sábado, 19 de septiembre de 2009

DANIEL MELERO




DANIEL MELERO
Contra el instrumentista profesional

Melero 1: En sincro conmigo

Desde que No Seas Fanática Rock abrió sus puertas en abril de 2008, muchos lectores me han enviado cartas por correo electrónico. Algunos me felicitan por la atención que le pongo al trabajo de sus artistas predilectos, otros se entusiasman porque coinciden con mis apreciaciones personales y unos últimos, por supuesto, impugnan todo el blog. Obviamente, me hacen una crítica que es válida: nadie que se ocupe de calificar discos puede negarse a ser evaluado. Ahora bien, vamos a intentar reflexionar un poco sobre esos comentarios.
Un argumento clásico es decir: “Yo manejo el instrumento X, sé de música y te digo que este LP es bueno, ¿vos qué sabés tocar para hablar mal de tal artista?”. Esa crítica, así formulada, en mi opinión tiene algunos puntos para la discusión.
Por empezar, afirma que los únicos que pueden hablar de música son los músicos. Esta es una reflexión corporativista (haciendo un paralelo podríamos pensar que los políticos sólo pueden criticar a los políticos o peor aún, que los futbolistas sólo pueden criticar a los futbolistas) pero ese no es su principal problema.
Algo verdaderamente polémico está en que pretende despojar a la música de todo tipo de magia. En mi opinión, el objetivo de una canción es impactar justamente en la persona que no sabe como se hace un tema. La gracia es que la cosa se evalúe por el resultado.
Pero hay un último aspecto. Dicha crítica afirma también que la música sólo se hace con instrumentistas profesionales. Que el manejo admirable del piano o la guitarra (si es estudiado en conservatorio mejor) es lo único que permite a alguien ejecutar bien el rock.
Vamos al centro de la cuestión. A lo que está en el nucleo de este tipo de opiniones. Aquí lo que ocurre es que se le quiere dar cierto estatuto científico al arte, que obviamente no tiene. Los que defienden esta postura piensan que opinar de música sin saber tocar un instrumento es equivalente a opinar sobre química sin haber pasado por la universidad. Y no es así. No es así porque el arte no se puede enseñar. Porque el impacto estético de una obra es subjetivo (no es refutable). Es imposible responder científicamente, aunque nos duela, a la pregunta: “¿Los Beatles hacen mejor música que Bandana?". No hay forma de tocar “correcta” en el campo artístico. La vanguardia más extrema, por ejemplo: voces desentonadas e instrumentos que tocan una sola nota, puede ser considera disparate o innovación, dependiendo de quien la mire.
Lo que se enseña en los conservatorios es a manejar ciertas herramientas que permiten a uno hacer música dentro de los parámetros comunmente aceptados, de alguna manera, por la sociedad. Esos parámetros cambian con el tiempo y con cada cultura. No hay nada de verdad en ellos, son simplemente una moda. Y como tal puede ser cuestionada por personas en particular, sin necesidad de demostración empírica.
Lo que aquí vamos a plantear es que el arte es otra cosa, algo diferente a tocar “bien” el piano y la guitarra. Es proponer nuevas ideas sobre la música, ensayar formas estilísticas diferentes a lo escuchado comunmente, imponer una melodía (que se puede crear tarareando) en la cabeza de la gente. Es decir: el arte es creación, no ejecución intachable.
Es bueno poner un ejemplo. Muchos de nosotros, seguramente, hemos caminado repetidas veces por la calle Florida. Muchas veces, allí, hemos visto a un hombre que hace caricaturas. El tipo indudablemente tiene talento para dibujar la cara de una persona y para observar ciertos rasgos que sobresalen. Nadie duda de que se necesita cierta preparación para hacer eso. Sin embargo, eso, en el campo del arte, tiene un estatus mucho menor al de muchos cuadros que en apariencia son más sencillos de hacer. Sin ir más lejos, en 1915, un cuadrado negro sobre un fondo blanco marcó algo parecido a una revolución. Ese cuadro, compuesto por Kazimir Malévich, parece una estupidez y, sin embargo, ayudó a cambiar la noción de arte en aquella época. Participó del surgimiento del arte abstracto (en realidad: más precisamente del suprematismo), arte que se proponía, por primera vez, no representar objetos concretos de la vida real. Como se ve: alterar la relación signo (el dibujo que está en el cuadro) / objeto (lo que es representado) es mucho más innovador que ser el enésimo caricaturista sentado en una calle peatonal. Claro que el sentido común, alimentado por personas que tienen cuadros de paisajes en las paredes de sus casas porque “tienen lindos colores”, nunca estará de acuerdo. Y acusará al cuadro de Malévich de ser “una truchada”. Ese mismo público es el que festeja a Pappo cuando bardea a DJ Deró en el programa de Nicolás Repetto.


