jueves, 15 de abril de 2010

DISCO X DISCO VOX DEI


Caliente (1970) - ***1/2
                 El primer disco de Vox Dei empieza mal. Es cierto que el tema 2, “No es por falta de suerte”, tiene una interesante mezcla de bongó y música rock. No obstante, es mejor escuchar al grupo uruguayo El Kinto (específicamente la canción “Suena a blanca espuma”, de finales de los 60) para ver lo que es en realidad la fusión armónica entre ritmos locales y extranjeros. Otro problema es que “Canción para una mujer que no está” (pista 6) tiene, para mí, serios inconvenientes con la entonación.
                Caliente, en rigor de verdad, recién empieza a caminar en el track 7, “Presente”. Se trata de una de las canciones más famosas de la historia del rock nacional. Poca gente sabe que es de Vox Dei (muchos de los admiradores del tema hasta no saben qué cosa es Vox Dei). La gente suele conocer más la versión “ablandada” de la película Tango Feroz. A mí la versión que está en este primer LP de la banda de Quilmes me gusta mucho.
               Otros dos buenos momentos de Caliente son el track 8 y el 10. Contienen a los temas “Azúcar amarga” (antes, cuando cantaban en inglés, llamada “Bitter Sugar”) y “Doctor Jekyll”. Son 2 rocks bien hechos. Entradores y adictivos.
              Pero el mejor momento del disco es “Quiero ser”, una balada en la que Ricardo Soulé, como haría otras veces en su carrera, mete mano en su caja de influencias que incluye a la música negra norteamericana de los años 50, tipo Los Plateros. El clímax de la canción llega cuando se escucha “aunque sólo/ soy/ recuerdos de ayer”. Es muy agradable como eso es cantado.
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La Biblia (1971) - ***1/2
El disco más prestigioso del grupo. Obra conceptual. Se realizó en una época en la que el público rockero pensaba que una ópera rock tenía, por el sólo hecho de ser ópera rock, más importancia que un disco de canciones. Pleno auge de Tommy de The Who y de los LP de Pink Floyd. “Música progresiva”, la definían, que mientras más alejada estuviera de la “música comercial” mejor. La idea (no explícitamente confesada) era componer temas que no se pudieran separar del disco para pasar en la radio. Temas que necesitarán tiempo de escucha con dedicación a full en una habitación.
La historia de la realización de La Biblia es algo compleja. La banda obtuvo la aprobación de la Iglesia Católica argentina (aquí no hay ningún mensaje escondido, es “rock religioso”, como define Soulé en su página web), así que no hubo ningún tipo de censura. Pero sí se dieron algunos problemas insólitos con la compañía discográfica. Es así como los nombres de los temas están corridos (“Libros sapiensales” se debería haber llamado “Profecías”, por ejemplo) y como algunos tracks están modificados (“Apocalipsis” es instrumental, pero debió haber tenido letra). Son consecuencias del apuro de la disquera por sacar el disco sin respetar el tiempo de los artistas.
En mi opinión el disco que quedó es bueno pero está lejos de ser la obra maestra que ciertos cincuentones festejan. Entre ellos están varios rockeros argentinos como Gustavo Cerati (hizo “Génesis” en su unplugged) y Andrés Calamaro (hizo “Libros sapiensales” en Grabaciones encontradas).
Lo que más me gusta a mí son a) la primera parte power de “La guerras”, b) la segunda parte tranqui de “Profecías”. Las canciones que nombré en los párrafos anteriores también me parecen agradables aunque no las considero demasiado trascendentes. Y la segunda parte (la que empieza con “Cristo y nacimiento”) me parece aburridísima. 
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Jeremías pies de plomo (1972) - **1/2
              El tercer LP de Vox Dei es mucho menos importante que los dos discos anteriores. Hay mucho rock-blues cuadrado (“Juntando semillas en el suelo”, “Esta noche no parece igual”), hay canciones algo flojas (“Sin separarnos más”, el tema que da título al disco). No todo es malo, pero da la sensación que uno podría vivir muy tranquilamente si el CD no existiera.
