sábado, 19 de septiembre de 2009

DISCO X DISCO MELERO

CARLOS CUTAIA ORQUESTA

Orquesta (1985) - ***1/2
Si bien este LP está firmado por Carlos Cutaia (pianista y tecladista, ex integrante en los 70 de las bandas Pescado Rabioso y La Máquina de Hacer Pájaros), la presencia de Daniel Melero es muy importante. En realidad, se trata de un disco a dúo. Tal vez por una cuestión de fama en aquella época, sólo firma Cutaia pero la participación de Melero es equivalente a la que tuvo en el posterior disco con Gustavo Cerati. Y ahí sí puso el gancho.
Daniel aquí en Orquesta canta tres canciones, compone buena parte de las letras y aporta el asesoramiento tecnológico. El resultado es un disco tremendamente innovador, repleto de sintetizadores y baterías electrónicas. Posiblemente el primer trabajo 100% tecno que se hizo en la Argentina.
El dúo logra cuatro muy buenas canciones: “Juegos confusos”, “Programación”, “Sensación melancólica” y “Ella baila”. Esta última realmente disfrutable, en especial su última parte instrumental. Definitivamente un disco tan aprovechable para el baile como para el regocijo intelectual.
Lamentablemente, en paralelo a estos sonidos futuristas hay cierta referencia a lo robótico que termina perjudicando muchísimo al disco. Visto desde hoy da cierta vergüenza ajena. Para comprobarlo basta escuchar los tracks “Uranio enriquecido” (en el que los dos, de manera patética, hablan haciendose los robots) y “Operativo” (que en un pasaje dice “tengo que cumplir… una misión/ hoy, en mi móvil, rumbo al microcentro/ rememoro instrucciones, de mis superiores/ ahora, opero, en las coordenadas indicadas”). Una lástima.


LOS ENCARGADOS

Silencio (1986) - ****
Ahora sí Melero debuta con el control del 100% del material. Al mando del grupo Los Encargados lanza este primer y único disco de la banda. En realidad, existían dos anteriores pero nunca fueron editados por decisión propia del artista. Sí se publicó Silencio y su repercusión no fue menor: siempre se recuerda que la canción “Sangre en el volcán” ganó la encuesta anual del suplemento Si del diario Clarín.
Empecemos por lo bueno. En este LP está “Orbitando”, sin dudas el mejor tema que compuso Melero en toda su carrera. Bajo la apariencia de un relato de ciencia ficción (que incluye “ruidos de naves que parten”), Daniel reflexiona inmejorablemente sobre los sentimientos más comunes e importantes de la vida. Cuando canta “Necesito que me ames para poder verme/ vos sabés muy bien que…/ me pierdo todo por verte/ orbitando en torno a mí” está diciendo que la única justificación de la persona es sentirse amada. Fíjense que la analogía entre orbitar y estar pendiente de alguien es maravillosa. Esto es poesía magistral en el rock, acompañada de efectos especiales que le corresponden, de una melodía inmejorable y de un final arrasador (la parte musical que dice “sé que nunca estuve aquí/ o es que quizás visite este lugar en sueeeeños” y el saxo que acompaña). Más que excelente.
Después de tal pico vienen cuatro buenos temas que, si bien no llegan al mismo nivel, aprueban más que cómodamente. Son “Trátame suavemente” (en versión mucho más fría que la de Soda Stereo), la mencionada “Sangre en el volcán”, “Un disparo de luz” y “Líneas”. Todas perfectamente cantables.
Desgraciadamente, en la segunda parte del disco la cosa empeora. Hay una desafortunada acumulación de temas muy oscuros. Se pone el acentro en la creación de climas opresivos y eso termina por arrinconar al oyente. De cualquier manera, hay que decir que el track “Región”, que también cae en el problema de lo climático/opresivo, es una innovadora especie de “Por” (Spinetta) imaginado durante una relación sexual.


