martes, 24 de abril de 2012

VIRUS



Cuerpo y ánimo

Complacencia o ruptura
Año 1980. La dictadura militar estaba en el poder. La cultura (para no hablar de la política) estaba fuertemente reprimida. Charly García aparecía en el inconsciente colectivo de la época como el artista ejemplar de la resistencia, el que buscaba eludir la censura a fuerza de metáforas. Paralelamente, revistas como Expreso Imaginario repudiaban el arte “complaciente”, lanzaban tomates en sus tapas contra películas como Fiebre de sábado por la noche. Veían en ese gesto un rechazo a la construcción del joven “no politizado”, hasta “hueco”, funcional a la dictadura. Si había baile, peor. Para la prensa rockera de ese momento, está claro, mientras más se movía el cuerpo, menos se ejercitaba el cerebro.
En ese contexto aparece Virus, la banda platense liderada por Federico Moura que tenía todos los números comprados para ser atacada. “Wadu Wadu”. ¿Qué era eso? “Este sábado a la noche te paso a buscar/ a bailar el Wadu Wadu que te va a gustar/ te prometo invitarte muchas veces más/ todo el tiempo Wadu Wadu para re-relajar”. Una letra “para la gilada”, creían. Demasiada alegría en tiempos donde cualquier artista prestigioso la pasaba mal. Cayó pésimo, por supuesto. Ningún rockero de pelo largo y barba crecida se puso a escuchar Virus.
Sin embargo, visto desde hoy, Virus es reconocido como algo más complejo. No sólo por mí en este artículo (aquí no voy a decir nada que no se haya dicho), sino también por el periodismo mainstream actual. En el plano musical, la banda introdujo la new wave al rock nacional (luego el synth pop) mientras grababa en las mentes de los jóvenes estribillos muy pegadizos. En el plano de las letras, combinó las tal vez simplistas celebraciones del baile con las audaces letras (sexuales muchas) de Roberto Jacoby, sociólogo y artista del Instituto Di Tella. En resumen, se trató de una banda que fusionó a la perfección pop con vanguardia. Todo eso sin hablar de la insólita personalidad del frontman Federico Moura.

El gran provocador
            Moura sobre el escenario era una especie de David Bowie argentino. Un Bowie versión 80s, el de “Modern Love” y “Let’s Dance”. Podemos sumarlo también a Freddie Mercury, tal vez porque Queen y Virus compartían algo de público. Y además, podríamos agregar al cóctel, a Manuel Puig, el escritor, para meterle una pata argentina al asunto.
            Lo importante es señalar que la homosexualidad en Moura era determinante en su arte. En el sentido más audaz e innovador del término. Su forma de cantar, su manera de moverse en el escenario. El líder de Virus era un gran provocador.
Es interesante ver cómo esa liberación del cuerpo, mediante el disfrute de las zonas erógenas prohibidas culturalmente al hombre (allí está la tapa de Superficies de placer para dejarlo en claro) y mediante la reivindicación del movimiento desinhibido (el baile), era rechazada tanto por la Dictadura como por los rockeros de la época.
            Moura fue así el intérprete inmejorable (tal vez al revés) de las letras eróticas de Roberto Jacoby. Es claro que la combinación imagen+voz+literatura dotó a la banda de un poder innovador fundamental. Mientras las letras posicionaban muchas veces al protagonista de los relatos como objeto de deseo, Moura seducía desde el micrófono, con los susurros característicos de su forma de cantar. Sacudir, aunque sea por una milésima de segundo, la sexualidad de sus oyentes es un mérito rupturista en cualquier artista que se precie como tal.