El tema más famoso del disco es “Ritmo y blues con armónica”. Siempre lo fue. Pero ahora que Ricardo Iorio hizo un cover en su disco solista lo es más. Tiene una sabia letra contra los falsos amigos. Y una música cambiante, que muta en el minuto 1:43 (“hoy por la mañana sentí nuevamente/ esas locas ganas de quererme bien”).
             Sin embargo, no es éste el mejor tema. Ese lugar lo ocupa “Ahora es el preciso instante”. Lento. Otro bueno es “Por aquí se echó de menos”. Un track con fuerza que Chizzo de La Renga desearía haber compuesto. En él, Soulé obtiene real impacto cuando al final cambia la letra del estribillo y grita: “bien/ muy bien/ estuve pasando un tiempo/ ¡en el manicomio!!”.
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Es una nube, no hay dudas (1973) - ***
             Este disco, en promedio, está más o menos en el mismo nivel que el LP anterior. Pero hay una diferencia fundamental: incluye un muy buen tema. El que hace a uno regresar al disco una y otra vez. Se trata de “Es una nube, no hay dudas”, el track 1, que también da título al disco. Ampliamente recomendable. Posiblemente lo mejor que ha grabado Vox Dei.
             En el resto del álbum vuelve a aparecer la influencia de la música negra de los años 50. Ver las canciones “Es así y no hay nada que hablar” (prestar atención también a la guitarra eléctrica de este track) y “Prometeme que nunca me dirás adiós”. Esa veta de la banda es una de las mejores. Porque combina el pop nato que manejan los integrantes de la banda con el revival de ese pretigioso tipo de música yanqui (que el rock argentino mucho no transitó).
            Queda recomendar, al menos para escuchar un par de veces, “La historia de Sam el Montañés” y “El mañana es otra historia”. Son dos tracks que zafan. Los temas restantes no son muy buenos. Pero bueno, el disco está salvado por el tema del título.
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La nave infernal (1974) - *
            Disco en vivo con dos temas clásicos (“Sin separarnos más” y “Génesis”) y seis inéditos. La verdad es que el nivel es bajísimo. Parece el recital de una bandita de barrio. El sonido es muy precario y las canciones nuevas son muy primitivas. Tal vez la única excepción sea el track final, que se llama igual que el LP, pero el resto es el abc del rock.
            Es bueno detenerse en el tema “Blues del renegado”. Cuadradísimo. Condensa todo lo que odiamos en este blog. No falta la armónica sonando al pedo, la voz sobreactuando, las referencias a la “nena”. Impresentable.
           Otro imperdonable es “Esta es quizás la última vez”. Incluye un grito de “no quiero volver más”, que hace de pseudo-estribillo. Una locura.
           En fin, un disco bochornoso. Casi nada se puede sacar de aquí. Debió haber quedado en el recuerdo de un par de fanáticos como un mal recital. Sobrevivió para todos en forma de disco y así masificó el desastre.
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Vox Dei para Vox Dei (1974) - **1/2
              Pasa más o menos lo mismo que ocurría con Jeremías pies de plomo. La mayoría de los temas tiene un nivel respetable. Pero falta, a mi juicio, esa perla que hace a un disco “bueno”. Lo que queda es un disco “no malo”, o “regular”. Algo que, dada la cantidad de LP que existe sobre la tierra, no vale la pena escuchar en demasía.
               El estilo no es tan de rock duro como en varios trabajos previos. Hay más pop, más balada. Queda algo que piensa más en la estructura de cada canción que en la fuerza de los temas.
               Se puede comprobar escuchando el comienzo del tema “Es necesario salirte a buscar”. La parte de guitarra, la batería y la voz que tararea empiezan lento y anuncian la melodía que vendrá. También se ve en las tres notas de bajo que se repiten en “La luz que crea” (las que, durante la primera parte del track, vienen antes del estribillo).
Nada que ver con el cuadradismo del vivo La nave infernal o con el hard rock a lo Pappo de Jeremías. Aquí la cosa es más compleja. Más partes distintas en los temas. Más trabajo hecho.