DANIEL MELERO SOLISTA

Conga (1988) - ****
El primer disco solista de Melero tiene un nivel más o menos similar al del LP de Los Encargados. Vuelve a haber varias canciones pop atendibles. La relativamente famosa “No dejes que llueva” es una de ellas. Otras son “Para quererte”, “Melodías románticas”, “Todo será” y “Canciones de moda”. Tal vez las letras son un poco menos ricas, más simples, pero los temas gustan igual.
Por supuesto que también hay pasos en falso. El track inicial “Sagrado corazón” nunca me gustó del todo (difiero ahí con muchas personas que conozco, sin ir más lejos con una “amiga” mía, inspiradora élla del título de este blog, que estaba “fanatizada” con el tema). “Deleite fatal” y “Piso 24”, en tanto, pueden tener cierta relación con la parte más oscura de Silencio. “Música lenta” y “Latitud” pueden apuntar al pop y no llegar a buen puerto.
Pero el disco en balance es más que bueno. Son cinco canciones bellísimas, para cantar y cantar por sobre la pista de audio. Más pop que electrónico, Conga logra con creces lo que se propone: grabar melodías en la mente de quien escucha.

Cámara (1991) - **
Lo que aborrecía en el disco Silencio de Los Encargados, ese clima opresivo que daba sensación de oscuridad. Ese estilo que estaba en la segunda parte del LP. Bueno, eso, ahora se adueña de todo el álbum. Cámara es un disco complicado, con melodías que nunca explotan, que aburren, pero también que arrinconan, que molestan, que atemorizan.
Voy a contar una anécdota personal. La primera vez que escuché el álbum, hace ya varios años, eran las cuatro de la mañana de algún sábado invernal. Yo tenía el pelo mojado ya que venía de bañarme y así me puse los auriculares gigantes. Recuerdo que el CD me deprimió profundamente. La anécdota es estúpida y tiene que ver más conmigo que con el disco (¡me había quedado sin salir!). Sin embargo, la pongo porque ilustra el tipo de sensaciones que puede despertar o, mejor dicho, potenciar. Sé que a algunos eso les debe gustar (aquellos que se visten de negro), pero yo paso.
De Cámara puedo llegar a salvar dos temas: “Iluso”, el único track con algo de vida que tiene este disco, y “Estrategias fatales”, que cierra el LP y cuenta con la presencia de Gustavo Cerati. El resto, para mí, es demaaaasiado dark.

Colores santos (1992) - ***1/2
Disco a dúo con Cerati. Es posible ver un video en You Tube en el cual se muestra cómo fue la grabación. Ahí queda claro que el entonces líder de Soda Stereo hace aproximadamente el 80% del álbum y lo trata a Melero practicamente como un “che pibe”. En realidad, este disco es más un proyecto paralelo de Cerati (un poco más electrónico y arriesgado que Soda) que un verdadero disco a dúo. Es por eso que nos parecía arbitrario cubrir éste álbum y no Orquesta, el LP hecho con Cutaia. La participación real de Daniel es más o menos equivalente en ambos, independientemente de la presencia o no de su firma.
El tema que abre el disco, “Vuelta por el universo”, empieza hipnótico y monocorde y termina atrapando recién en el segundo 3:27 cuando dice “alto, cada vez más alto” (esta forma de canción es muy innovadora). Luego viene “Marea de Venus” (mezcla perfecta entre rock y máquinas), uno de los mejores tracks junto al corte “Hoy ya no soy yo”.
Por supuesto, a todos estos temas los canta Cerati. Melero pone la voz sólo en dos: “Cozumel” y “La cuerda planetaria”, que son lo peor del álbum. Además de eso, aporta algunos bocados en el resto de los temas, pero son mínimos.
Por último quiero señalar al tema dance “Quatro”, instrumental. Está verdaderamente bien hecho. Después del punchi punchi con efectos viene un piano tranquilizador. Ruidoso y bello a la vez.

Travesti (1994) - ***
Si bien algo de máquina hay, en este disco el instrumento que más suena es la guitarra acústica. La mayoría de las canciones podrían cantarse en un fogón. Se ve que Melero aplicó simpleza después de ser señalado por el gran público (el fanático de Soda) como el “hombre tecno”. Es decir, eludió la etiqueta. Demostró que, sin efectos, podía interpretar canciones pop (algo similar a lo que haría años después con el disco Piano).
Hay tres temas muy buenos aquí: “Nena mía”, “Resfriada” y “En mi alma”. Este último (que dura menos de 2 minutos) tiene una melodía hermosísima en las estrofas y un momento magistral en el segundo 1:10 (prestar atención a lo que toca la guitarra).
El resto del disco a mí mucho no me llega. “Quiero estar entre tus cosas”, el tema más famoso del LP, no me agarra demasiado. Es bastante cursi. Y la melodía tampoco me parece gran cosa. Lo mismo podría decir del resto de los tracks: cumplen más que gustan.