Melero 2: En sincro con Los Encargados

Quedémonos con “el Carpo”. Él nos puede introducir a pensar la obra de Daniel Melero. Como en cualquier biografía sobre este último artista, voy a empezar contando la anécdota histórica. En el año 1982 se realizó el festival B.A. Rock. A Riff (la banda de Pappo en ese momento) la pusieron en la misma fecha que a unos jóvenes tecno que se llamaban Los Encargados. Estos pibes, liderados por Melero, tenían cierta estética similar a la de Virus. ¿Qué pasó aquel día? Por supuesto, los metaleros, desconcertados por ver a un grupo “demasiado pop” (que “no tocaba”, porque usaba efectos pre-grabados), comenzaron a tirar cosas sobre el escenario. Y así fue como expulsaron al grupo electrónico en menos de un minuto.
Esa anécdota, que según Melero representa al “rock argentino facho” nos sirve para unir el apartado anterior con éste. El público de Pappo, el guitarrista perfecto, el que trata a la viola como si fuera “un fierro” (un auto, traduzco) se burlaba de quienes programaban máquinas, de quienes estaban cambiando la relación del músico con los instrumentos. Quizás Los Encargados no sabían tocar como el Carpo, pero sí tenían claro cuál era el estado del rock argentino y como innovar. Pappo en esta historia no es otro que el caricaturista festejado de Florida y Melero es Malévich.
Vamos a citar algunas frases del líder de Los Encargados. Las sacamos del libro Recolección vacía de 1994. Antes hay que aclarar que Daniel, aunque puede ser un instrumentista muy limitado, es un tipo que conoce muy bien (como ningún otro rockero argentino) de filosofía sobre música. Ha leído a Theodor Adorno, a John Cage. Sabe de eso. Va la cita: “Si algo molesta en el campo artístico, donde cuentan valores como el profesionalismo y la seriedad académica, seguro que es arte (…) considero al sampler como una esponja sonora que te convierte en una especie de Marcel Duchamp: cuando modificás una música ajena es ponerle bigotes a la Gioconda y cuando captás sonidos del ambiente es como hacer un ready made”. Como se ve, él mismo hace las comparaciones con las artes visuales.
Sigue: “Estos músicos implementan técnicas para crear en base a los logros que un artista produjo alguna vez (…) la artesanía es un zombie del arte. Toma algo que en su momento fue arte con el fin de reproducirlo infinitamente como un clono de menor resolución que el original. Me imagino que alguna vez hubo un coya que hizo una vasijita realmente increíble y admirable. Hoy existe un mercado de vajillas coyas. Con el rock sucedió lo mismo”. Indudablemente, hay poco para agregar, la definición es perfecta. Es más, hasta siento que toda mi introducción anterior (con el ejemplo del caricaturista y de Malévich) palidece ante la exposición filosófica de Melero.
Pero bueno, sigamos con la historia, Daniel en 1982 fue echado del B.A. Rock por tener esa concepción del arte. No podía grabar un disco (carecía de contrato), pero era señalado por varios periodistas como el líder de un grupo de vanguardia. Siguió presentándose en algunos pubs de Buenos Aires y es así como en 1984 irrumpe Carlos Cutaia (ex tecladista de Pescado Rabioso y de La Máquina de Hacer Pájaros) en uno de sus conciertos. Cutaia le ofrece a Melero participar del LP Orquesta. Indudablemente buscaba un asesoramiento tecnológico, un pasaje a la modernidad, un cambio en su carrera. Daniel aceptó y así hicieron un disco tecno muy disfrutable, con mucha onda robótica.
El LP propio de Los Encargados (tienen uno sólo editado) iba a llegar recién en 1986. Se llamó Silencio y representó un avance muy grande en la música argentina. Se trataba de una mezcla perfecta entre sonidos electrónicos y melodías pop. El tema “Sangre en el volcán” impactó fuertemente en el periodismo local y así fue como Melero fue rotulado como una especie de promesa (tal hoy lo siga siendo para algunos, algo así como una “promesa eterna”). Lo concreto es que esa conjunción (a veces tensión) de lo tecno-experimental y de la melodía pop-clásica iba a caracterizar al artista tal como lo conocemos hoy.