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Estamos en la pecera (1975)**1/2
              Primer disco de Vox Dei sin Ricardo Soulé. La banda, aquí, está liderada por el bajista Willy Quiroga. Soulé probaría suerte con un disco solista y le iría bastante mal. Al Vox Dei de Estamos en la pecera tampoco le iría demasiado bien: la cosa ya estaba lejos de los años de gloria y ninguna persona del público tomó tan en serio a la banda como en las épocas de La Biblia.
Sin perder el rock duro (“Choque de corazas”) y la balada descarada (“Mientras Susy…”), hay preponderancia de un rock sinfónico que está totalmente a tono con la escena argentina del momento (ver “Encadenado al ánima” de Invisible, ya nombrado anteriormente muchas veces en este blog). Canciones kilométricas, con millones de partes, pobladas de largos fragmentos instrumentales. Para muestra vale un botón: el tema inicial (de 8 minutos de duración), que lleva el mismo título que el del CD. No es malo, pero tiene una parte interminable en el medio en donde hay… ¡un solo de batería!!! Bodrio absoluto.
Los cinco temas restantes no son tremendamente malos. De hecho, el “uhh” agudito de Quiroga en “Mientras Susy…” puede llegar a interesar. Está lejos, no obstante, de hacer aprobar al CD. De hacerlo valer la pena.
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Ciego de siglos (1976) - **1/2
             Segundo disco consecutivo sin Soulé. Quiroga sigue siendo el líder. El CD tiene canciones más normales, no tan largas, con estructuras más clásicas. Hay un poquito de experimentación con el jazz (“Reflexión de dos por miles a medianoche”) pero es muy tímida, en general la mayor parte del LP es atravesada por el clasicismo rockero.
             En los peores momentos de Ciego de siglos ese clasicismo es entendido como “cuadradismo”. Y es así como aparece un tema como “Espontáneo y simple como un blues”. Notar que el título ya lo dice todo. Cada estrofa empieza con un insoportable “mmm” (recordar crítica al “Blues de Dana” de Arco Iris, hecha en NSF Rock hace un par de años). Cada palabra está puesta con arbitrariedad en la melodía (vale cualquier frase). Desastre.
             No obstante, esa no es la única crítica que se le puede hacer a este álbum. “La ceremonia” y el tema del título no son malos, cumplen en efectividad, pero son previsibles. No hay grandes sorpresas desde el punto de vista de lo musical. Es lo que se espera que haga un grupo con el currículum de Vox Dei.
           Despedimos este comentario con una rareza. La canción “Sólo hoy te pertenece, mañana es ilusión” se parece, en las estrofas, a la cortina de los premios Martín Fierro. Afortunadamente tiene una segunda mitad (desde el minuto 3) en la que todo cambia y se hace más relajante. Un aceptable tema rodeado de ejercicios reiterativos.
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Gata de noche (1978) - ***
                Vuelve Soulé con la cola entre las patas después del fracaso del disco solista. Quiroga acepta con entusiasmo, ya que a los 2 LPs que Vox Dei había hecho sin el líder original, les había ido también bastante mal.
Gata de noche es el único disco que logra sacar esta segunda encarnación de la banda original. Se intentó luego hacer una versión musical del Cid Campeador, pero la banda se separó de nuevo en 1981 y Soulé la sacó en 1982 como solista bajo el título Romances de gesta.
               Gata de noche es un disco de rock pesado, blusero. El más parecido a Pappo que hay. Parecido a los de Pappo’s Blues y también a Rock de la mujer perdida de Los Gatos (donde el Carpo comanda todo desde las guitarras). De hecho, es posible hacer un paralelismo entre esa mujer a la que alude el título del LP de la banda de Nebbia y esta otra gata de noche. Camperas de cuero, guitarras y prostitución. Esa sería la ecuación.
