de una buena cantidad de jóvenes. Sobrevivió su afán de rebeldía, su desprecio por la vida adinerada (venía de una familia de clase alta, había estudiado en el mismo colegio que el príncipe Carlos), su ícono como rey del reviente (la famosa ginebra).
Luca odiaba al rock argentino. Le parecía una copia. Salvando una foto con Charly García (que años después Germán Daffunchio dirá que fue totalmente armada), nunca se le conoció vínculo con los próceres del rock. Nada de recital con León Gieco y 150 invitados. Luca rechazó ese rock corporativo y se convirtió en la voz de un nuevo rock que estallaría en los 90 convocando a los jóvenes del conurbano bonaerense (que antes, en épocas como las de Serú Girán, habían sido opacados por los de capital). Sus referencias a Hurlingham (escuchar “Teléfonos/ White Trash”) sentarían precedente para el “rock barrial” de los 90.
“Sacudió el rock nacional apolillado” dicen algunos. Es posible. Hay que ver si fue para bien. Mi opinión es que no. Que Luca como constructor de melodías es muy inferior a los artistas que criticaba. Para que no parezca un rechazo en bloque al rock suburbano (hay algo de eso en varias críticas y me quiero despegar) vamos a decir que el Indio Solari, que también suena en el Oeste, es fuertemente superior. Varias de las críticas de Luca fueron fuertemente violentas y cayó hasta en la homofobia cuando le decía “putito” a Federico Moura, el cantante de Virus.
Su obra básicamente consta de tres discos oficiales. Lanzado en 1985 Divididos por la felicidad incorporaba canciones con aroma a disco (“La rubia tarada” y “Debedé”) y las intercalaba con un estilo reggae muy ortodoxo. En algún fanzine vestido de edición especial (Rolling Stone vieja dedicada a él) se dice que fue el inventor del reggae argentino. Es posible que antes de llegar al disco. Pero en 1985, año del conocimiento masivo de la banda, ya estaba re usado. “Chalamán” de los Abuelos de la Nada es de 1983 y es muchísimo mejor que cualquier tema grabado por Luca.
El segundo LP es de 1986, se llama Llegando los monos y vuelve a repetir el éxito de “La rubia tarada” con “Los viejos vinagres”. La banda incorpora más letras en castellano (“Que me pisen”, también famosa, que dice “yo quiero a mi bandera/ planchadita, planchadita, planchadita”). Y consolida su ascenso.
En 1987 sacan After Chabón y Luca sorprende con “Mañana en el Abasto”, su mejor canción, la única que reconozco como obra maestra. No hay un hit nato como en los dos LP anteriores. Pero la popularidad de la banda (shows, por ejemplo) seguía elevada.
Y en diciembre de 1987 ocurre la muerte de Luca. Era una muerte anunciada. El artista vivía al límite. Drogas, alcohol, bohemia. Escapó de Europa a principios de la década, vivió ocho años en Argentina (tres con popularidad) y terminó falleciendo. Allí comenzó el mito. Sin embargo, varios de sus compañeros de grupo continuaron trabajando. Se formaron tres bandas: Divididos, Las Pelotas y Pachuco Cadáver. Las dos primeras tomaron la posta de lo que había iniciado el pelado e hicieron música para las masas.