Melero 3: En sincro con él mismo

En 1988 comenzó su carrera solista con el lanzamiento de Conga. Paralelamente se dedicó a producir algunos discos de rock nacional. Estuvo con Todos Tus Muertos, Suárez, Juana La Loca, Tía Newton. Como se ve, varios grupos de la movida sónica, que sería llamada en los noventa “Nuevo Rock Argentino” por algunos periodistas poco originales. Melero fue, principalmente desde lo intelectual, uno de los abanderados de ese movimiento.
De cualquier manera, su salto a la relativa fama vino por su amistad con Gustavo Cerati. Melero había compuesto el hit “Trátame suavemente” (Soda Stereo, 1984) y en los noventa fue algo así como “el cuarto Soda”. Asesoró al grupo, le puso la pata modernosa, en los discos Canción animal (1990) y Dynamo (1993). Y llegó hasta a sacar un disco a dúo con líder del grupo.
Pero vamos a hablar de su discografía solista. Como dijimos anteriormente, se caracteriza por intercalar todo el tiempo electrónica y pop clásico. A veces (las mejores) se juega por armonizar a la perfección los dos estilos. Otras (las más flojas, quizás) se juega por los extremos: electrónica demasiado inaccesible o pop demasiado unidireccional. Amplío en los próximos párrafos.
En el terreno de lo electrónico fue señalado muchas como el Brian Eno argentino por sus experimentaciones con el ambient. Es así como en varios de sus discos se dedica a crear climas y puede aburrir. En otros, como Cámara, cae en la frialdad (y oscuridad) propia de las máquinas inertes. Ahí es cuando uno se pregunta si no conviene poner un poco de bongó, un poco de redoblante, que traiga algo de vida. Porque, obvio, la vanguardia hecha con tecnología (aunque la defendamos en este post) no siempre es perfecta. Cuando se cierra sobre sí misma puede molestar.
De manera opuesta, en el terreno de lo pop también hay un riesgo. Pasar papelones por incurrir en frases cursis. Y Melero en muchas oportunidades ha caído en ellas. Algunos pasajes de Rocío (en especial la canción “Descansa en mis brazos”) y de Vaquero (“Tu vida empieza hoy”, “Florcita”) lo demuestran.
Como se ve, cuando pretende ser 100% vanguardista la pifia y cuando pretende ser 100% pop también. Lo interesante está en los puntos medios. En “Orbitando” por ejemplo (ver Disco X Disco). En la mezcla, en la complejización de lo pop, en la masificación de lo tecno. Ahí es donde Melero se destaca.


Melero 4: En sincro con el rock argentino

Para cerrar este post es bueno hacer una valoración general de Melero en el contexto del rock nacional. No se trata de un genio: como se dijo anteriormente tiene varios puntos criticables. Pero en lugar de gastar pólvora en objetarlo, es mejor defenderlo de sus opositores, que utilizan el (conservador) sentido común y, peor aún, cierto aire cuadrado de “profesionalismo musical” para subestimarlo. No es un chanta Daniel Melero por no manejar instrumentos. Es un vanguardista, alguien que por lo menos quiere sacudir lo establecido. Aquello que solo es moda e intenta, en vano, convertirse en ciencia.
Antes de dejarlos con el comentario de los discos, una aclaración: no puse, como es costumbre en el blog, los LP instrumentales. Es decir: no están ni Recolección vacía, ni Operación escuchar ni Acuanauta. Me voy a limitar a recomendar este último, aunque más no sea porque incluye un programita para computadora muy agradable, que permite al oyente disfrutar de una atmósfera océanica mientras es relajado por la música. Tampoco están los discos de grandes éxitos o reversiones. Es así como faltan M y Piano. Breve comentario: M es un compilado de canciones clásicas del artista en versión house año 2000 y Piano es un conjunto de versiones sobrias de sus temas pop, sólo acompañadas por un pianista. Fueron dos discos muy bien comentados por los críticos.