               En general, las canciones evitan la simpleza. Sin por eso, dejar de hacerse respetar entre el público motoquero. “Al rey, a mí y a vos”, el mejor tema del disco, mantiene el ritmo (batería pesada) como si fuera el latir de un corazón metalero e innova en el cambio de dirección de la melodía durante el estribillo. “Mis botas de rock”, a pesar de la letra sectaria, impacta con el puente-pop cuando dice “esclavo del tiempo”. “Fantasmas de mi cabeza” atrapa desde la voz actuada, que hace un personaje (algo que Vox Dei hizo mucho, sino ver “Por aquí se hecho de menos” del más prestigioso pero débil Jeremías pies de plomo).
              En fin, Gata de noche es un buen disco. Una de las pocas veces en las que el rock duro, que se reivindica más real que el resto, que se burla de los estribillos pop por estar “vendidos”, que habla más de los instrumentos y de las camperas que de las canciones, es una de las pocas veces en que ese rock, en Argentina, dio algo que valga la pena.
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Tengo razones para seguir (1988) - ***
             Nuevo reencuentro de Vox Dei con Soulé. Sería algo así como la tercera época de la banda completa. En realidad, cada una de las vueltas es una excusa para interpretar nuevas versiones de La Biblia (de hecho habría un cuarto reencuentro en los 90). Lo que tiene de peculiar esta tercera fase es que se animaron a hacer un disco de estudio con canciones nuevas.
           Hay que pensar este LP como una especie de Serú 92. Mensajes optimistas, letras nostálgicas, un pop descarado que apunta a las mujeres de cuarenta y pico que escuchan música pop y que recuerdan que cuando eran jóvenes y despelotadas “escuchaban a esa banda Vox Dei”.
            Es por eso que para los fans pelilargos que seguían poniendo, aún en los 80, La Biblia o Jeremías pies de plomo, este disco es bochornoso. Para mí, en cambio, que nunca valoré a los viejos LPs como piezas de museo intocables, Tengo razones para seguir tiene lo suyo. Al fin y al cabo, y sin dejar de reconocer que siento alguna vergüenza ajena en varios pasajes, este CD tiene al menos cinco canciones que quedan en la memoria y permiten cantar, entusiasmado, sobre la pista de sonido. Son la inicial “El día de la victoria” (que en la versión incluida aquí tiene más mucha más adrenalina que la que tiene en Osadía, el LP solista de violín que Soulé luego grabaría en España), “No me vengas con historias”, “A nada le temo más”, “Tiempo de conversar” y el tema que da título al álbum. Es pop efectivo, que tendrá menos prestigio que las guitarras de los 70, pero que logra que pongamos más veces un disco en la compactera para escucharlo.
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Sin darle ya más vueltas (1994) - ***
              Disco de estudio de Vox Dei sin Ricardo Soulé. Está más o menos en la misma sintonía que Tengo razones para seguir (1988), es decir: es mayoritariamente pop/rock.
Tiene una balada que podría haber sido escrita por Alejandro Lerner (“El amor cabalga en el viento”), que, para mí, no está tan mal, pero que, obviamente, tiene cero conexión con “Génesis” o “Es una nube, no hay dudas”.
De cualquier manera, hay que decir que un poquito más de guitarras hay que en el disco de 1988 (no siempre eso es bueno, sino ver los desastrosos resultados conseguidos en las impresentables “Como un toro”, “Perverso cara dos” y “Mamalita”).
             Sin darle ya más vueltas aprueba porque tiene varios temas adictivos (la balada-Lerner que nombré, “Susana en un sueño”, “Si vas por bien”, “Mi forma de amar”). No deja de ser extraño que un LP así, que apunta a vender y no lo logra (porque fue un fracaso comercial), que es descartado con burlas por haber traicionado el espíritu setentoso de una leyenda, no deja de ser extraño que ese LP me guste más que otros que algunos argentinos guardan bajo llave.
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El Camino (2005) - *1/2
            Otro disco de “Vox Dei” hecho bajo el liderazgo de Willy Quiroga. No cuenta, por supuesto, con la presencia de Ricardo Soulé (peleado). Contiene algunos clásicos de la banda en mediocres nuevas versiones y una cantidad no despreciable de temas nuevos.