Banda 2: Divididos

El guitarrista Ricardo Mollo y el bajista Diego Arnedo formaron Divididos. Radicados en Hurlingham hicieron del sonido alto y potente su principal carta de presentación. Consagrados por la difusión de su disco La era de la boludez de 1993 adquierieron más popularidad que la que había alcanzado Sumo.
Podría definirse a Divididos como una fusión entre A) la “aplanadora del rock”, es decir, el grupo que suena bien, que suena fuerte (obvio que lo digo irónicamente, no creo que sea un mérito en si mismo “sonar bien”, más bien es un calificativo que suelen hacer los padres de los chicos de 18 años que tienen una bandita con canciones pésimas). B) el folklore argentino (algunas letras con reinvindicaciones indígenas, alguna mezcla entre chacarera y rock, alguna interpretación ortodoxa, muchas veces efectiva, de estilos norteños argentinos), C) el humor (especialmente de la mano de Diego Arnedo, en separadores muy efectivos).
Si me preguntan, la faceta aplanadora no me interesa, la del folklore a veces produce cosas interesantes (“Guanuqueando”, “Haciendo cola para nacer”) y otras veces no (“El arriero”, “Vientito de Tucumán”), y la humorística me parece su gran aporte al rock nacional.
Lo concreto es que participaron del apogeo del rock barrial, llamado a veces “chabón”. Es bueno aclarar que no son sinónimos. Lo barrial es sólo una parte de lo chabón. Veamos ejemplos: Los Piojos, La Renga y Callejeros hacen rock chabón (características adicionales a las referencias al barrio: importancia del aguante del público y la utilización de banderas, líderes no convertidos en estrellas, futbolización, en algunos casos simplificación stone). Notar que Divividos no posee la mayoría de esas particularidades. De alguna manera es un grupo de rock barrial, sí, pero no de rock chabón. Hay varios pasajes en donde se habla de Hurlingham (o del “agite del Oeste”) como antes el rock no lo había hecho, pero no aparece todo lo que caracteriza a la música “boncha”.
En fin, la voz potente de Mollo representó a buena parte de los jóvenes tal vez como lo había hecho el mismo Prodan y el Indio Solari y les dio el rock “auténtico” que esperaban. Tal vez por eso quedaron medio desorientados cuando Mollo abandonó la gordura, se casó con la actriz Natalia Oreiro y comenzó a hacer canciones pop a partir de la década del 2000. Para mí esa fue la mejor etapa de la banda. El abandono del ruido. La búsqueda, por primera vez en la historia de la banda, de la belleza compositiva. No es menor su reunión con Cerati en aquel recital histórico, se unían el rock cheto y el del conurbano, pero no sólo fue eso: fue el acercamiento de un músico muy limitado (Mollo) hacia el mundo creativo de los estribillos (Cerati).
El tiempo dirá cuál es la dirección que toma Divididos. Lo concreto es que hasta ahora han dejado una discografía llena de temas malos, que suenan fuertes, potentes, pero que no le dejan a uno esa incomparable satisfacción de haber encontrado buena música para tararear.


Banda 3: Las Pelotas

En 1988, una parte de los sobrevivientes de Sumo se quedó en Hurligham (Divididos) y otra parte se fue para Córdoba (Pettinato iría a España, pero eso ya lo veremos en el próximo apartado). La parte que se fue a Córdoba se haría llamar Las Pelotas.
El conjunto fue liderado por Germán Daffunchio, guitarrista en Sumo y por Alejandro Sokol, bajista y baterista en las primeras épocas del conjunto comandado por Prodan. En Las Pelotas ambos cantaban y hacían canciones.
Esta banda nunca llegó a tener la convocatoria de Divididos (yo diría que ni siquiera la de Sumo) pero a partir de 2003 empezó a sonar en las radios más populares gracias al horrible hit “Será”. Algunas páginas de Internet dicen que el primer período de la banda era under. Yo diría que no es así: eran una banda conocida pero un poco menos que otras.
Definir el sonido de Las Pelotas no es muy sencillo. Se quedaron con la parte reggae de Sumo (una de las partes que Divididos desechó), pero también desarrollaron una marca sonora propia. El primer LP, Corderos en la noche es un verdadero oasis y parece hecho por un grupo ajeno a todos los estilos que estamos comentando en esta entrada, pero luego la banda optaría por la simpleza en los discos posteriores. Una característica que yo percibo es que tienen mejores estrofas que estribillos. Algo que se da casi siempre. Esto puede ser por incapacidad, pero algo me dice que ven a esa parte de las canciones como algo pop, como una concesión que no quieren hacer, como la venta al sistema.
Alejandro Sokol sería el cantante de los primeros trabajos de la banda. Su forma de cantar es peculiar. Enfatiza la “r” y la “v” y es una verdadera sorpresa, habiendo sido un simple instrumentista en Sumo. Vivió, al igual que Luca, con numerosos problemas personales, drogas incluidas. Su personalidad siempre fue tímida y algo depresiva (ver fotos: casi siempre sale en segundo plano, cuando su importancia en la banda era decisiva). En mi opinión, sin ser un genio ni por asomo, fue el miembro más talentoso del conjunto. Fue separado de la banda en 2008 y falleció poco tiempo después cuando intentaba un proyecto nuevo (la banda El Vuelto S.A.)
En la otra punta está Germán Daffunchio. Al principio líder en las sombras del grupo, no cantaba. Se animó en los discos posteriores e intercalaba protagonismo con Sokol. Hasta que en Esperando el milagro (2003) y Basta (2007) le pone voz a la mayor parte de las canciones. Después del alejamiento (y posteriormente muerte) de Sokol, quedó como único líder de la banda. Para mí es un tipo con muy poco talento, dueño de una voz verdaderamente aburrida y de canciones realmente mediocres.
En resumen, Las Pelotas fue y es una banda del montón. Sacando a Corderos en la noche, no han aportado demasiado al rock nacional. Sin Sokol no le pongo muchas fichas, pero siempre puede haber sorpresas. Por lo menos, de la misma manera que Divididos, últimamente muestran una mayor aceptación de los estribillos pop. Habrá que ver qué sale de eso.