Los 80 en tu cabeza
            Virus comienza su carrera a finales de los años 70. La música con prestigio en la época era el jazz-rock. Aquí Spinetta con Alma de diamante y Charly con el bajo a la Jaco Pastorius de Serú Girán eran la forma de bajar a la Argentina las influencias de Mahavishnu Orchestra y Weather Report. Pero también existían numerosas personas que extrañaban a los grupos con la guitarrita folk (Sui Generis, Vivencia).
            El new wave, muy exitoso en el primer mundo con bandas como Blondie o Talking Heads, todavía no había llegado al país. Ni GIT, ni Los Abuelos de la Nada existían. Ni siquiera Gustavo Santaolalla había editado su disco de 1982.
Virus practicó el género en soledad y luego influyó sobre Soda Stereo (Moura fue productor del primer LP de la banda de Cerati). Para no exagerar, hay que enumerar dos bemoles: 1) Miguel Cantilo al volver de Europa en 1980 también transitó el género con su banda Punch. 2) Virus combinó el new wave con el rock bailable de los 50, algo que las bandas europeas y norteamericanas no hicieron. De cualquier manera, en resumen, con la introducción de la new wave en el país la banda de los Moura hizo algo extraño para un rock atrasado. Algo innovador.
            Mejor todavía fue que no se dejó estar. A partir de 1984, el grupo abandona ese estilo y se dedica al synth-pop, o mejor dicho al pop con uso de sintetizadores. De nuevo, el tipo de música era visto como algo complaciente por mucho público rock (los éxitos del momento utilizaban el mismo estilo, ver Tears for Tears o A-Ha). A esa interpretación ayudan los hits “El probador” o “Amor descartable”.
Sin embargo, con ese cambio hacia la electrónica Virus logra una nueva forma. En tándem con la voz desgarrada de Federico Moura, la música synth lenta transmite una tristeza sexual inédita en el mundo de la música. Oír la canción “Tomo lo que encuentro” y no dejarse atrapar por la desolación del combo resultante es no tener sensibilidad. En sus mejores momentos de los años 80, Virus utilizó las armas del pop para transmitirnos la música más triste jamás hecha.

Rock de letra y música
            Si ya dijimos que había vanguardia en la performance vocal y corporal de Federico Moura y si ya dijimos también que la había en los estilos que tocaban los instrumentistas, falta consignar la potencia de las letras, la potencia  del contenido literario del grupo.
            Para esta asignatura Virus utilizó a Roberto Jacoby, un artista del Instituto Di Tella que había estudiado Sociología. La acción de delegar la escritura de las letras fue (y es) algo insólito en el rock argentino y demuestra una cosa que es obvia: un tipo que dedica tardes y tardes a sacar acordes en guitarra y se hace músico no tiene por qué tener inquietudes literarias y talento para escribir poesía. De hecho, aporto mi caso personal: la mayor parte de los buenos guitarristas que conozco no podrían escribir una página coherente. Es obvio que hay excepciones (Charly, Spinetta, Solari), pero la norma es que quien se destaca en música no tiene por qué destacarse en letras.
            Los Moura lo advirtieron y recurrieron a Jacoby. Les funcionó muy bien porque el artista plástico pudo ver al rock nacional desde afuera como ningún fan de los recitales de la época podría haberlo hecho. Ver en Disco X Disco el comentario del LP Recrudece. Además, se puede decir que la búsqueda de la vanguardia siempre es más explícita en el terreno de las artes visuales, terreno en donde (casi) no existe la industria cultural. Nuevamente decimos, del choque entre la vanguardia y los estribillos pop, surge la riqueza de la banda.
            Vamos a enumerar algunos méritos de las letras de Jacoby (y de Virus en general): 1) el erotismo explícito, saca al grupo de lo romántico para meterlo en el terreno de lo prohibido. 2) algo que podemos llamar aclaración omnisciente: en la canción “Desesperado Secuencia Uno”, el cantante dice “estoy que no doy más” y un coro nos cuenta “no va más”. Se repite en algún otro tema. 3) las entrevistas parodiadas con actuación. Por ejemplo, en “Reportaje sincero y anticonvencional”, donde hay una transposición de un género periodístico a la musica burlona. Este recurso también se repite en otras canciones.

Cuerpo y ánimo
            Antes de preparar este artículo, más del 80% de los hits de Virus no me gustaban y quizás hoy sigan sin gustarme. Pero en estos días descubrí que debajo de la superficie, en el interior profundo de sus mejores LPs, hay (entre muchas otras cosas que ya fueron descriptas) algo único en el rock nacional y pocas veces visto en la escena extranjera: la comunicación lírico-musical de la extraña relación que todo el tiempo tiene el ser humano entre placer/displacer corporal y estado anímico.
            Dejo a los lectores con esa conclusión y les presento el Disco X Disco donde también incluí los dos álbumes posteriores a la muerte de Federico Moura. ¡Hasta la próxima!