            Pero guarda, a no engañarse, si la cantidad no es despreciable sí lo es la calidad y es así como practicamente ninguna de las canciones nuevas de El Camino logra interesarnos verdaderamente.
            Es más, hasta podemos decir que hay algunos pasajes malísimos. “Rock”, el tema 2, cuenta con una voz exagerada que recurre, lastimosamente, al acting, viejo recurso de la banda. Es impresentable aquí. “Carrera loca” cae en lo mismo. Son melodías básicas, que se hacen con el único objeto de que los instrumentos suenen pesados y que encima tienen malos inventos en la forma de pronunciar. Además, por si fuera poco, tienen estas dos líneas de texto paupérrimas: “la gente viaja por internet, todos colgados de una red” y “muchos de nosotros rompimos reglas”. Autobombo de los 70 y crítica de la actualidad. ¡Previsible!
          Podemos decir que zafan medianamente algunas canciones que empiezan con teclados (“El camino”, “No quiero dormir”, “Tan sólo un hombre”). Pero el CD tiene un gran problema y es el que vengo marcando. Por la elección de temas, por el estilo musical abordado y por las frases citadas se nota mucho que es una resentida cápsula de tiempo.
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RICARDO SOULÉ SOLISTA
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Vuelta a casa (1976) - **
          Ricardo Soulé se fue por primera vez de Vox Dei en 1976 y lanzó este primer disco solista de diez canciones. La reedición en CD que se hizo luego contiene, además, algunos bonus tracks (siete en total) cantados en inglés. Muy bien no le fue a este LP en su fecha de edición. Tanto es así que Soulé volvería a Vox Dei en 1978 para sacar Gata de noche.
          Vuelta a casa es un disco de canciones cortas, que no tienen hilación conceptual. No tiene grandes puntos de contacto con lo que estaban haciendo Willy Quiroga y compañía en paralelo (los discos Estamos en la pecera y Ciego de siglos). El estilo es más crudo, aunque no tan pesado y blusero, de onda Pappo, como el que hay en el futuro reencuentro de Vox Dei de 1978.
          Hay tres canciones aprovechables en Vuelta a casa: la instrumental “Introducción en LA mayor”, la potente “Si no me amas ni me necesitas” y la conmovedora “Mi Gabriel”, dedicada al hijo de Soulé que en ese momento era chiquito (ahora ya es grande y toca con él).
         El resto del LP para mí tiene un nivel mucho más bajo que el de Vox Dei. Las canciones no quedan en la memoria, son demasiado simples. Hay mucho énfasis puesto en el sonido de la guitarra eléctrica. La voz cruda de Soulé se olvida de lo melódico (ningún “Presente” hay aquí) y nada hay de las influencias de la música norteamericana de los 50 y 60 (las que tenía el viejo clásico “Quiero ser”). Vuelta a casa es un disco de guitarras con pocas invenciones reales.
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Romances de gesta (1982) - ***1/2
            Romances de gesta es un disco basado en El Cid Campeador. La idea era sacarlo con Vox Dei y hacer el segundo LP conceptual basado en una obra literaria (después de “La Biblia según…”, venía “El Cid Campeador según…”). Pero los muchachos se pelearon y Soulé se quedó con la idea. Los retazos de ese plan se plasmaron en este CD.
El cambio de década le dio a Ricardo Soulé un estilo de música completamente distinto. Ojo: esto le pasó a todos los rockeros (nacionales e internacionales). Bob Dylan, con su disco Infidels, es un buen ejemplo. Yo creo que fue la primera época en la que rock dejó de ser la música de moda y ellos se quisieron sumar al cambio. Recién en los 90 los rockeros tirarían la toalla de la radio (los Backstreet Boys y compañía habrían ganado la batalla) y se dedicarían a las giras.
En fin. Romances de gesta es el típico disco rock/pop de comienzos de los 80. Tuvo un tema que alcanzó cierta repercusión: “El cantar del juglar”. Sin dudas, el último hit de Soulé. Se trata de una canción muy agradable, con un muy efectivo estribillo.