Rocío (1996) - **
Melero crooner romántico en un disco muy tranquilo. Mucho piano (como máximo algún efecto sobrio). Seis de las doce canciones incluidas aquí son instrumentales. Las melodías tienen leves variaciones en el transcurso del álbum, lo que da una onda conceptual que abarca a la totalidad del CD. Lo buscado, más que ofrecer un disco de canciones, es poner al oyente en situación. Dotarlo de un clima especial que se puede definir como “música para escuchar después de que la chica nos dijo que nos quería y se fue a la casa”.
Eso mismo es lo primero que sobresale cuando oímos el track 2, “Descansa en mis brazos”. Mediante los coritos femeninos, la voz relajada de Melero y, en especial, los efectos de lluvia, imaginamos la escena y hasta nos metemos en ella. Lamentablemente, la letra del tema lo arruina todo ya que cae indudablemente en lo cursi. Sino escuchar la parte en que dice “un rayo, un golpe, que miedo, penumbras, susurros, licores, te quiero”.
Y el resto de los temas cae en algo parecido. Clima romántico pero no mucho más. “Peces” y “Pequeo” no son malas, pero tampoco llaman la atención. Podrían haber sido compuestas por cualquier baladista pop. Y los que quedan, bueno, los que quedan son basicamente intrascendentes.

Tecno (2000) - ***
Disco completamente electrónico, dance y marchoso. Se lo puede bailar perfectamente. Está hecho exclusivamente con instrumentos bajados de Internet. A diferencia de los LP más experimentales (Recolección vacía, Operación escuchar y Acuanauta), tiene canciones con voz (seis en total). Y tiene, además, canciones instrumentales que podrían defenderse por sí mismas si estuvieran sueltas por la radio. Es decir, hay menos ambient y más musicalidad.
El mejor tema del disco es, por lejos, “Primitivo”. Empieza con beats dance, sintetizadores y Melero cantando de manera monótona letras casi sin sentido. Pero poco a poco encuentra belleza. En el minuto 2:10 empieza a sonar una nota de piano (o simil descargado de la red) casi de fondo que a medida que pasa el tema va adquiriendo más protagonismo. Y en el minuto 2:38 se suman dos notas más, hechas con el mismo instrumento. Eso da una perfecta melodía que termina por adueñarse progresivamente de la canción, hasta ocuparla completamente. Al final, sólo suena eso. Es realmente impecable lo que se logra. Innovador al 100%.
Por supuesto que no todo es tan perfecto (ejemplo: el pasaje que dice “perfecto veneno”, que queda pésimo en la canción “Palabras”). Pero bueno, Tecno es un buen disco dance. Mucho mejor lo que hace la gran mayoría de los DJs.

Vaquero (2001) - ****
Este disco tiene once canciones rock/pop hechas y derechas. A diferencia de los discos de los ochenta, aquí no hay oscuridad ni opresión. Melero encuentra aire en composiciones completamente disfrutables. Cero clima. Cero tema instrumental. Cero ánimo innovador. Acá todo es radiable. En el mejor sentido de la palabra. Todo el que dijo alguna vez que Melero era “un charlatán” (Zeta Bosio y Charly Alberti, por ejemplo, según declaraciones de Cerati en Rolling Stone, marzo 2003) acá se quedó sin argumento. Está a la altura de los mejores rockeros argentinos.
Vaquero empieza más que bien. Las seis primeras canciones son perfectas. Lo hacen a uno cantar y cantar sobre la pista de audio. No dan respiro. Los coritos de “No es tan simple” son tremendamente adictivos (lo mismo ocurre con “Florcita”, el beatlesco último track del disco). El estribillo de “Vivir acá” también (la parte que dice “yo no sé a vos/ pero a mí ya me cansó”). Los aguditos de “Tormenta personal” (que tiene guitarra de Botafogo, sí, aunque no lo crean ¡Melero con Botafogo!). En fin: todo perfecto.
En la segunda mitad, el disco desciende un poco, pero no es aburrido para nada. Simplemente, las canciones no llegan al excelente nivel de la primera parte. Pero esto era esperable: las seis iniciales eran insuperables. Esto, más alguna letra cursi (tal vez “Florcita”), hacen que el disco se pierda las cinco estrellas. No estuvo tan lejos.