Banda 4: Pachuco Cadáver

Una tercera porción del disuelto Sumo año 88 partió hacia España. Se trataba de Roberto Pettinato, saxofonista, hoy conocido por todos debido a su labor como conductor televisivo. En esa época fue el menos famoso de los ex compañeros de Prodan y lideró la banda Pachuco Cadáver, que quedó como un proyecto de culto, y nada más que eso.
Vamos a contar un poco la biografía de Roberto. Pettinato era periodista en los comienzos de los años ochenta. Trabajaba en la revista Expreso Imaginario. Ingresó como redactor y finalmente llegó a ser director. Entrevistó a Prodan luego de asistir a un recital en los comienzos de Sumo y comenzó a ser su amigo. Le contó que tocaba el saxo y tiempo después se hizo parte del conjunto.
Pettinato en Sumo no fue un integrante menor. Fue una de las caras más importantes. Reconozcámoslo: si no fuera por su popularidad posterior ni lo nombraríamos en este blog (¿alguna vez dije que nombrar sesionistas o miembros subordinados de las bandas me parece una pérdida de espacio en las críticas de rock?) pero eso no quiere decir que ahora no admitamos su talento.
La línea de saxo y la totalidad de la letra de “Los viejos vinagres” pertenecen a él. Gran parte de “Lo quiero ya” también. Y su saxofón omnipresente en varios temas de Sumo (empezando por “Divididos por la felicidad”) también. Ese sonido fue una marca personal del grupo y eso fue gracias a Petti.
Luego de la muerte de Luca, Roberto se fue con Divididos (según él compuso algunas letras de lo que luego sería 40 dibujos ahí en el piso), pero al poco tiempo abandonó. Terminó radicándose en España y formando el dúo Pachuco Cadáver con el tecladista Guillermo Piccolini.
El éxito nunca llegó, pero hay que reconocer que se trata de un estilo de música difícil. Nada que ver con el rock para las masas de Divididos y Las Pelotas. Pettinato tenía influencias del free jazz, del punk under, de Frank Zappa. Hicieron dos discos que no están tan mal. En el mejor de los casos, pueden verse como discos de culto.
Y así fue como en los primeros noventa regresó a la Argentina y poco a poco se convirtió en una estrella de televisión. Su estilo humorístico (que siempre había tenido) le permitió liderar programas antológicos de la televisión argentina (Duro de acostar, Indomables) y así se hizo conocido por todos. Paralelamente hizo discos como El yo saturado y Música anticomercial, este último un disco ortodoxo de free jazz.


Fin NSF:
Para cerrar, podemos decir que los seguidores de esta corriente del rock argentino me odiarán por lo dicho. Me acusarán de que no escuché los discos con el tiempo necesario, de que prejuzgo a la banda, de que me paga Cerati, qué sé yo. Intentarán justificar con excusas lo que es demasiado sencillo: no me gustan estas bandas. Después de haber escuchado la totalidad de sus discografías me siento tan ajeno a ellas como cuando de chico presencié aquel recital del Buenos Aires Vivo de Divididos. Esto no me habla a mí. Y eso significa que no le habla a una buena cantidad de jóvenes que piensan como yo. Rechazamos este rock. Izamos la bandera de la belleza y descartamos la del ruido. En este tipo de opciones radica la virtud de la crítica. Para repetir lo que la mayoría piensa, bueno, para eso hay que asistir a la puerta de cualquier festival.