              No es la única buena. La inicial “La leyenda del azor” es innovadora al cambiar de dirección melódica en la parte que dice “si escuchas murmurar al viento”. Otra atendible es “El valle de las sombras”, no muy original, pero adictiva gracias a los bajos y la voz. La cuarta que sobresale es “Ni una sola vez”, que tampoco cambia el rock (se parece un poquito a un tema que luego haría Arjona), pero gusta demasiado debido a las estrofas entradoras.
             En síntesis: los fans de Vox Dei que andaban por esa época con la guitarra colgada en la espalda habrán odiado este disco. A mí me parece lo mejor que hizo Ricardo Soulé. Pop/rock sencillo y conmovedor.
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Ricardo Soulé (1985) - ***
            Este disco tiene más o menos el mismo estilo musical que el que tenía el LP anterior: rock/pop ochentoso más lento que power. Sigue sin haber una gran conexión con el trabajo que hacía el artista en Vox Dei durante la década del 70. Con seguridad, no debe ser escuchado muchas veces por los fans pelilargos de la banda.
Pero Ricardo Soulé tiene varias buenas canciones. “Irrealidades simples” y “Melancolía de estar así” son dos ejemplos. Tal vez no están a la altura de “La leyenda del azor” o de “El valle de las sombras”, del previo Romances de gesta. Pero justifican la compra del álbum.
De cualquier manera, ahí lo ven. En cada párrafo anterior tuve que nombrar al disco de 1982. Y eso habla mucho de este LP. Aunque tiene por lo menos cuatro canciones muy atendibles, nunca deja de ser una especie de hermano menor de otro disco. Y eso nunca es demasiado bueno.
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Buddy Middler (2008) - ***
               Después de muchos años de silencio discográfico, Ricardo Soulé abre el ropero y saca un nuevo disco de canciones. Si bien Buddy Middler tiene un cierto hilo conceptual, cada tema musicalmente se sostiene por sí mismo y no hay, por suerte, extensos pasajes de transición temática.
               No está el pop/rock de los 80. Aquí hay rock con guitarras. Los fans de los 70 pueden disfrutar tranquilamente del CD. No obstante, es bueno aclarar que Buddy Middler no resulta ser cuadrado. Soulé mezcla la tradición más fierrera del rock argentino (esa de Pappo, de la exhibición del instrumento como algo bueno en sí mismo) con la melodía entradora, nítida pero compleja.
             Son varios los buenos temas que consiguen ese equilibrio. Para dar un ejemplo, nombro el tema que da título al álbum: exclama la frase “dime donde vas” con perfecta musicalidad pero sin perder la fuerza. Podría mencionar también a “Bilbao”, el mejor tema del álbum, en donde se intercala balada y potencia dentro de un estribillo complejo que tiene varias partes. Asombroso trabajo de composición que se plasma en 40 segundos mágicos.
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DESTROYER
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Destroyer (1982) - ***
             A principios de los años 80 cuando el Vox Dei original se volvía a resquebrajar, Quiroga (única vez) no se adueñó unilateralmente del título sino que hizo algo mucho más digno: creó una banda propia, con estilo propio y con nombre propio. La llamó Destroyer (no confundir con el grupo de origen canadiense liderado por un tal Dan Bejar).
             El estilo es medio metalero-pop años 80 (Poison, Bon Jovi, Kiss), mezclado con balada ciudadana. Canta Willy pero también el guitarrista Pablo Penayo. Éste último tiene una voz aguda muy atractiva. Queda muy linda en el estribillo que dice “eso que haces está mal”, perteneciente a la muy buena canción “No jugaré más a eso”, y también en los temas lentos “Un pequeño bar en la gran ciudad” y “El camino del hombre común” (allí recuerda a la onda de un Baglietto).
            Por Internet está dando vuelta una entrevista a Willy Quiroga de la fecha en donde dice que no había quedado conforme con este LP. Para mí se equivoca. Este álbum está bueno: tiene más fuerza que Vox Dei, está muñido de actualización ochentosa y aporta interesantes melodías pop. Es un buen trabajo. Apuesto a que varias mujeres que fueron jóvenes en los años 80 lo siguen escuchando cada tanto en casete.