Después (2004) - **1/2
Este álbum fue editado en dos versiones. La primera, de cinco CDs, tiene partes ambient, dub y pop. La segunda, que resume lo “más trascendente” en un CD, es la que comentaremos aquí. Para que se entienda la cosa, a diferencia de lo que pasó con El Salmón de Calamaro, la versión de un disco no compila lo más radiable (y menos experimental) de la monumental caja. Melero elige, en la versión simplificada, los temas más representativos de cada estilo musical abordado.
Esa es la justificación de la inclusión de siete tracks instrumentales destinados a crear climas (algunos tienen pianos que recuerdan a Rocío). Muchos son realmente aburridos y hacen que uno extrañe la fuerza pop de un Vaquero.
Pero bueno, Después es así. Un disco que tiene un poco de todo. Sinceramente, la mayor parte es embolante. Sin embargo, hay una canción que me hace ponerlo y ponerlo en la compactera. Es la primera, “Amor en pie”, en la que se demuestra que el hombre puede seguir sacando excelentes melodías rock.
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AGREGADO EL 12 DE ENERO DE 2010
X por (2009) – ***1/2
Todos los medios elogiaron este disco. No tengo recuerdo de tanto consenso en torno a la obra de Melero. Para mí X (por) es bueno pero no taaanto. Vaquero (2000) era mejor y no había conseguido ni la mitad de los aplausos.
X (por) está producido por Diego Tuñón y por Diego Rodríguez, integrantes de Babasónicos. El concepto del disco sería “Melero X Babasónicos”. Es decir, la obra del solista, reinterpretada desde la producción por la banda. Este dispositivo es opuesto al de “Babasónicos X Melero”, el cual produjo un filme documental, en el que el ex Encargados filma y comenta una gira mexicana del grupo de Lanús.
La mayor parte de las críticas de X (por) citó, para el elogio, una frase del tema “Nueva era”. Dice el track: “esta nueva era es sólo promoción, esto es bueno, eso es malo, esto debe hacerse, aquello no/ está claro: nada lo resuelve un Fotolog o un My Space”. A ver, reflexionemos cinco minutos: ¿Cuántas veces se habrá dicho eso? Muy gastado.
Otra cosa molesta es la inclusión de un tema como “Chica somnolienta” en el track 7 del disco (casi a la mitad). “Chica…” tiene muchas partes de silencio y efectos de clima. Aburre. Rompe completamente con la continuidad que venía teniendo un buen disco de canciones como éste. Los temas siguientes quedan seriamente perjudicados por ese bajonazo. Y eso que hay hasta uno muy bueno (“Por la ventana”). Pero el oyente está en otra parte. El 7 lo distrajo y si llegó hasta el 8 (porque, me la juego, la mayoría saca el disco) es porque está pensando en otra cosa.
Una última objeción sería la de la estrofa de “Fantasma”. No es un fragmento desagradable, pero recuerda demasiado a algún tema viejo de Melero. Pista: buscar por el disco Travesti.
Pero bueno, hay tres estrellas y media ¿no? Eso quiere decir que el disco me gustó. ¿Y por dónde anda lo bueno? Y… “Nueva era” a pesar de la letra tiene una linda melodía, “Tenés”, el track 2, es un agradable bolero, “La reina del enigma”, que empieza medio lerda, tiene un lindo clímax (minuto 2:07).
Despedimos este comentario con una mención al momento más trascendente del LP. Se trata de “Celoso”, tema que puede convertirse en un hit. Cuenta con la presencia de Adrián Dárgelos de Babasónicos. Ambos cantan a la vez y le dan un dinamismo muy fuerte al track, dinamismo que Melero solo nunca podría haber conseguido. Daniel (me olvidé de ponerlo en el artículo principal del especial) mientras canta, más allá de innumerables aciertos conseguidos en su carrera, nunca deja de ser un nerd casi sesioso. Aquí con la ayuda de Dárgelos se normaliza. Consiguen un lindo tema. Nota: Si uno presta atención a la letra (“Soy cagón…/ odio a los grosos”) se da cuenta de que los términos escogidos son 100% Babasónicos.